Por Marcelo Gantman
Subestimada y ninguneada, la selección de Uruguay es la primera finalista de la Copa América 2011. Un equipo metedor y orgulloso, que raspa pero que no duda, mantiene la consistencia del grupo que le permitió alcanzar las semifinales del Mundial de Sudáfrica 2010. El público argentino no sabe ver a Uruguay. Mejor dicho: no quiere verlo…Muslera es un arquero firme y que da confianza. Lugano es un defensor que primero saca y después pregunta. Alvaro Pereyra abre la cancha y ensancha a Uruguay. Alvaro González es un jugador curtido que ahora Boca debe lamentar haberlo soltado sin segundas oportunidades. Forlán…¿ de qué juega Forlán?. Juega de todo. Remata desde lejos, arma las jugadas, a veces las termina. Es amo y señor de los tiros libres. Su otra cara es Luis Suárez: son dos delanteros que se complementan sin buscarse. Pero se encuentran siempre. Juntarse a veces es terminar lo que empieza el otro.
Los observadores argentinos (no todos, algunos…) desprecian lo que entrega Uruguay. Se pierden lo esencial: Uruguay tiene algo para dar. Lo que tiene es la catarata de lugares comunes: orgullo, músculo, garra, fuego sagrado, bla, bla, bla.
Cuando un equipo tiene eso, luego el juego encuentra su cauce. El desprecio desde la mesa de café nace de una nostalgia por un tipo de fútbol que…¿dónde está ahora así lo vemos?
miércoles, 20 de julio de 2011
No saben ver a Uruguay
martes, 19 de julio de 2011
El paso inicial para crecer será aceptar que la Selección no es lo que cree ser
ESTE ULTIMO FRACASO QUIZAS SIRVA PARA DESCOLGAR ROTULOS FICTICIOS. Hay ciclos cumplidos. Zanetti y Cambiasso son ejemplos claros. La manera de defender fue ingenua y el diagnóstico también le cabe a Mascherano, ese "intocable" de marketing perfecto y desabrida producción. Faltó, una vez más, convicción y cohesión. Sobran millones, pero no hay espíritu de equipo.
Por MARTIN MENDINUETA para EL DIA
En muchos órdenes de nuestra vida como sociedad, entre los que se encuentra, por supuesto, la organización integral del fútbol argentino, la falta de rigor y de planificación seria engendran ácidas realidades que, ya plasmadas en los hechos, disparan lamentos histéricos.
Si la máxima autoridad de la AFA designó a Diego Maradona como técnico de la Selección no justamente por estar convencido de sus virtudes como conductor de un grupo de élite, sino por estar harto de escucharlo con hirientes críticas hacia su figura, el resultado nunca podía ser satisfactorio. Si ese mismo dirigente, después de las cuatro bofetadas teutonas en la tierra de Mandela, bendijo la llegada de Sergio Batista, buscando a un gerente menos verborrágico y más obediente, estamos sonados.
Grondona, quien ha tenido la inconmensurable habilidad de ir elevando y soltando al vacío a los últimos entrenadores nacionales sin ver recortada su órbita de poder, ahora parece que apretará el collar de sus exigencias contra el cuello del técnico abrumado que jamás tuvo, ni sintió, apoyo multitudinario en el pueblo futbolero.
El "Jefe", que sabe ver fútbol más allá de disimularlo con talento actoral, tiene claro como usted y yo que Javier Zanetti y Esteban Cambiasso son los más claros ejemplos de ciclos cumplidos con la celeste y blanca. Dicha renovación generacional será el primer pedido firme, por no escribir exigencia, que recibirá el alicaído "Checho".
Además de Zanetti y Cambiasso, Gabriel Milito y Ezequiel Lavezzi ofrecieron la sensación de no estar a la altura de semejante exigencia. Habrá que renovar. Y para hacerlo hay que tener un gusto, una idea y también valentía. La convicción no es precisamente la cualidad que irradia Batista. Condicionado por este sueño roto, no sé si podrá llevar adelante la depuración seria que amerita esta coyuntura.
Se han agigantado tanto las características de algunos jugadores, que ahora se necesitará personalidad y carácter firme para ubicarlos en un escalón más acorde a lo poco que han rendido. Alguien les tiene que decir que no son tan buenos como les han dicho durante tantos años.
El caso emblemático es el de Javier Mascherano. El capitán estuvo entre los peores rendimientos de esta Selección. Flojo en la marca, con despliegue escaso y nada determinante en su zona de influencia habitual. Hace rato que el envidiable marketing de quien fuera idolatrado por los juicios extremistas de Maradona, no tiene relación con la flaca incidencia que muestra en los partidos. No lo vi líder. No lo vi indispensable. Lo noté apagado y su titularidad debiera ser revisada a la brevedad.
UN BAÑO DE REALIDAD
El día que la Selección Argentina vuelva a tener la mitad de toda esa pasión que nos venden los magníficos avisos comerciales que inundan la tele, la situación mejorará considerablemente. Basta de declamar pasión, cariño y compromiso en la previa de una competencia y de declamar tristeza, pena y agobio al final de la misma. ¡Basta de declamar!.
Nadie gambetea rivales como Messi, pero quién nos hizo creer que eso alcanza para construir un gran equipo. Con atacantes famosos, mediocampistas de apariencia combativa y presente opaco y defensores ingenuos, nunca habrá una base sólida como para edificar lindos sueños.
No tenemos todo lo que creemos tener. Argentina no ha conseguido trasladar a los resultados la brillantez de su potencial. Puede hacer y conseguir cosas maravillosas; aunque de allí a que efectivamente lo haga, hay una distancia importante. O la entendemos de una buena vez, o seguiremos chocando contra los títulos catástrofe de los diarios.
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lunes, 18 de julio de 2011
Resistir
Traspolado de deportes donde los mitos y las creencias tienen poco lugar frente a las estadísticas y la ciencia aplicada, llega la frase que dicta que los ataques ganan partidos, pero las defensas ganan campeonatos. Los cuatro equipos que llegan a semifinales de la Copa priorizaron el orden defensivo; de los cuatro que se fueron, dos eran picantes y dos prometían serlo, a partir de su poderío ofensivo todos.
Argentina ya sufrió por apostar a marcar goles antes que a marcar rivales, apenas hace 1 año, cuando Alemania desnudó absolutamente todos los problemas en una gran demostración de las virtudes de la planificación por sobre las de la improvisación. Lo mismo había sucedido en aquella definición por penales del 2006: un arquero planificó la instancia, el otro, el nuestro, no. Desde la debacle del Dié mucho se habló, de la nuestra, del Barcelona, de Messi. Puras palabras. Argentina no jugó a nada, no pateó al arco en los primeros dos partidos, dependió de Messi en los otros dos y nunca, ni siquiera ante la débil Costa Rica, mostró una mínima seguridad defensiva. Sólo ese partido ganó, y empató tres, pero los tres los podría haber perdido por lo mal parado que quedaban sus defensores, una invitación al contraataque. La impericia rival evitó que el fracaso llegara antes, pero que el fracaso se concretara después, en semifinales o una final, parecía pedir un milagro.
Los resultados hablan por sí solos, como para recordar cuando nos quieran vender el pescado podrido de lo bien que jugó “por momentos” Argentina. Fueron pocos, muy pocos, y nunca en el momento que tenían que aparecer. Argentina dominó a los uruguayos, sí, pero con un hombre más. Durante todo un tiempo. Convirtió a su arquero en figura, sí, pero a partir siempre de alguna individualidad, y encima tuvo que sufrir muchísimas jugadas de gol en contra que lo hubieran dejado afuera. La mayor parte del tiempo chocó contra una defensa bien parada y que nunca se rindió ante el cansancio. Tuvo algo de suerte, sí, pero también mucho corazón, y eso se hace a partir de la crianza de un equipo, de la hermandad formada a lo largo de un proceso de batallas. Uruguay es un equipo, y si bien no ha desplegado un gran fútbol, tampoco ha perdido: Uruguay es un señor equipo, el mejor de América, el más duro, un equipo donde las figuras agachan la cabeza y cumplen el rol que tienen que cumplir, donde no importa el cartel sino la utilidad. Donde no hay excusas.
