jueves, 7 de abril de 2011

El laburo y el juego

Tiempo atrás, Zubeldía llevó a la marugada a sus muchachos, futuros campeones del mundo a la estación de trenes. Les mostró como iban, en fila, con el pelo a medio peinar, los ojos enlagañados y el bostezo constante, los hombres y mujeres a laburar, tomando el tren todos los días a las cinco de la mañana. Ante ese panorama les dijo que laburo, laburo era aquello. Es una anécdota siempre recordada, que evidentemente caló hondo en aquel Estudiantes: quejarse de su esfuerzo, siendo que jugaban al futbol para vivir (y vivian bien) era, sencillamente, llorar. “Vamos a esforzarnos, o si no vamos a tener que ir a laburar en serio”, les dijo el Zorro Osvaldo.
Si se situa allí, en Argentina, el inicio de toda una corriente futbolística laburante, esa que “le quitó la alegría al fulbito”, podemos decir que se presenta rápidamente una objeción a la visión estandarizada de la fábula del León malo: aquellos muchachos sí que disfrutaban el fútbol, tanto que, dado que las condiciones naturales no les alcanzaban, sabían que tenían que romperse el lomo para poder subsistir en base a lo que amaban. La diversión consistía no en vanos firuletes de beneficio individual, sino en la práctica colectiva (de un deporte colectivo: que paradójico), en juntos esforzarse, llegar junto a los compañeros a la cima o caer en el intento.
Esta puesta en perspectiva relativiza el discurso sobre el futbol bello, el talento, el firulete y la “nuesstra”. Al fin y al cabo, los que no quieren laburar no son desfachatados, son simplemente vagos, tipos egoístas que se salvan por lo que les vino en los genes. El que no se lo toma en serio, que no juegue: allí esta el verdadero insulto para el juego, un juego que muchos amamos y que otros no, están en su derecho. Pero son ellos (y no quienes lo estudian y lo practican con alma amateur, por la gloria y no por dos pesos y una tapa de diario tirando un taco) los que, de ejemplificarse sus practicas vanidosas, destruyen el juego. Ya lo dijo Don Osvaldo: "El futbol en general sigue al campeon de turno, y lo peor que le puede pasar al futbol es q salga campeon un equipo de vagos".
El sentido común sugiere antonomasia entre ambos términos, juego y trabajo, pero no es del todo asi: lo meramente lúdico es individualista, hedonista, y no es el objetivo de ningún juego o deporte (el objetivo es la competición, el objetivo es el triunfo). La belleza del futbol no está en la gambeta individual, realizable por el talentoso (este es el sentido aristocrático del fútbol) sino en el poder grupal, en la unión para vencer, justamente, lo imprevisible. (Resulta demasiado obvio decir que el futbol es un juego grupal, pero a la vista de los discursos hegemonicos es evidente que se ha olvidado, banalizado por repetición).
Este fútbol humanista, ¿cómo puede ser el causante de todos los males? La sensación impera: quienes señalan a este futbol culpándolo, son quienes con agenda secreta protegen un futbol desorganizado, individualista, son los beneficiados por un futbol donde prevalezca lo impensado. La aristocracia seguirá gobernando este juego si no existe una unión de seres menos privilegiados que basándose en su fraternidad y esfuerzo proponga batalla.
La paradoja final está dada por la insistencia de la aristocracia en que el fútbol es un mero juego, un divertimento vacío. Es posible que así sea (es posible que todo sea así), pero sin embargo lo que queda expuesto, desnudo en ese enunciado es: si se trata meramente de un juego, ¿por qué es tan inmoral querer ganar? ¿No se trata, al fin y al cabo, del objetivo del juego? ¿Por qué se convierte en una cuestión moral, en avaricia, querer ganar, si se trata simplemente de la regla principal explicitada en cualquier competencia, si se trata justamente de un juego donde la competición no implica ambicion desmedida o destructora sino parte, sencillamente, del juego? Ellos son quienes ideologizan el futbol, para beneficio propio, convirtiendo toda práctica que atente contra sus intereses y su status quo en práctica inmoral. 