Pero sobre todo es Uruguay, y también lo son Perú, Venezuela y Paraguay, un alegato poderoso a favor del poder de la defensa. La defensa no se construye desde el talento o desde lo individual, sino desde el laburo, el sacrificio, la concentración. En el fútbol que quieren vendernos, son los villanos: impiden la gambeta mágica, momento de felicidad del alienado. Puras mentiras: la defensa es el ejemplo de como la colaboración permite sobreponerse aún en desventaja. Hoy el fútbol de la gambeta, de la inspiración y la indisciplina, se rinde ante el fútbol del laburo, de la hermandad y el sacrificio. Del fútbol del que nadie habla, claro: porque cuando éstos ganan, los torneos son malos.
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domingo, 17 de julio de 2011
Laterales
Puesto ninguneado, el lateral. Nadie en el pais quiere serlo: con poca tradición de grandes laterales, el alto va de central y el que tiene una pizca de habilidad va al medio. Al lateral van a parar los rapiditos, o mas comúnmente los centrales con algo de velocidad o un poco petisos. En el picado, al lateral mandan al que no se quiere que estorbe, básicamente.
Pero el lateral es hoy por hoy, si no lo ha sido siempre, un puesto clave. Justamente la poca importancia que se le presta al jugador lateral le da un arma tremenda: la sorpresa. La sorpresa es hoy en dia, cuando las defensas juegan de modo muy ordenado y posicional, una cualidad que cotiza en alza. Los volantes y mediapuntas no encuentran sorpresa ante las defensas paraditas con línea de 4: entonces surge el lateral, y abre un surco. Puede ser sencillamente para desbordar y tirar un centro: un arte tan ninguneado en Argentina que hasta los laterales de cuna los tiran de irregular a mal. No hace falta recalcar lo importante de un buen centro en un partido cerrado ante una defensa cerrada. Pero la función del lateral va mucho mas alla: apoyo clave para el volante o punta arrinconado contra la banda, el lateral sirve de descarga limpia pero también de obrero de paredes y hasta de falso desmarque para liberar al delantero al uno contra uno. Y he allí otra de sus características secretas: el ir constante del lateral le quita una marca al volante ofensivo, a la vez que le permite liberarse de sus responsabilidades de marca (que lo obligan a ocupar un lugar que lo ata a la banda y lo aleja del arco) y por ende le genera un problema a las defensas posicionales con su posicion impredecible.
El lateral verdadero no tiene, además, demasiados problemas con su espalda: sube con criterio y hace daño con cada subida. Y con cada subida mejora la transición entre ataque y defensa y evita el estancamiento y la linealidad en ataque, dándole a su cuadro más volumen de juego.
Pero en Argentina, los laterales no existen. Batista alinea en la Selección a Zanetti, que ya no es ese jugador de despliegue ilimitado, por la punta equivocada, y del otro lado juega Zabaleta, un lateral sin demasiada explosión. En el banco, Marcos Rojo, un central con técnica que fue a parar de casualidad al lateral, y afuera, laterales buenos como Papa, Monzón (cortado por portación de apellido común) o hasta Mareque, tipos aptos. Pero el lateral no luce y se mira poco en el país. La crisis es solo local: Uruguay, aca nomas y con una liga chiquita, casi provincial, saca laterales constantemente. Ni hablar de Brasil, que hoy por hoy mete laterales en todos los equipos europeos. El lateral es en Brasil una tradición, uno de los secretos mejor guardados respecto a su éxito. Hoy Maicon parece un compendio de la historia toda de laterales geniales del país en joda. Los pibes ahí si imitan a sus ídolos recorriendo la banda.
Resulta difícil, en un momento tan parejo del fútbol, donde las selecciones todas han mostrado primero orden atrás, pensar que un equipo sin laterales pueda aspirar a algo. Pero claro, también hay individualidades que juegan por todos, y aunque no sirva como proyecto, un par de partidos por ahí te ganan…
sábado, 16 de julio de 2011
A desenmascarar
"Empecemos a ver el fútbol en otra dimensión, a analizarlo de otra manera"
(Sergio Markarián)
Por qué le dicen Mago a Markarian
Por Christian Leblebidjian para canchallena.com
MENDOZA.- El viento Zonda fue protagonista ayer en esta ciudad, a tal punto que obligó al seleccionado de Perú a finalizar antes de tiempo su entrenamiento en Chacras de Coria. Pero al margen de eso y de lo que ocurra en los cuartos de final contra Colombia, los peruanos viven un momento de felicidad. Un estado de gracia que generó Sergio Markarian, el uruguayo que se enojó en la conferencia de prensa luego de la derrota ante Chile, que prometió "desenmascarar a todos" y que se quejó de los rótulos que pone el fútbol: "Es fácil tildar a un técnico de ofensivo o defensivo; lo que nadie hace es analizar el plantel con el que cuenta". El enfado no fue con los peruanos, sino con el resto de los opinadores de la Copa América. El DT dijo: "Me veo en semifinales", "el partido con Colombia durará 120 minutos" y "quiero volverme el 25 de julio (un día después de la final)". Tiene 66 años y una larga trayectoria, pero vale contar una anécdota para entender por qué en Perú lo adoran.
Fue hace unos meses. Guerrero, Vargas y Pizarro caminaban impacientes por una habitación. Los tres referentes intercedían para que el entrenador perdonara a Farfán, protagonista de un nuevo hecho de indisciplina. Se reunieron con Markarian y le dijeron: "Mire, profesor: nosotros vamos a dar la vida por usted, pero no tenemos poderío suficiente como equipo. Si vuelve a convocar a Farfán, tendremos más posibilidades". El hombre en cuestión no respondió automáticamente. Al día siguiente, volvieron a juntarse esos protagonistas más Farfán, y el técnico explicó: "Voy a hacer una excepción, pero si usted o alguien de ustedes se manda otra macana, no los voy a castigar. Directamente renuncio y listo. ¿De acuerdo? Aunque Perú vaya primero en la eliminatoria. ¡Me voy!"
Su seleccionado necesitó tocar fondo para reaccionar. Hizo el clic el último puesto en la carrera hacia Sudáfrica 2010, pero las frustraciones abarcaron a varios entrenadores: Paulo Autuori y Francisco Maturana, y luego los locales Juan Carlos Oblitas, Julio César Uribe, Freddy Ternero y José Del Solar. Los dirigentes vieron que hacía falta un cambio grande, y que los peruanos que juegan en Europa subestiman a los técnicos nacionales. Así fue como en octubre de 2010 volvió a aparecer el nombre de Markarian, que recibió en Perú el apodo de "Mago" en 1993, cuando asumió en el club Universitario estando penúltimo el equipo y lo sacó campeón. La denominación tomó fuerza en 1997, cuando con Sporting Cristal fue subcampeón de la Copa Libertadores, basando su proyecto en la "disciplina" y la "organización". Aquel año, cuando en su departamento de Miraflores le preguntaron cuál era el secreto de su éxito, el uruguayo guió al entrevistado a una habitación donde le mostró una base de datos y un seguimiento personal de cada jugador peruano, además de las posibles incorporaciones de extranjeros.