domingo, 3 de abril de 2011

Cómo influyen las elecciones de los medios

Siempre es mayor el espacio dedicado a los clubes capitalinos en los diarios “nacionales” (es decir, capitalinos). Por mucha especulación que se haga, el motivo principal es un evidente beneficio económico que trae la promoción de equipos con una masa de hinchas grande. Desde ya que esa masa de hinchas se encuentra directamente relacionada a la difusión que dan los medios grandes a dichos equipos, formando así la opinión de todo el país. Una opinión centralista para un país absolutamente centralista, con un interior sin voz ni voto y con un centro del país que quiere apropiarse culturalmente cada vez más de los márgenes.
A fin de cuentas, se trata de negocios. El escudo de supuesta objetividad es absolutamente insostenible desde que uno abre el diario y lee apenas una columna de su equipo, aunque vaya puntero, y se coma dos, tres páginas con notas sobre los equipos capitalinos y sus internas. Para colmo, a uno le terminan interesando, lo cual demuestra la influencia que tiene sobre nuestro subconciente la constante exposición a conflictos absolutamente ajenos a nuestro club (y más aún, a nuestra vida real). Si esta fachada no fuera defendida con tanta fuerza a pesar de la clara agenda que manejan los medios grandes (y también la televisión, que incluso desde programas que anuncian en coro que darán el mismo espacio a todos invaden nuestra pantalla de información capitalina) no habría nada malo en esta práctica, una obvia práctica comercial donde una empresa hace lo que le conviene. Absolutamente lógico. (No vamos a entrar en la responsabilidad de los comunicadores sociales porque a esta altura resulta evidente que el periodismo es corporativo y no social).
Arrancó el torneo y el candidato de los medios era Racing, que a pesar de una marcada irregularidad arrancó con una voracidad ofensiva que no hacía del todo injustificada la candidatura. La cobertura, sin embargo, con apenas cinco fechas de recorrido, fue sin dudas exageradísima: notas constantes a jugadores, declaraciones altisonantes en primera tapa (“somos el Barcelona de Argentina”, tiró Yacob) y el drama del mártir Gio Moreno (que se lesionó por querer devolver una patada, y no porque le hayan pegado) quien protagonizó dos notas cuando ya se había quedado afuera, declarando que sentía lástima porque iba a ver campeón a Racing desde afuera. Un festín si le sumamos a todo esto la imagen de mártir que carga Racing como equipo.
Pero Racing cayó, víctima de su propio verdor y candidez, y entonces los medios se apropiaron de un nuevo equipo para vender: River. Por supuesto, sus métodos no fueron cuestionados moralmente, como se hace cada vez que un equipo chico llega a la cima (si llegó tiene que ser con trampa). De hecho, hasta se destacó que este River “también defiende” (a modo de justificación, porque para la prensa bienpensante el puntero debe atacar y ser “osado”), en lugar de decir que, en verdad, más bien “también ataca”. En otras palabras, se acomodó el actual River, utilitario, al paladar “de la gente” con un par de eufemismos y sin nada más, porque después de todo que los grandes estén arriba no hace falta justificarlo, es “natural”.
De los equipos en serio, ni noticias. Vélez se viene como una tromba participando de dos competencias, y es el equipo más coherente del fútbol argentino. Estudiantes, que tras la salida de Sabella ha perdido un poco el rumbo de su proyecto, sigue prendido también en ambos frentes, con dificultades a pesar de las cuales le alcanzan dentro de la mediocridad de un torneo que tampoco se señala como suele hacerse, porque, claro, los que están arriba son los capitalinos. Hace días fui testigo de un singular episodio en TN: se presentó el ranking de clubes a nivel mundial, pero la noticia era el puesto de Boca (quichicientos) y no que Estudiantes, hace tres años, no sale del top 10 de una lista que incluye al Inter, al Barcerlona, al Manchester… Apenas una mención al pasar a Vélez, y de nuevo a hablar de cómo ha perdido lugar Boca. Lamentable que el fútbol se mire desde esta óptica absolutamente parcial, que limita y moraliza el debate tremendamente, que proponen los medios por conveniencia y que se compra como si fuera la única verdad del fútbol.

viernes, 1 de abril de 2011

Cinco grandes y dos gigantes

Llegará el momento que se haga un sinceramiento en el futbol argentino. Siempre se ha hablado de cinco clubes grandes (River, Boca, Independiente, San Lorenzo y Racing) e incluso en años anteriores se ubicó a Huracán en ese selecto grupo. Había razones de títulos, público, permanencia en Primera División y jugadores en la selección argentina.

Hoy está claro que la situación es bien distinta. Al deterioro deportivo de los más poderosos se le agrega el esplendor que viven Vélez Sársfield y Estudiantes de La Plata. Campañas que los han posicionado en lugares mucho más altos que el resto. Campeonatos locales y copas internacionales han quedado en sus vitrinas. Pero hay un dato espectacular y conmovedor, al mismo tiempo. Cuando Juan Sebastián Verón decidió regresar a Estudiantes, se fijó como objetivo ponerlo otra vez en el primer plano local y en el exterior. Con Diego Simeone como un entrenador distinto y sorprendente y la capacidad de los buenos jugadores que poseía, le arrebató de atropellada el campeonato Apertura 2006 a Boca en un recordado desempate, aprovechando la defección del multicampeón que había armado Basile y que no supo conducir La Volpe.