Ahora, con el seleccionado en cuartos de final por la Copa América, muchos recuerdan el inicio del proceso, el respeto que supo ganarse de los futbolistas históricos. Y eso que exige a todos por igual, desde el primer titular hasta el último suplente.
¿Cuáles fueron los cambios de Markarian? Cuando acordó con Manuel Burga, el presidente de la Federación Peruana, exigió "unidad". Armó microciclos de entrenamientos con trabajos especializados por líneas, de lunes a miércoles con los jugadores del ámbito local, y luego, con los de Europa. Convocó a Aguirregaray para que enseñara a saltar a los centrales peruanos; "no puede ser que ante una pelota parada en contra el país tiemble porque los jugadores no se despegan del piso", arguyó. Citó a su compatriota Bengoechea para que diera clases particulares en tiros libres, y como Pablo le dijo que había muchos "arqueros chiquitos", Markarian pensó en nacionalizar al argentino Daniel Ferreyra (1,87m), de Cipolletti, de Río Negro (finalmente no lo hizo). Acercó a su psicólogo personal al plantel y le paga de su bolsillo el sueldo. Pidió consenso en la prensa y lo consiguió, pues redujo las críticas. Y con el perdón a Farfán se ganó a los referentes, que lo respetan por eso y por los métodos europeos de entrenamiento, las planificaciones de los partidos y las indicaciones tácticas que dan sus frutos durante los 90 minutos.
También él cedió; se mostró más abierto. Nadie pensaba que indultaría a Acasiete, Farfán, Galliquio y Pizarro, situación heredada del anterior DT por un incidente tras el 0-0 con Brasil de la eliminatoria para Sudáfrica. Lo hizo, aunque no baja la exigencia. "Me he metido de lleno a analizar el libro Deuteronomio, de la Biblia, que narra lo que vivieron los judíos para llegar a la tierra prometida. Algo muy parecido a lo que estamos viviendo: para nosotros, el Mundial en el país de Pelé es la tierra prometida. El gran objetivo es clasificarnos para Brasil 2014", dice, y la obsesión es lógica: el último Mundial que contó con Perú fue España 1982.
Markarian no tiene miedo de explicar un cambio táctico. Lo fundamenta. Lo mismo cuando se ve obligado a mover fichas por situaciones presentadas por el rival. Uno puede estar de acuerdo o no, pero sus dirigidos le creen y responden: "Quiero felicitar a mis jugadores, que se han comprometido fuertemente con la selección. Les agradezco el esfuerzo".
Dicen que Sergio Markarian "ordenó" a Perú, más allá de que de sus nueve partidos perdió apenas dos (frente a Panamá y Chile). Luego de una etapa muy mala en resultados y conducta, se sigue un rumbo que quizás no garantice el éxito pero que es algo: un punto de partida. La clasificación para cuartos ya es vista como un logro por hinchas y periodistas, máxime al no contar, por lesiones, con Farfán y Pizarro, "los Messi y Tevez de Perú", según comparan en Mendoza. El DT explica: "Nadie nos tenía en cuenta. El fútbol peruano ha sufrido muchos años de frustraciones. Tenemos que hacernos fuertes con ese sufrimiento. Esta generación heredó ese peso y aunque no somos los responsables, debemos levantarlo. Hay actitud y compromiso. Y tiene que haber corazón".
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viernes, 15 de julio de 2011
El Napoli sigue apostando a la desfachatez
La apuesta por frescura, si bien un tanto marketinera, le resultó de maravillas al equipo napolitano en la temporada pasada: consumó tras dos décadas la clasificación la clasificación a la Champions, peleó Copa Italia, Europa League y torneo con un plantel bastante reducido y concretó así la mejor temporada desde las míticas épocas del Dié.
Del mismo modo, sin embargo, mostró el Nápoli un verdor notorio, producto de su juventud y su desfachatez, que le generó varios dolores de cabeza a la hora de mantener resultados o ganar partidos clave (que los perdió todos) y, en definitiva, a no concretar nada de lo producido. Pero la apuesta es más que valiosa, y ahora, con un plantel con experiencia en la lucha y nuevas incorporaciones jóvenes, busca dar el batacazo.
A las contrataciones de Fede Fernández y Mario Santana, más sangre argentina de esa que gusta en el sur, del yorugua Britos y el portero Colmobo, se suma la del suizo Gokhan Inler, pelado batallador, pariente de Goku y con sangre felina en las venas. Aca su bizarra presentación:
Del mismo modo, sin embargo, mostró el Nápoli un verdor notorio, producto de su juventud y su desfachatez, que le generó varios dolores de cabeza a la hora de mantener resultados o ganar partidos clave (que los perdió todos) y, en definitiva, a no concretar nada de lo producido. Pero la apuesta es más que valiosa, y ahora, con un plantel con experiencia en la lucha y nuevas incorporaciones jóvenes, busca dar el batacazo.
A las contrataciones de Fede Fernández y Mario Santana, más sangre argentina de esa que gusta en el sur, del yorugua Britos y el portero Colmobo, se suma la del suizo Gokhan Inler, pelado batallador, pariente de Goku y con sangre felina en las venas. Aca su bizarra presentación:
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jueves, 14 de julio de 2011
Torneos malos
A colacion de lo planteado en un articulo reciente, el futbol que se juega en Argentina dista en general de ser brillante (y el descenso de River atestigua como es afectado el fútbol por el virus argentino de la desidia, la corrupcion y la inoperancia, en el caso de los Millonarios, tan grandes como para hundir durante tres temporadas consecutivas a un club con ingresos televisivos altisimos, ventas de jugadores con pocos partidos en altos precios gracias a la vidriera mediatica y, en definitiva, una capacidad infernal para generar platita), pero eso no signfica que se trate del futbol mediocre que algunos pintan: ya la paridad le otorga interes, un interes que la Liga de las Estrellas no tiene (como tampoco buen juego en general o creatividad desde la direccion tecnica). El juego, es cierto, suele ser muy irregular en Argentina, lo cual marca la falta de plan de muchos equipos. Sin embargo, la tendencia a ningunear la liga local va sin dudas de la mano del detrimento vivido por los equipos capitalinos: cuando ellos ganaban, se epopiyazaban aquellos torneos y se elevaba a sus jugadores a la categoria de heroes. Ahora, el flamante campeon pierde la tapa del diario ante la retirada de un jugador (gigante, titanico, pero de todos modos un acontecimiento mas anecdotico que otra cosa).
Un torneo malo no es entonces un torneo en el que los equipos inflados desde los medios y sus jugadores tambien inflados no cumplen con los pronosticos y juegan mal, algo que sucede muy a menudo ultimamente: las plantillas, de la mano de la economia, de los clubes capitalinos han empeorado notablemente, y aunque se pretenda convertir a jugadores mediopelos en cracks emblematicos, es dificil creerse la mentira si uno mira los partidos (a contramano, los clubes chicos han pulido estrategias y mañas para cuidar la cantera, reforzarse bien y dar pelea). Un torneo malo, decíamos, es aquel en que no solo los equipos “grandes” decepcionan, sino que nadie surge con conviccion para ocupar ese espacio. No es el caso del torneo argentino (en general, porque han habido torneos malos en los últimos años), donde desplazados los capitalinos aparecieron Estudiantes y Velez, y tambien Lanus, Godoy Cruz, Argentinos y Banfield, siempre sumando buenos puntos y metiendose en las copas hace rato ya.
Si nos guiamos por la cobertura de los diarios, sí pareciera ser el caso de esta Copa America, donde terminada la primera fase se caen los candidatos y no se vislumbra quien puede llegar a ser campeon. Pero hemos visto alguna cosita interesante de Colombia y Chile (más ráfagas picantes que otra cosa), un Venezuela ordenadito y paciente y con mucha garra, un Perú serio… y después, es cierto, todo ha sido puro empate de bajo voltaje (salvando el tremendo match entre Venezuela y Paraguay), con pocos tiros al arco por partido: los equipos chicos se ordenan, la pelean y se animan, desde las pelotas paradas, el contraataque o alguna jugada de su solitaria figura, mientras los grandes Argentina y Brasil se rascan la cabeza, aún en deuda, pensando que cómo, si antes alcanzaba con las individualidades y la chapa.
Entonces, la unica esperanza que resta para la organización y los diarios, que no es en absoluto fanática de que Venezuela haya llegado a cuartos, por ejemplo, es la explosion en la segunda ronda de alguna figurita para poner en la tapa de los diarios: lo colectivo se resuelve con laburo y se labura con tiempo, que ninguna selección tiene a esta altura. Todo indica que se vera mas de lo mismo: partidos sin ritmo, varios goles productos de errores, del azar o del aprovechamiento de alguna leve primaverita que te de el tramite del encuentro y un campeon que no deslumbrara por su vértigo y sí por su solidez, por su sabiduria, por su seriedad y, claro, por ser el que mejor aproveche las minimas chances que tenga en estos tres partidos que le quedan (o en su defecto al que se le despierte alguna estrellita y le solucione con magias parciales un par de partidos). No es una gran copa, en absoluto, pero es saludable el despertar rebelde de los equipos chicos, evidencia del crecimiento que el sudor y la inteligencia permiten: no todo es genética, no todo es talento, ni mucho menos. De paso, vuelve a poner sobre el tapete los problemas del exilio temprano de los jugadores (no se genera compromiso, identidad en comun y mucho menos un patron de juego desde las ligas), la desidia y la soberbia de los grandes de America. Ante este panorama, es de suma importancia resaltar la necesidad de parte de Argentina (así gane la Copa, lo cual parece dificilísimo si uno no cae en la sugestión por tres goles a un equipo semiamateur) de volver a la humildad y al laburo, a las metas cortas y a los proyectos largos, si no se pretende que el nivel argentino, pero siendo Argentina, junto a Brasil y Uruguay, los países de mayor potencial en el continente, también el nivel americano, siga en este espiral de mediocridad que lo aleja cada vez mas de podios mundialistas y protagonismo serio. Mientras tanto Europa, dueño de ocho de los nueve lugares en los podios de los mundiales de esta decada, sigue nacionalizando, expatriando y colonizando el futbol con inteligencia y con petrodolares.
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miércoles, 13 de julio de 2011
Alguito
La selección mostró otra cara, y si bien futbolísticamente no brilló, si recuperó la intensidad y, sobre todo, dio una prueba de carácter y rebeldía claves si se pretende tener aspiraciones serias tras un arranque poco auspicioso.
El Checho paró un equipo esta vez si espejado al esquema barcelones, aunque retrasando a Messi a la posicion de enlace que ya no ocupa (desde el exodo de Zlatan al Milan en 2010) en su club. El cambio resultaba en principio contradictorio con su perorata de las pasadas semanas, pero, mas preocupante, se temia que alli Messi se perdiera en la gambeta individual, dado que el andamiaje lo obliga siempre a la doble o triple gambeta. Messi, uno de los que aprobo el examen de carácter (otra vez, y van..), brillo en su vieja posicion, sirvio varios goles desperdiciados y fue una de las figuras. Bien acompañado por Gago, parte de un doble cinco mucho mas coherente y ordenado, la selección fue intensa en su busqueda, aunque algo repetitiva y chocadora: la idea de jugar con tres delanteros no puede nunca limitarse a tirarlos en la cancha. Tanto Batista como los jugadores se limitan a sus andariveles, juegan de extremos y para colmo, sin ayuda de los laterales (uno viejo y con la banda cambiada, el otro de poco recorrido y explosion) obligados al mano a mano. Y de nada sirve que Agüero o Di Maria escapen en el mano a mano si lo hacen por la banda, obligados al centro previsible. Argentina sigue lejos de ser un equipo funcional, colectivo en ataque, le cuesta mucho generar chances si no salen de la categoria individual y ayer gano mas por empuje que por claridad.
Habrá que ver si este resulta el primer paso de un necesario despegue, o si resulta simplemente una actuación aceptable contra un rival muy accesible: otro equipo puede dañar a una defensa que no da garantías y si el ataque sigue fallando goles y equivocando el camino como hasta ayer, entonces el rumbo que tomará Argentina será inevitablemente de salida de su propio torneo.
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Apatrida igual
La columna CONTRA del Profesor Belvedere
La identidad es una mentira. En todos los casos las identidades nacionales son construcciones, realizadas mediante el poder de los medios, y estas construcciones son una idealizacion. Nacidas bajo un corazon romantico a fines de siglo XIX y principios del XX, se trata de idealizaciones de aspectos particulares que pretenden volverse universales: en Argentina el primer ejemplo claro parece ser la utilizacion politica del Martin Fierro; sin embargo, son varios los frentes mediante los cuales se crea esta nocion de nacion, y el futbol (el deporte en general) siempre ha sido parte de esa construccion.
En ese sentido resulta dificil creer que esta construccion, que se pretende independiente pero es siempre europeista, colonial, liberalista y sobre todas las cosas, unitaria: la argentinidad no es sino porteñidad (que no es sino falsa europeidad), y poco tiene que ver con la idiosincrasia del norte o el sur del pais, o de los habitantes que originalmente poblaron las tierras, los verdaderos argentinos luego masacrados junto a su legado cultural. Hoy, hay que decirlo, las tierras “civilizadas” del pais defienden una argentinidad que no es sino una mascara bajo la cual se oculta su creciente identidad global, irreconocible. La barbarie, el desierto, curiosamente, mantiene costumbres y tradiciones, y sentido de pertenencia, pero no tienen oportunidad de ocupar el centro del sistema (economico y politico) y por ende nada tienen que ver con lo que se cree que es este pais.
La frase facil ante la derrota, “esta selección no me identifica”, entraña una trampa: detrás de la idea de fútbol (siempre ambigua y variable) que sí se supone identifica, se esconde una idea de país. Y es en ese sentido que digo: ese país, a mí, no me identifica. Su fútbol, que en mi opinión es un fiel reflejo de sus propios mitos de identidad, por ende tampoco me identifica. No me identifica la identidad defendida por los mismos de un fútbol barcelonista, pero sin el laburo y el tiempo que ha invertido el Barcelona: parte de un complejo de inferioridad que es parte de una identidad culturalmente dependiente de Europa. Tampoco me identifica el sueño de un fútbol caótico y mágico, garcíamarquezco, galeanista, de gambetas negras: ya en 1958 aquel fútbol chocó de frente contra la realidad. La verdadera rebeldía se hace con esfuerzo y en colectivo.
Basta entonces de una Selección de la viveza y la vagancia, de la opulencia decadente, de la soberbia infundada y la mirada puesta en Europa. Es hora de que vuelva la Argentina que labura en silencio, con humildad, la Argentina de los viejos que se rompen el lomo para que sus hijos tengan la oportunidad de una vida mejor, la Argentina real, y no esa construcción capitalina, máscara que nos ponemos para que los europeos nos crean lindos y nos sigan garchando.
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martes, 12 de julio de 2011
Rebeldía, esa materia pendiente
Por Cristian Grosso para canchallena.com
-¿No creés que hay una generación de jugadores que ya deben dar el salto y asumir más responsabilidades de conducción y liderazgo en la selección? Concretamente me refiero a vos, Mascherano, Cambiasso, Burdisso, Tevez?