Desde allí hacia adelante, hubo Copa Libertadores, una final perdida por un pelito con el increíble Barcelona, un nuevo título y el actual liderazgo en el fútbol local y la clasificación temprana para la segunda fase del torneo continental. Hicimos un trabajito sencillo que demuestra el concepto, que para eso sirven los números.

Tomando la iniciativa de sumar los puntos conseguidos por los equipos que han disputado los últimos nueve torneos y las fechas del actual certamen, confeccionamos una tabla general. Y se hizo desde el Apertura 2006 que fue el momento en el que Juan Sebastián Verón volvió a Estudiantes. En esa suma de puntos hay una realidad demoledora: Estudiantes 338 puntos, Vélez 296, Boca 293, San Lorenzo y Lanús 289, River 264, Argentinos 253, Independiente 247, Newell’s 245, Arsenal y Banfield 244, Colón 238, Racing 228 y Gimnasia 190.

En resumen: Estudiantes le lleva un torneo completo a Vélez (42 puntos) y supera por 45 unidades a Boca, por 49 a San Lorenzo y Lanús, 74 a River, 91 a Independiente, 110 a Racing y 148 a Gimnasia La Plata. Impresionante. También asombra la regularidad de Estudiantes: en los nueve campeonatos cortos nunca bajó de los 28 puntos. Haciendo un corte global, si tenemos 338 puntos conseguidos en 178 partidos jugados, eso significa 39 puntos por torneo. Y con 39 puntos se sale campeón o segundo.

Si lo ubicamos desde el lado de Vélez, que realizó una cantidad menor de contrataciones que Estudiantes y priorizó a muchos jugadores de sus divisiones menores en estos años, tenemos una ventaja mínima del Fortín sobre Boca, San Lorenzo y Lanús, pero una apreciable ventaja encima de los otros grandes: 22 sobre River, 49 más que Independiente y 68 más que Racing. En los últimos años renovó su estadio, posee instalaciones únicas en la Argentina para entrenamiento y concentración y mantiene la cotización y alto rendimiento de sus futbolistas.

A la gran cosecha de puntos los dos gigantes le han sumado una política acertada en materia de ventas y contrataciones. Para citar algunos ejemplos, Estudiantes dejó ir al goleador Boselli, a Clemente Rodríguez, José Sosa, Angeleri y Cellay en la última temporada y ahora se quedó sin Marcos Rojo y ya transfirió a Federico Fernández. Vélez hizo lo mismo con Somoza, Cristaldo, Rolando Zárate, Rodrigo López y Leandro Caruso. Mal, no les va. Acierto dirigencial, instalaciones adecuadas, apoyo societario, buenas divisiones inferiores, compras que no fracasan y ventas que no se extrañan. Recetas, modelos, para dos gigantes.


Por Alejandro Fabbri para 442

jueves, 31 de marzo de 2011

Pressing vs. tenencia

Es cierto que tras la metamorfosis bestial del inicio del ciclo del Toto, hubo un retroceso hacia el pragmatismo sabelliano. Mérito del entrenador, sin dudas, deponer su orgullo, escuchar, laburar con el plantel y no en el mundo de los discursos. Gran mérito, a la vista de la recuperación del orden y, a partir de allí, de la confianza, del carácter y de los éxitos para terminar con tanto luto.­

­
Empieza a entrarse ahora, hecho este paso evolutivo que esperamos definitivo, en cuestiones más finas. Ayer, en apariencia, se jugó "a lo Sabella": un equipo espectante, punzante con la pelota parada y armadito atrás. Pero en la práctica hubo diferencias clave. El Toto plantea un pressing que, si bien en los minutos iniciales se mostró efectivo y le dio protagonismo al Pincha en tierras colmbianas, con el correr de los minutos, y tras la mano estúpida de Benítez y el envalentonamiento posterior de Tolima, que volvió a la vida, provocó un estado de agotamiento colectivo y consecuentemente aparecieron los espacios para el Tolima, a espaldas de los fusilados pinchas que no podían volver tras salir a presionar arriba.­
­

Sin dudas que la mano cambió todo, y que sin ese penal probablemente Estudiantes hubiera controlado el partido, con o sin pelota. Sin embargo, no todo fue culpa de Nelson: la insistencia con una práctica tan desgastante en este tipo de partidos es algo a debatir. ¿Conviene seguir corriendo todo el partido, con las aspiraciones dobles de Estudiantes, con su plantel ya diezmado por el cansancio (justamente, cansancio producto de correr tanto)? ¿O es preferible esperar un poco más atrás y, una vez recuperada la pelota, tenerla, cuidarla, tocarla y descansar? Está claro que según los partidos, los rivales y los momentos, presión y posesión serán opciones válidas (también se debe tener en cuenta el plantel, y son varios los jugadores que se han visto perjudicados por esta tendencia al pressing: Mercado sufre que el equipo no acompañe sus subidas y no llegue con pelota dominada, depende de un uno contra uno que no tiene, y el vértigo lo obliga a perder mucho sus espaldas; Rorro y la Gata no son jugadores de presión, más bien son pícaros que saben cómo molestar y cuando pescar alguna pelota; Enzo tiene que correr mucho sin pelota, intentando tapar la salida, y el resultado es que va menos de medio semestre y se lo nota dolorido y agotado; se comprende el terreno ganado por LG, presionador por naturaleza). Se nos ocurre que en un partido que se jugó tras tremendo viaje, con jugadores cansados y mucho lesionado, con el resultado clasificando a Estudiantes, convenía esperar más atrás, manejar la pelota, enfriar el partido, tocar seguro, para los costados si hace falta, y correr mucho menos.­
­