-Sí, mi generación se tiene que hacer cargo de la selección, pero de nada serviría si es de una manera abrupta. Las refundaciones no sirven, porque dañan a gente muy valiosa. Acá están Pupi, el Pato [por Abbondanzieri], Hernán [por Crespo], el Gringo Heinze, la Bruja [por Verón], todos muchachos que le han dado tanto a la selección y nos han enseñado a quererla.
Pasaron casi cuatro años. De aquéllos sólo sobrevive el inoxidable Zanetti. Esta noche, en Córdoba, la responsabilidad será de ellos, que ya no son nuevos, debutantes ni improvisados. A esta generación no le corresponden culpas anteriores, pero sí el presente desteñido. Su rebeldía aún es una materia pendiente. Se trata nada menos que de desactivar una bomba. Prohibido fallar, vaya carga emocional. El orgullo aguijoneado los debe provocar. Todo frente a un público con una receta previsible: una tacita de ansiedad, una pizca de desconfianza, gotitas de resquemor, intolerancia y bronca, a gusto.
Espoleados por la vergüenza deben asumir el operativo rescate. El entrenador tampoco puede desentenderse, desde luego. Batista pondrá en juego virtudes más valiosas que sus visiones estratégicas: el ascendente, la credibilidad, la persuasión y el tejido de la intimidad son resortes en los que Checho influye directamente. Y no siempre acertó. La escala -o despedida- en Córdoba pondrá a prueba los liderazgos. Reclamará firmeza en la conducción y épica competitiva. Espíritu inclaudicable. Nada de palidez. Menos, egoísmos. Porque la reparación es una misión compartida. O un colapso.
Que la asonada del vestuario santafecino haya sacudido el carácter, no avivado las broncas. Los hombres de bien lo deben entender así. Más si aspiran a la gloria, al reconocimiento. La condición ideal de un equipo se da cuando se siente desafiado y así lo tendrán que interpretar frente a Costa Rica. Un pacto de determinación y compañerismo. Ni amistad ni condescendencia, pero sí generosidad para administrar colectivamente un destino que retumbará en todos.
Ni guapos ni gritones ni patoteros. Nadie sale de problemas sólo con arengas, pero un equipo se afirma desde los alineamientos. Son indispensables. Contagiar bravura y confianza puede ser la antesala de una gambeta que abra un partido. Los rostros espectrales se contagian, hielan los huesos, paralizan las piernas. Detienen el corazón. La solidez de cualquier persona se manifiesta ahora, en circunstancias límite. Envueltos por un tejido de urgencias, cuando acecha una eliminación que clavaría en la frente el cartelito de papelón, cada uno reacciona según su personalidad. La generación anterior ya quedó señalada. Milito decía en Melbourne que cada partido de la selección convendría tomarlo como si fuese el único y el último. Una buena percepción para recordar. La noche cordobesa examinará quién es quién ahora.
En septiembre de 1997 había cumplido los 17 años en Alejandría. En septiembre de 2007, obviamente cumplía 27, estaba en Melbourne? y la situación le dibujaba una sonrisa a Gabriel Milito. "Egipto, Australia... ¿En qué lugar del mundo me sorprenderán los 37??", bromeaba. Enseguida se ponía serio el zaguero que había elegido Alfio Basile para comandar una defensa central que ya no contaba con Roberto Ayala, porque el Ratón había elegido retirarse de la selección. La charla buceaba sobre el vacío de referentes? "Mi filosofía es afrontar cada partido como si fuese el único y el último. A la selección hay que tomarla de esa manera, con ese compromiso. Es el camino para recuperar la mística, para volver a una época en la que si jugaba la Argentina, ya sabías cómo salía el partido: ganábamos nosotros. Al equipo hay que colocarlo de nuevo en ese lugar; hay que subir un escalón más y ese pasito es el que estamos buscando dar".
-¿No creés que hay una generación de jugadores que ya deben dar el salto y asumir más responsabilidades de conducción y liderazgo en la selección? Concretamente me refiero a vos, Mascherano, Cambiasso, Burdisso, Tevez?
-Sí, mi generación se tiene que hacer cargo de la selección, pero de nada serviría si es de una manera abrupta. Las refundaciones no sirven, porque dañan a gente muy valiosa. Acá están Pupi, el Pato [por Abbondanzieri], Hernán [por Crespo], el Gringo Heinze, la Bruja [por Verón], todos muchachos que le han dado tanto a la selección y nos han enseñado a quererla.
Pasaron casi cuatro años. De aquéllos sólo sobrevive el inoxidable Zanetti. Esta noche, en Córdoba, la responsabilidad será de ellos, que ya no son nuevos, debutantes ni improvisados. A esta generación no le corresponden culpas anteriores, pero sí el presente desteñido. Su rebeldía aún es una materia pendiente. Se trata nada menos que de desactivar una bomba. Prohibido fallar, vaya carga emocional. El orgullo aguijoneado los debe provocar. Todo frente a un público con una receta previsible: una tacita de ansiedad, una pizca de desconfianza, gotitas de resquemor, intolerancia y bronca, a gusto.
Espoleados por la vergüenza deben asumir el operativo rescate. El entrenador tampoco puede desentenderse, desde luego. Batista pondrá en juego virtudes más valiosas que sus visiones estratégicas: el ascendente, la credibilidad, la persuasión y el tejido de la intimidad son resortes en los que Checho influye directamente. Y no siempre acertó. La escala -o despedida- en Córdoba pondrá a prueba los liderazgos. Reclamará firmeza en la conducción y épica competitiva. Espíritu inclaudicable. Nada de palidez. Menos, egoísmos. Porque la reparación es una misión compartida. O un colapso.
Que la asonada del vestuario santafecino haya sacudido el carácter, no avivado las broncas. Los hombres de bien lo deben entender así. Más si aspiran a la gloria, al reconocimiento. La condición ideal de un equipo se da cuando se siente desafiado y así lo tendrán que interpretar frente a Costa Rica. Un pacto de determinación y compañerismo. Ni amistad ni condescendencia, pero sí generosidad para administrar colectivamente un destino que retumbará en todos.
Ni guapos ni gritones ni patoteros. Nadie sale de problemas sólo con arengas, pero un equipo se afirma desde los alineamientos. Son indispensables. Contagiar bravura y confianza puede ser la antesala de una gambeta que abra un partido. Los rostros espectrales se contagian, hielan los huesos, paralizan las piernas. Detienen el corazón. La solidez de cualquier persona se manifiesta ahora, en circunstancias límite. Envueltos por un tejido de urgencias, cuando acecha una eliminación que clavaría en la frente el cartelito de papelón, cada uno reacciona según su personalidad. La generación anterior ya quedó señalada. Milito decía en Melbourne que cada partido de la selección convendría tomarlo como si fuese el único y el último. Una buena percepción para recordar. La noche cordobesa examinará quién es quién ahora.
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lunes, 11 de julio de 2011
Tocalli y el futuro de Argentina
Hugo Tocalli, exitoso entrenador de los seleccionados juveniles argentinos, advirtió que el futuro "es preocupante si no se realiza un replanteo profundo de la forma de trabajar en las divisiones inferiores" y tomó como ejemplo a seguir "el de Uruguay, donde los chicos juegan igual que los grandes". "Si no se trabaja a conciencia en el interior, pero con apoyo proveniente de Buenos Aires y no esperando que las provincias provean jugadores sin ayuda, los problemas que hoy tenemos se sequirán agudizando", analizó Tocalli en una entrevista con el programa radial Deportivo Télam. "Hoy por hoy en Sudamérica el ejemplo a seguir es Uruguay, donde el `Maestro` (Oscar) Tabárez inculca en los juveniles una tarea similar a la que pone en práctica en la selección mayor. De esta manera todas las divisiones juegan 4-3-3 y cuando los chicos llegan arriba no tienen dificultades de adaptación", apuntó. Uruguay resultó cuarto en el mundial de Sudáfrica 2010 y ayer se consagró subcampeón ecuménico sub 17 en México, detrás del representativo local. "En Argentina debemos impulsar los Centros de Formación en el interior del país, para que los chicos de determinadas regiones puedan desarrollarse en sus lugares de origen y no tener que bajar forzosamente a Buenos Aires", recomendó. "Esos programas tienen que estar a cargo del entrenador de seleccionados juveniles y los centros deben estar supervisados por él. Cuando ese cargo lo desempeñaba yo, lo llevé a Gerardo Salorio para desarrollar esa tarea, pero con los cambios de técnicos todo se dejó de hacer", describió. Tocalli precisó que él ya le había dado forma "a los Centros de Formación de Salta, Córdoba y Paraná. La idea era que los jugadores formados allí pudieran integrar seleccionados juveniles argentinos que al momento de tener que jugar, por ejemplo, con México, fueran ellos a competir". "Por caso, los chicos formados en Salta podrían afrontar un compromiso con los chilenos o los bolivianos", puntualizó. "Y a esos jugadores, antes que en lo físico y en lo táctico, hay que pulirles la técnica, sobre todo ahora que en Buenos Aires se están acabando los potreros, algo que en el interior no ocurre", remarcó. El también ex técnico de Quilmes y Colo Colo, con el que salió campeón en Chile, destacó que para llevar adelante "un proyecto así a nivel nacional, la bajada de línea debe partir de los dirigentes. Los entrenadores que se contraten deben ser coherente con estilos de juego propios de cada club, pero sin someterse a sistemas tácticos inmodificables". "De esta manera, por ejemplo, no está mal que una séptima división de un club o un seleccionado nacional sub 17 jueguen 6 meses con un sistema 3-4-3, al siguiente semestre con un 4-3-1-2 y el próximo con un 4-3-3", precisó. "De esta manera no solamente se pueden realizar pruebas, sino que decididamente se les incorpora a los chicos diferentes esquemas de juego a los que después, según las necesidades y las circunstancias, se pueden adaptar sin dificultades", argumentó. Tras reconocer que sufre "mucho" con los vaivenes del seleccionado argentino de nayores en la Copa América y la tarea que cumplen sus hijos Alejandro (preparador físico) y Martín (ayudante técnico), Tocalli destacó "los buenos trabajos que realizan en inferiores Banfield y Estudiantes", al tiempo que manifestó estar "a la espara de un proyecto a largo plazo para volver a dirigir". |
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domingo, 10 de julio de 2011
Messi y los mesías
Recientemente titulaba Varsky una columna para La Nación: "Si el mejor del mundo no se destaca en tu equipo, el problema es tuyo". El peridodismo sensato se dedicó durante la semana a defender al astro cuestionado una y mil veces de los ataques sin sentido común que partían desde las cuatro esquinas, viscerales e ilógicas, repletas de conceptos tan ambiguos y tan irrelevantes como si canta el himno o si cobra en euros. Se sabe, cuando algo anda mal todos buscan un culpable, en lugar de causas y soluciones. Resulta más fácil.
Parece evidente que la Selección ha fallado en estos dos partidos desde lo colectivo, equivocando el camino en demasiados lugares de la cancha, desde ese triple cinco que se superpone y queda lejos de los delanteros, hasta los extremos bielsistas atados a la banda y al uno contra uno. Messi, el supuesto 9 de Batista, se vio obligado a volverse conductor sin compañía ni referencia delante suyo, ya que el lugar que el ocupaba quedaba vacío. Aún así, fue siempre de lo mejor de la Selección, y aunque sea cierto que aquella imagen contra Colombia evidenciaba un muchacho vencido, es lógica su frustración en un equipo sin alternativas. Pecho frío no es: le encanta competir y mete goles en todas las finales. Pero es un pibe al que se le trabó el cerebro primero por motivos futbolísticos, y luego por todo el revuelo mediático que se alimenta de él.
¿Le falta rebeldía para imponerse a las críticas? Puede ser. Pero el tema es futbolístico, y Messi, sólo, no puede. Tampoco es el único sin rebeldía, pero aún así hasta sus propios compañeros, influenciados por la campaña mediática que lo muestra acuclillado, o que repite que no canta el himno, lo sospechan, lo apuntan... Sobresalir, cuando nadie te tira una pared real o metafísica, se complica, y requiere de una rebeldía de esas que se crían en una adversidad que, es cierto (y haciendo sociología barata), Messi no conoce.
Batista lo usó de escudo, a él y su club, y si bien lo protege en las conferencias y sabe que es su única esperanza (en el fondo debe saberlo), también lo corre del lugar que dijo que le iba a respetar a muerte, ubicandolo como conductor, lejos del gol y cerca de la responsabilidad. Lo expone con esa decisión un tipo que es poco más que un parásito: no es que Messi no sea enganche, lo fue hasta 2010, pero llenarlo de la responsabilidad de crear, justo ahora y para remediar una falencia propia (la incapacidad de crear un juego cohesionado), es arriesgado y toda una prueba de carácter para la Pulga.
La cosutmbre, al parecer, sigue vigente en el país. El pensamiento sin grises, la búsqueda siempre de un tipo que solucione todas las cagadas, que nos salve, la decepción y el apedreo colectivo cuando, lógicamente, no lo consigue (y la inevitable comparación a ese mito que sí pudo, el Dié) son rasgos muy argentinos, y si los hinchas muestran la hilacha de su incoherencia constantemente, partido a partido, amando y puteando con diferencia de segundos, de un seleccionador se espera otra cosa que depender de un salvador, disponiendo 23 jugadores que juegan bastante. Y mientras se siga apostando al mesías en lugar de buscar un equipo, un funcionamiento, cualquier equipo del mundo puede hacerte partido. Ni hablar desde ya selecciones serias como Italia, Alemania, Uruguay...
Parece evidente que la Selección ha fallado en estos dos partidos desde lo colectivo, equivocando el camino en demasiados lugares de la cancha, desde ese triple cinco que se superpone y queda lejos de los delanteros, hasta los extremos bielsistas atados a la banda y al uno contra uno. Messi, el supuesto 9 de Batista, se vio obligado a volverse conductor sin compañía ni referencia delante suyo, ya que el lugar que el ocupaba quedaba vacío. Aún así, fue siempre de lo mejor de la Selección, y aunque sea cierto que aquella imagen contra Colombia evidenciaba un muchacho vencido, es lógica su frustración en un equipo sin alternativas. Pecho frío no es: le encanta competir y mete goles en todas las finales. Pero es un pibe al que se le trabó el cerebro primero por motivos futbolísticos, y luego por todo el revuelo mediático que se alimenta de él.
¿Le falta rebeldía para imponerse a las críticas? Puede ser. Pero el tema es futbolístico, y Messi, sólo, no puede. Tampoco es el único sin rebeldía, pero aún así hasta sus propios compañeros, influenciados por la campaña mediática que lo muestra acuclillado, o que repite que no canta el himno, lo sospechan, lo apuntan... Sobresalir, cuando nadie te tira una pared real o metafísica, se complica, y requiere de una rebeldía de esas que se crían en una adversidad que, es cierto (y haciendo sociología barata), Messi no conoce.
Batista lo usó de escudo, a él y su club, y si bien lo protege en las conferencias y sabe que es su única esperanza (en el fondo debe saberlo), también lo corre del lugar que dijo que le iba a respetar a muerte, ubicandolo como conductor, lejos del gol y cerca de la responsabilidad. Lo expone con esa decisión un tipo que es poco más que un parásito: no es que Messi no sea enganche, lo fue hasta 2010, pero llenarlo de la responsabilidad de crear, justo ahora y para remediar una falencia propia (la incapacidad de crear un juego cohesionado), es arriesgado y toda una prueba de carácter para la Pulga.