Se reguló poco. Hubo que esforzarse mucho para conseguir el empate clasificatorio. Gran responsabilidad tiene el mamarracho que se mandó Nelson (pobre, le hemos pegado duro y parejo). Pero no fue quizás el modo preferible, el más inteligente, seguir yendo a buscar arriba y dejando espacios, generando semejante desgaste en un plantel que no se permite parar y aspira a pelear todo. 

Toda la cobertura del partido vs. Tolima en Contra Todos

miércoles, 30 de marzo de 2011

La reproduccion (II)

Ya hablamos en alguna ocasión de los intentos de copiar al Barcelona sin más. “Una solución europea a los problemas argentinos”, reza el subtítulo de la revista justamente denominada como el equipo de moda, y eso es lo que intentaron hacer desde la Selección y varios equipos del medio local (Gimnasia, River y Racing así lo han declarado, por ejemplo). En aquella oportunidad tratamos las imposibilidades estructurales de realizar tal mímesis. Ahora repetiremos un poco lo dicho allí, aunque hablaremos un poco más puntualmente del juego, en ocasión de los soporíferos empates del team Batista, aunque resulte imposible deslindar juego de estructura profunda, como se verá.
En verdad, lo único que imitó la Selección al Barcelona es el puesto en que puso a Messi. Poco, después, le ha salido como planeó y, para colmo, contra Costa Rica se ha visto que el equipo, sin Messi, es puro pase lateral e insignificante. Lejísimo del funcionamiento aceitado del equipo blaugrana, donde entra cualquier y cumple, donde todos son punzantes y pensantes con la pelota. Por supuesto, acá le daremos a Checho un poco más de crédito, porque ha tenido poco tiempo de laburar (¿es el mejor modo de jugar, dados los tiempos cortos de preparación?) y porque, en verdad, nos importa muy poco.
En cuanto al estilo, poco ha tenido de barcelonés, y mucho se ha parecido a eso que se cree buen juego en estas tierras: la famosa “nuestra”, llena de pausa y pase lateral, muy displiscente, dependiente de raptos individuales y sin ningún tipo de fluidez a la hora de atacar; ni hablar de un sistema de relevos y desmarques de la complejidad del Barsa, donde todo el tiempo se es protagonista y en ningún momento se pierde el equilibrio. Nada tuvo en común la movilidad de los albicelestes con la de los blaugranas, constantemente generando espacios y opciones de pase a partir de sus desmarques (lo cual explica bastante el picnic doble que se han hecho por Champions con el Arsenal, que marca en línea con una exasperante ingenuidad). Los jugadores, por más talentosos que fueran, jamás se encontraron: la inmovilidad y el deseo de cuidar la pelota llevó al mencionado sopor y a una falta de profundidad absolutamente opuesta a lo que propone Barcelona. La Selección juega en pausa.
Los jugadores sin dudas pueden interpretar el sistema (si bien es un sistema para la clase alta, también es cierto que es bastante democrático y se basa en la sistematización y el laburo), pero hace falta práctica, coordinación, automatización de pases, de paredes. Y también presión sin pelota y solidez y solidaridad en la marca: Argentina no tuvo nada de esto y se vio increiblemente desbordado por dos rivales menores.
Muchos espectadores se frustran porque sus jugadores predilectos (Pastore, Di Maria, Sosa, el propio Messi) no juegan según su potencial y se pierden en este nivel deslucido general. Pero sin desmarques, sin sociedades laburadas, no hay modo de engranar en algo que mas que un equipo, es la imitación superficial de un estilo, simplemente toqueteo, tiki tiki sin sustancia, para pasar el tiempo. Hay cuestiones de fondo, de crianza y de tiempo, está claro. Sin embargo, cabe la pregunta: bajo las condiciones que imperan, reales, ¿no será mejor imitar al Inter? ¿Por qué se supone que se trata de una indignidad? Hemos dado una respuesta en el pasado, aunque con la ceguera imperante… creemos que se queda corta.