La cosutmbre, al parecer, sigue vigente en el país. El pensamiento sin grises, la búsqueda siempre de un tipo que solucione todas las cagadas, que nos salve, la decepción y el apedreo colectivo cuando, lógicamente, no lo consigue (y la inevitable comparación a ese mito que sí pudo, el Dié) son rasgos muy argentinos, y si los hinchas muestran la hilacha de su incoherencia constantemente, partido a partido, amando y puteando con diferencia de segundos, de un seleccionador se espera otra cosa que depender de un salvador, disponiendo 23 jugadores que juegan bastante. Y mientras se siga apostando al mesías en lugar de buscar un equipo, un funcionamiento, cualquier equipo del mundo puede hacerte partido. Ni hablar desde ya selecciones serias como Italia, Alemania, Uruguay...
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sábado, 9 de julio de 2011
"Es el juego, estúpido"
Por Juan Pablo Varsky para canchallena.com
"Messi no sabe cantar el Himno", "Tevez vende humo", "no sienten la camiseta", "no corren", "les falta humildad", "juegan por la plata". Así de elaborado y profundo está el debate futbolístico tras el penoso rendimiento del seleccionado en Santa Fe. El equipo nacional se fue insultado de un estadio argentino. Habíamos tenido filarmónica de silbidos y hasta aplausos para el rival (0-5 con Colombia en 1993) pero cuesta recordar una escena como la de anteayer. El apoyo inicial se transformó en una hostilidad que incluyó el grito de "Diego, Diego", seguramente más cerca de México 86 que de Sudáfrica 2010. "Pongan huevos" es la consigna, avalada por los futbolistas que sobreactúan el esfuerzo al correr pelotas a las que saben que no llegarán o tirándose al piso sin necesidad. A ninguno se le puede reprochar falta de actitud o de voluntad. Corren, pero corren mal, más que la propia pelota. El problema es más complejo. Cada lector tiene su fórmula mágica: poner a Pastore, sacar a Messi, meter un nueve de área, sacar a Tevez, salir del triple cinco, echar a Batista, que se vaya Grondona. Ninguna resuelve nada por sí sola. Sólo sirven para hacer catarsis entre amigos y foristas. Tienen valor terapéutico y punto.
"Alinear es un arte que considera la configuración inteligente de relaciones. Alineamos a los futbolistas como si la inteligencia individual no tuviera dependencia de la colectiva, como si la conducta de cada cual no influenciara las posibilidades de los demás. El contexto donde cada jugador expresó determinadas capacidades no es incorporado como criterio para definir su rendimiento. Presuponemos que si un jugador ofreció un determinado rendimiento en una estructura concreta, puede reproducir el mismo comportamiento aunque se modifiquen las circunstancias. No se tiene en cuenta con quiénes se va a relacionar, en su nueva situación, dicho futbolista". Este párrafo pertenece a un libro revolucionario, ya destacado en notas anteriores. Se llama El modelo de juego del FC Barcelona , escrito por el entrenador español Oscar Cano Moreno. Si no hay equipo, esas individualidades no pueden ni de casualidad reproducir todas sus virtudes que los llevaron al seleccionado. "Sistema y jugador son realidades simultáneas. No hay anterioridad de uno o de lo otro. No se trata de comparar futbolistas pero sí la contribución de cada uno con el funcionamiento del sistema y viceversa. Simplemente, con unos somos más que con otros." Argentina repitió errores de concepto: posesión sin profundidad, traslado sin pase, despliegue sin desmarques, amontonamiento sin sociedades, demasiada distancia entre las líneas. No ha funcionado colectivamente. "Todavía no existen artilugios o instrumentos para desentrañar los porqués de las conductas de los futbolistas, ya que éstas dependen de sus estados emocionales", dice Cano Moreno. El concepto vale para el error de Milito en el primer tiempo o el tiro libre de Messi a las nubes en el segundo. Las personas dependen ampliamente del escenario donde están incrustadas. A este equipo le ha costado mucho convivir con el combo favoritismo-exigencia-localía. Acostumbrados a ambientes más apacibles, los jugadores sienten el contraste. La cara de Messi en el minuto 82 es el retrato. "¿Qué hago acá?", parecía preguntarse. Es el mejor del mundo y en su país no lo respetan. No puede salir de ese rol de intruso que se le ha asignado. Diego jamás debió luchar contra semejante adversidad: que tus propios hinchas no te quieran. Este contexto lo afecta, condiciona su rendimiento. No pudo gambetear ni una sola vez a Carlos Sánchez, que lo marcó muy bien, y se entregó. Este aspecto forma parte del fútbol. La letra del Himno no tiene nada que ver. Es el juego. Vicente López y Planes nunca estuvo en la Selección.
"Alinear es un arte que considera la configuración inteligente de relaciones. Alineamos a los futbolistas como si la inteligencia individual no tuviera dependencia de la colectiva, como si la conducta de cada cual no influenciara las posibilidades de los demás. El contexto donde cada jugador expresó determinadas capacidades no es incorporado como criterio para definir su rendimiento. Presuponemos que si un jugador ofreció un determinado rendimiento en una estructura concreta, puede reproducir el mismo comportamiento aunque se modifiquen las circunstancias. No se tiene en cuenta con quiénes se va a relacionar, en su nueva situación, dicho futbolista". Este párrafo pertenece a un libro revolucionario, ya destacado en notas anteriores. Se llama El modelo de juego del FC Barcelona , escrito por el entrenador español Oscar Cano Moreno. Si no hay equipo, esas individualidades no pueden ni de casualidad reproducir todas sus virtudes que los llevaron al seleccionado. "Sistema y jugador son realidades simultáneas. No hay anterioridad de uno o de lo otro. No se trata de comparar futbolistas pero sí la contribución de cada uno con el funcionamiento del sistema y viceversa. Simplemente, con unos somos más que con otros." Argentina repitió errores de concepto: posesión sin profundidad, traslado sin pase, despliegue sin desmarques, amontonamiento sin sociedades, demasiada distancia entre las líneas. No ha funcionado colectivamente. "Todavía no existen artilugios o instrumentos para desentrañar los porqués de las conductas de los futbolistas, ya que éstas dependen de sus estados emocionales", dice Cano Moreno. El concepto vale para el error de Milito en el primer tiempo o el tiro libre de Messi a las nubes en el segundo. Las personas dependen ampliamente del escenario donde están incrustadas. A este equipo le ha costado mucho convivir con el combo favoritismo-exigencia-localía. Acostumbrados a ambientes más apacibles, los jugadores sienten el contraste. La cara de Messi en el minuto 82 es el retrato. "¿Qué hago acá?", parecía preguntarse. Es el mejor del mundo y en su país no lo respetan. No puede salir de ese rol de intruso que se le ha asignado. Diego jamás debió luchar contra semejante adversidad: que tus propios hinchas no te quieran. Este contexto lo afecta, condiciona su rendimiento. No pudo gambetear ni una sola vez a Carlos Sánchez, que lo marcó muy bien, y se entregó. Este aspecto forma parte del fútbol. La letra del Himno no tiene nada que ver. Es el juego. Vicente López y Planes nunca estuvo en la Selección.
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viernes, 8 de julio de 2011
El escudito
No vamos a pegarle a la Selección. Es demasiado fácil, sería repetirnos, y el Diario As ha dicho todo ya: “Batista conduce el Titanic hacia el iceberg”, tituló. Mejor peguemosle un poco a Olé.