martes, 29 de marzo de 2011

Las heridas


Fue un golpe al corazón. De todos, hinchas y jugadores: una poderosa angustia se apoderó de nosotros, que confundimos con bronca. Así sucedió al plantel, habitualmente medido, pero que desgarrado salió, en esta circunstancia como nunca antes salió a expresar públicamente su disgusto con la decisión que había tomado Don Alejandro Sabella, padre adoptivo de una criatura bestial, ganadora. Bajo su tutela el equipo había encarrilado su hambre voraz y se habia puesto al servicio del equipo a partir de una entrega emotiva que lo llevaba a jugar en cualquier condicion, en cualquier cancha.
Pero su salida (no especularemos acerca de los motivos) fue abrupta, y dejo una herida abierta en el pincharrata. El cuerpo de su capitán fue, durante unos meses, la fisonomía del equipo: herido, cansado de tanto andar, harto de tanta ignorancia, aunque siempre orgulloso y valiente para ponerle la jeta a la cosa. Y con el corazón sangrante se repuso a pura garra, a pura voluntad, a un momento terrible en la historia del club, “el peor momento de su carrera”, según graficó el enorme león Rodrigo Braña.
Hace un par de días nomas la Brujita habló por los medios y contó que se había acercado a Pachorra, intentando cerrar las heridas que dejo su salida. Luego hubo aquel encuentro público, con motivo del homenaje a los campeones del Mundo y del Apertura 2010. Sabella fue quien habló en aquella oportunidad, pronunciando tibias palabras que alientan aún más la esperanza de reconciliación y retorno. Caramelos para el corazón y curitas para las heridas de la familia pincha, que se encontraba entristecida, más que nada, por sufrir un conflicto en el seno de su familia, algo a lo que no acostumbra este equipo. Hace bien.
Los medios se quedaron con el título de tapa, relamiéndose en el morbo, comentando si Pachorra le dejaría preparar el supuesto asado reconciliatorio a Verón o consideraría que le quería quitar protagonismo, y otras cuestiones tan absurdas por las cuales a veces, como bobos, nos dejamos llevar.
Pocos levantaron el comentario que, el mismo dia de aquellas palabras de la Brujita, y acerca del mismo tema, realizaba el gladiador Braña. El Chapu, ídolo de todas las familias, confesó que la partida de Sabella había sido el golpe más duro de su carrera, para sorpresa de muchos, por sobre Abu Dhabi, por sobre la Recopa, por sobre aquella lesión que lo privó de ser mundialista. Y cuando le preguntaron si se marcharia del único club, verdaderamente, de La Plata, dijo que si bien se sentía cómodo, era algo para pensar, dado el fuerte desgaste que venia sufriendo.
La declaración preocupa. El Chapu, se sabe, es fundamental. Todo hincha de Estudiantes detesta al jugador que, obnubilado por unos billetes, por las vedetes y las tapas de los diarios, se va a cualquier club de los capitalinos o al Artico, abandonando proyectos y pensando que progresa. Decisiones de ese tipo dan bronca. Pero no es el caso, éste, el de Braña. Partícipe de las tres conquistas de la era Verón, el Chapu vivió una seguidilla verdaderamente endemoniada con este plantel. En 2008 se propusieron dejar de ser el eterno club expectante y llegaron a la final de la Sudamericana. La derrota obligó al orgulloso León a redoblar la apuesta y a apuntar todo a la Libertadores. Pero claro: Estudiantes arrancaba en repechaje y no hubo vacaciones. Resultados adversos obligaron a que, con el cambio de timón de Astrada a Sabella, Estudiantes jugara varios meses ambos torneos con la misma base, intentando conquistar la ansiada lata y salir del último puesto del Clausura. La conquista significó tocar el cielo con las manos para estos muchachos, pero luego el recambio no fue el adecuado y se afronto un semestre duro, que una vez más termino más tarde que para el resto, con la corajeada en Abu Dhabi.
Vacaciones, hubo pocas. En año de mundial, todos los fixtures se acortaron. Para colmo, Estudiantes, guapo como es, apostó a todo o nada y jugó cada tres días partidos donde se definía un pase de Copa o las chances de campeonar en el torneo. El cansancio, al final, nos dejó con “nada” al final (si eximimos de lo productivo la demostración de temple y osadía de aquel equipo). Entonces, empezaron las críticas de los que siempre andan agazapados, y también de los inconformistas de siempre. Los hay en cualquier club, es cierto. Pero parecían particularmente ingratos en este caso.
El Chapu no pudo jugar el final de aquella doble competencia: lo lesionaron, y lo sacaron también del Mundial. A su edad, fue sin dudas un golpazo. Llegó bastante justo a la reanudación de las competencias, donde soportó las duras caídas en Recopa y Sudamericana, y la lluvia de criticas y certificados de defunción que provocaron esas derrotas. Hay mucho periodista, se sabe, esperando, deseando que Estudiantes vuelva a mediocrear. Pero el año culminó con un trofeo, glorioso, místico, ganado contra todo, a lo guapo, y las sonrisas volvieron a las caras de un plantel estresado. Todo había valido la pena.