Descendido River, pasaron los días y el pasquín capitalino seguía sin sacar el escudito de River de la sección “Primera”, que ocupa la banda superior del sitio (hoy reemplazada por las banderas de los equipos que participant por Copa América). Por supuesto, las voces enojadas con el medio (voces que por otro lado siguen esperando que medios históricamente alineados y entongados con River y Boca, que ayudan con sus operaciones de prensa, por ejemplo, a empujar a los refuerzos hacia estos equipos –Ervitti, Silva, Orión, operen de modo diferente al que operan habitualmente) no se hicieron esperar: se sabe que el director de Olé es el nefasto Farinella, de opinión absolutamente sesgada y que aún así dicta los contenidos (y sin dudas, este tipo de detalles) de un diario supuestamente nacional, pero claramente capitalino. Después de todo, cuál es el criterio de tener una división según categorías si por capricho van a ordenarlas como quieren?
Se esbozó una defensa de la decisión desde la página, donde se argumentó que dado que River es grande ese era su lugar aunque circunstancialmente fuera diferente, argumento que no explica por qué River sí y Central no. Y tantas otras cosas, claro. Pero al entrar en la discusión chiquita (que River sí y Central, Huracán, etc. no) el problema se desenfoca en una discusión tribunera sobre la importancia histórica de los equipos. Y, la verdad, no viene en absoluto al caso.
El tema es simple: si Olé quiere dejar el escudito, que cambien el criterio. Siendo el criterio "PRIMERA" y “ASCENSO”, River sencillamente no encaja en Primera porque no es de Primera… Si desean de todos modos que River siga entre la elite, que cambien la etiqueta por "Equipos importantes" o el criterio subjetivo que se les cante, para que así River siga teniendo un espacio mediatico que institucionalmente ha perdido.
Por supuesto, Olé es dueño de su sitio y puede hacer lo que se le cante, que por otro lado no deja de ser un desesperado aferrarse a un estado de cosas que ha cambiado. Sencillamente ha quedado en offside, demasiado en evidencia en su tendencia a favorecer a los grandes y mirar el fútbol desde una lógica aristocrática, capitalina, en absoluto inocente en su apreciación del deporte y absolutamente esclava a la ley única, que es el dinero. Porque más allá de la necesidad sicológica de conservar el orden, de no cambiar las cosas, de mantener a River en la primera categoría, aunque sea de modo pantomímico nomás, la ecuación es simple: si el dinero está en las masas, y las masas son de River y de Boca, hay que seguir dándole manija a estos dos, aunque no tengan un mango, no jueguen copa y uno esté en la B. Es importante cubrirlos como si fueran importantes aún cuando no lo son (y también ayudarlos a conseguir refuerzos, por supuesto), para que los hinchas de River y Boca sigan comprando diarios.
miércoles, 6 de julio de 2011
Soberanos
Finalmente hoy Daniel Scioli rubricó su firma y las tierras de 1 y 57 pasaron a ser patrimonio del club. Terminó así una larga historia de trabas políticas, charlas improductivas y marchas atrás que el hincha de Estudiantes supo acompañar con una emotiva lucha durante un tiempo, pero que luego, hijo del rigor, cómodo en el estadio de 32 y aplacado por los éxitos deportivos, abandonó y dejó en manos de la voluntad dirigencial. Hubo durante este período de la lucha una especie de consenso tácito de que el dinero estaba mejor invertido en materia deportiva que en una larga construcción que presentaba, para colmo, dudas y objeciones en lo judicial, y básicamente hubo dos o tres años donde la idea se guardó en un cajón olvidado, en una oficina olvidada.
U2 despertó al hincha, pero hay que decirlo: nunca fue la protesta pincharrata audible como en aquellas épocas de banderazos multitudinarios contra Alak. Hay un hincha más cómodo, más aburguesado y quejoso, y paradójicamente, su queja inmóvil, atrás de un celular o una computadora, generó suficiente ruido mediático para que los dirigentes pusieran otra vez manos a la obra con el tema. Unos cuantos meses después, unos cuantos sustos después también (cerca estuvo Estudiantes de perder las tierras), llegó el acuerdo con los ambientalistas y la firma de la Municipalidad. Se evitó la instancia judicial, en esto hay que darle la derecha a los dirigentes, y se logró algo histórico: por primera vez Estudiantes será soberano de sus tierras.
Entonces, empieza otra discusión. Paralelamente a las charlas, se comenzó a tratar el armado del equipo de este semestre y ya entonces se veía la decisión, seguramente nacida en la mente de los gladiadores históricos que necesitan sacarse el gusto por el mal trago del primer semestre, de armar un equipo para pelear. Entonces, la dicotomía: equipo o estadio. En principio, siempre ha sido nuestra opinión que se trata de una falsa dicotomía. Porque el estadio no puede hacerse ya, no hay plata aún si no se apuesta a lo deportivo, pero sobre todas las cosas porque el dinero del estadio tiene que salir de otro lugar (de un ahorro a mediano plazo, de un crédito o alguna de las iniciativas que manejan los socios, llámese fideicomiso, fundación, socio-ladrillo o lo que sea).
El tema de los refuerzos, sin embargo, condiciona la construcción del estadio al tratarse de un proyecto ciertamente ambicioso y de poco rédito económico: contratar a préstamo a jugadores como Coria o Boselli implica no solo una erogación de dinero importante sino la imposibilidad de promover juveniles, que es donde está la posibilidad de equilibrar las finanzas siempre amenazadas (no es Estudiantes un club grande, tampoco es el Mercado argentino el más propicio para hacer dinero). Así lo demuestran los casos de Rojo, Fernández, el mismo Piatti o, en la otra vereda, Ricky Alvarez, cuyo pase tras apenas un puñado de partidos jugados (muchos de ellos de suplente) significará para Vélez la posibilidad de reforzarse muy fuerte de cara a este semestre. La apuesta es claramente deportiva, no institucional, lo cual de cara al último año de Sebastián como jugador no deja de ser una opción acertada. Una posible y parcial solución a este problema futuro sería aprovechar el buen momento deportivo para ir mostrando a algunos pibes, aunque sea en alguna de las dos competencias para dar descanso. La saludable limpieza del plantel dejará un equipo corto, y la ayuda de los juveniles puede resultar una de las claves tanto a presente como a futuro. Sin embargo, sea cual sea la cosecha de pibes, después de estos semestres es probable que Estudiantes necesite un período de austeridad que implique un lento avance en la construcción del estadio. Sin dudas, dada la cantidad de espectáculos programadas en 32, algo que implicará un dolor de cabeza para los dirigentes futuros.
Es entonces el momento para poner en marcha las cabezas de los asociados y simpatizantes, para que sumen en lugar de utilizar el poder neuronal en críticas foreras. Ya la desidia dio un retraso enorme y Estudiantes sigue sin cancha a más de un lustro desde que cerraron las puertas del mítico Jorge Luis Hirschi. El estadio no va a construirse solo, y sin lugar a dudas llevará tiempo y paciencia. El paso uno es no dejar que la paciencia se agote y genere brotes de bronca que no sirven para nada, o sencillamente un alejamiento de la causa por frustración. El paso dos es dilucidar métodos alternativos para conseguir plata, materiales, lo que sea. Existen los espacios para debatir y pensar, pero esos espacios a menudo se llenan de críticas vacías, rumores baratos o intenciones políticas. Prueba de ello fue que en la protesta organizada por internet para acudir a la Municipalidad el día en que podría haberse firmado el acuerdo, había menos de 300 hinchas. Esa postura cómoda, criticona y vividora del club es una postura que Estudiantes no debe volver a tomar. Mucho menos debe pensar que porque las tierras sean nuestras, se terminó todo, para volver a quejarse en unos meses cuando toque viajar a Quilmes. El club lo hacemos entre todos.
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