Si jugadores de más de 30 años soportaron el trajín, las críticas, el estrés de pelear todo, y jugaron lesionados, cansados, trabaron con la cabeza y concentraron cada tres días, perdiéndose de estar con su familia y vivir una vida cómoda como la que viven la mayoría de los futbolistas, fue, sin dudas, por el hambre de gloria que tienen estos tipos. También, claro, por el club y por sus carreras. Pero el que dirigió esa intensidad, el que indicó el rumbo y convenció a todos de seguirlo, fue Sabella. Pachorra encontró, cuando llegó al club, un grupo ganador y ambicioso, pero tendiente a la desconcentración y a la interna. Y les dio lo que necesitaban: una causa, por la cual luchar, por la cual dejar la vida. Estos jugadores eran tipos predispuestos al esfuerzo sobrehumano, y fue con Sabella quien los empujó a ese límite de compromiso. Fueron momentos verdaderamente emotivos para todos, para ellos y para nosotros, los hinchas, que sentíamos esa cofradía aún (o sobre todo) en los momentos de derrotas y frustraciones.
Pero entonces Sabella agarró y se fue. Sus razones permanecen envueltas en un manto de misterio, pero entendemos que seguramente ha tenido razón en cuanto a los argumentos (era un señor pensante, Don Pachorra), no así en cuanto al momento (mucho más, sin información, no puede decirse). Durisíma estocada al corazón pincha.
¿Y qué habrán pensado los tipos que dejaron la piel por la causa que les indicó Pachorra, que se infiltraron, que jugaron 8 partidos por mes, que pusieron siempre la cara, cuando a días del comienzo lo vieron partir? Podemos solo especular, pero seguramente, como dijo recientemente el Chapu, se trato de una decepción enorme: si quien indicaba el camino que justificaba el sacrificio, salta del barco antes de la batalla… quizás el camino no valiera tanto la pena. Sin dudas, han visto a partir de la salida de Sabella relativizadas sus creencias y han sentido que tal nivel de sacrificio no valia la pena, en definitiva. En palabras menos rebuscadas, seguramente varios deben haber pensado que era para largar todo, disfrutar con la familia, irse a jugar anónimamente, sin ningún tipo de presión o copromiso, a algun club de Mexico o de la Europa invisible.
A los rumores de una Brujita frustrada con la ola de trascendidos y todo el puterio mediático (del cual somos responsables, en parte) se suman estas declaraciones del Chapu. No deben tomarse como señales del Apocalipsis: el Chavo y el Chino se quedarán seguramente a vivir, la Brujita extraterrestre tiene varios partidos antes de volverse para Melmac, la Gata está chocho y muy místico albirrojo y hasta es probable que el Chapu se quede, una vez que se salga de la vorágine de los partidos cada tres días y pueda pensar (y le charlen). Ojalá también la refundación del equipo a la que asistimos le dé motivos y esperanzas dentro de la cancha.
Por lo pronto, el corazón del equipo se encuentra nuevamente herido, producto de la sobrecarga de minutos (ruptura fibrilar: tiene para 3 semanas, es decir, 5-6 partidos…), y no viaja hacia tierras colombianas, donde Estudiantes se juega mucho (inclusive, la posibilidad de tomarse con soda el último compromiso del grupo: parece menor, pero está claro que el nivel de competición en que se maneja el club recibe cada minuto extra de descanso, físico y mental, como una bendición). La delegación que partió a tierra cafetera lleva apenas dos delanteros, debido a la lesión de Gastón Fernández: pronto también el veterano Rorro y el sacrificado González comenzarán a sentir el cansancio y mermarán, mas allá del riesgo de lesión, su rendimiento. Entre los convocados no estará Roncaglia, suspendido, y Ré se halla apenas recuperado y no va de titular: como resultado volverá a experimentarse con Nelson Benítez en la zaga central (la defensa no tiene, entonces, más recambio que echar mano a juvneiles). Estudiantes no es un equipo que tenga la posibilidad de juntar planteles largos y de jerarquía, y la doble competencia que elige, con valentía, por hambre de gloria, afrontar, como se ve es sumamente desgastante física y mentalmente.
Me gustaría entonces que se tome todo lo balbuceado aquí como una razón para, durante este semestre, duro emocionalmente y de transición técnica, apostar solo por una competencia, y relajar asi las pesadas cargas físicas y sicológicas que vienen sufriendo los referentes. Hace 5 años clasificar a la Copa era casi utópico, y hoy no se puede bajar del cuarto puesto... Preferible sería una apuesta a la rotación a partir de la incorporación de los interesantes juveniles que han ido surgiendo (Cardozo, Hoyos, Auzqui, Carrillo y algunos otros todavía muy jóvenes), aceptando una merma en el nivel y en las expectativas, pero recibiendo a cambio la maduración de los jugadores que enriquece al plantel y, de cara al mercado de pases, permite que no se necesite incorporar tanto y, de paso, que en algún momento entre dinero en el club.
Y ojalá todo esto sea tomado en cuenta por algunos hinchas (que en mi opinión no representan en absoluto al hincha medio pincharrata, solo que son los mas “visibles”) para bajar su nivel de exigencia, dejar de llamar quejosos a las radios y de escribir iracundos en los foros con nimiedades de la cotidianeidad, que no aportan absolutamente nada salvo descontento; y simplemente apoyarlos (se lo han ganado con creces), ir a la cancha, aplaudir a los nuestros, y disfrutarlos. Disfrutar este momento no implica relajarse en los laureles. Los jugadores de Estudiantes, se sabe, son incapaces de ese relax.

Columna publicada en www.edelpcontratodos.com.ar

miércoles, 23 de marzo de 2011

La impostura del DT lirico

Esta obsesion por volver al enemigo el peor de los peores y dividir la vida en dos bandos no es un invento del diario Clarin. Lleva siglos de practica, y es, de hecho, la marca de lo que se conoce con cierta ambigüedad (y a partir, una vez mas, de una división dicotómica) como “sociedad occidental”. Siempre en la historia occidental el enemigo ha sido el barbaro que interfiere con la civilización (que es, desde ya, la civilización y el conjunto de valores propios, nunca ajenos). Juntar adeptos para estigmatizar a las minorías resulta sencillo, sobre todo cuando la opinión emitida se hace desde los canales legitimados (medios, libros, inclusive muchas veces la ciencia). Nunca traen demasiado bien estas dicotomías, y en general generan matanzas en nombre de ideologías que esconden intereses siempre económicos (por ejemplo, la guerra civil yanqui o la campaña contra los indios acá). Y sin dudas el peor mal que provocan es que, en un arma de sutil dominio, generan en el “otro” una elección falsa, entre defender y resignificar su “barbarismo” o aceptar la superioridad natural del otro. Asi funciona el futbol también, analizando todo a partir de una falsa dicotomía y siempre desde el lado de los buenos. Verdadera estulticia la de los medios, violencia que genera la defensa simbolica de nuestra cultura, sucia y guerrera. Daremos batalla, claro, aun cuando sepamos que somos mucho mas que la manga de inadaptados que quieren hacernos creer que somos.
Como influye toda esta perorata en la realidad? Bueno, en casi todo (hemos visto ya muchos aspectos del futbol ensuciados por esta lógica destructiva). El rubro DT no queda exento: resulta que los clubes han tenido, desde la pelea entre Menotti y Bilardo, dos opciones a la hora de contratar técnicos. Podias traer un tipo menottista, complacer diarios y parcialidades que gustan de ser políticamente buenos y bellos y seguir la moral cristiana. Las marcas de este tipo de DTs era, y sigue siendo, desmerecer el laburo y privilegiar el talento (y la suerte, que también sirve de excusa en la derrota). La otra posibilidad era traer a un tipo bien pragmático y ganarse el antagonismo de todos (incluso de los propios) aun en la victoria. En nombre de la coherencia y la justicia, diremos que si bien en un caso se necesita mucho mas material humano que en otro (lo cual significa que hay que comprar jugadores y gastar mas dinero), de ambas maneras se puede ganar con trabajo y convencimiento (mas teniendo en cuenta el nivel del futbol local).
Y entonces apareció el recambio, los técnicos jóvenes que llegaron de la mano de los nuevos dirigentes. El nuevo milenio. El fin de las dicotomías de la mano de dirigentes que maman lo estético y lo practico por igual, adecuados a los tiempos del superprofesionalismo pero, moral pequeñoburguesa de por medio, creyendo importante regalarle al hincha un rato de hermoso futbol (es decir, distraerlo de su realidad en lugar de enseñarle a mirar futbol, en sus distintas formas, y de paso dar un ejemplo de rebeldía contra el status quo; modo guerrilla zurda off, el tema ha sido tratado en extenso recientemente). Líricos, que laburan. Hijos de Holanda, los Bielsa, los Guardiola. Bien europeos, sitio donde el fútbol espectáculo se necesita para atraer espectadores teatrales a los estadios, pero ganar no deja de ser importante, dado que, gracias a dios, se come menos vidrio que aca en los aspectos que hacen al deporte.
No dejamos de verlo como una mejora. Pero, por que, en el momento en que algunos medios ya se dan cuenta de lo insostenible del discurso lirico fundamentalista, la solución tiene que ser esta especie de síntesis falsa? La nueva ola de técnicos jóvenes con discursos excesivamente verbados y correctos y nociones pacifistas y bondadosas es una clara demostración de que se ha impuesto, a la fuerza, una solución que nada soluciona. Se agregan, inevitablemente (“el progreso”, es decir, la eterna mania de copiar lo europeo sin analizarlo demasiado), cuestiones tácticas a la labia de la estética por el hincha, y eso debe ser una especie de síntesis ideal. Pero los equipos siguen sin aprender a defender, intentan jugar bello y guapo y continúan, claro, perdiendo contra equipos que además de realizar la misma apuesta, la realizan con mejores jugadores (los que hace un tiempo jugaban para ellos). Nadie ve la falta de paridad que hay en las ligas europeas? Gracias a dios la condición orillera nos permite evadir bastante “el progreso”, aunque lamentablemente no se genere al mismo tiempo un avance de una condición futbolera sudaca bien peleadora y contrahegemonica, sino una mezcla de progresismo bienpensante (el bielsismo, digamos) y berretez y mediocridad defendida como talibanes. El camino no es, sin dudas, uno que sigue perpetuando las mentiras de siempre que permiten que ganen siempre los buenos. El futbol no tiene ninguna obligación de ser bello, y el respeto del hincha se consigue dejando la vida como amateurs, y no toqueteando gozadoramente para nada. El deporte forma valores en el esfuerzo y la hermanacion, no en la mentira y el escudo discursivo, no en la rendición ante los obstáculos o ante el rival “naturalmente superior”. Estos supuestos “valores” que surgen de la estetizacion del futbol continúan ampliando brechas en lo que es la sociedad del futbol, entre ricos y pobres, y continua, lo que es peor, desinformando, anti-educando, desvirtuando el futbol y estupidizando al espectador, que de un hincha que participa activamente en la política de su club, que mira y desglosa partidos y que aprende cuestiones técnicas, se va convirtiendo cada vez mas en un espectador teatral que sabe poco del juego y espera no ganar sino ver ese taquito hermoso que va a tirar el 10 en algun momento.

martes, 22 de marzo de 2011

Estudiantes busca su Mangano

Recientemente los hinchas recordaron emotivamente al gran Mariano Mangano, presidente y arquitecto del Estudiantes campeón de todo, al cumplirse 99 años de su nacimiento. Sé que mucha gente lo tiene presente constantemente y lo recuerda con orgullo y tristeza: sin embargo, también se que muchos apenas lo conocen de nombre y poco saben de su ejemplar obra y su bonhomía. Un olvido que ya da sus frutos.
Las dirigencias de este milenio no han sido el monumento a la catástrofe que algunos pintan. Sus políticas en materia económica han sido conservadoras y coherentes, y bajo ellas el club ha crecido estructuralmente de modo sostenido durante esta década, reviviendo un club de edificios abandonados y números en rojo. Se le reclaman algunas cuestiones en materia deportiva (el tema de los refuerzos, puntalmente, y de ciertos gastos que en el contexto de una economía austera se debieran haber evitado), cuestiones que siempre son bastante relativas y eternamente las mas discutidas por su visibilidad; y también se le reclaman varias turbiedades que, gracias a la oscuridad que rodea el futbol, se basan en presunciones y rumores a menudo y generan un clima desestabilizante, que quizás sean el objetivo detrás de quienes dicen estas cosas en voz baja y corren para no ser identificados. Se reclama también, a menudo, la comodidad con la que el club se ha instalado en el Estadio Ciudad de La Plata después de un lustro donde el hincha se banco, con su plata y su tiempo, viajes y el exilio pensando que luchaba para conseguir su cancha. Finalmente, cansado, también el hincha se  contentó con poder jugar sin viajar.
La construcción de un estadio es, desde ya, un gasto capaz de fundir un club si no se realiza de modo responsable. En el corto plazo, aun si no mediara una decisión judicial que impide que las obras se lleven a cabo, es irrealizable. Los dirigentes se han amparado en esta imposibilidad económico-judicial para, directamente, bajar los brazos, sugiriendo para colmo una falsa dicotomía: para hacer el estadio, necesariamente debe perjudicarse el proyecto deportivo. Ningún plan que permita la recaudación a largo plazo del dinero necesario y que no ponga en riesgo la economía del club se ha propuesto. Si el fallo judicial resulta favorable, recién entonces comenzara la planificación concreta, si es que no se declara imposible e inútil antes de empezar.
Estudiantes habrá perdido entonces todo este largo periodo en el exilio por nada,  dado que ninguno de sus dirigentes, que saben que no estarán en sus cargos para ver terminada la cancha, ha sido capaz de sortear las trabas y proponer desde el ingenio el modo de asegurar en el futuro la terminación de las obras en 1 y 55.
Y entonces, volvemos necesariamente a Mangano. Mariano Mangano fue un tipo ambicioso e innovador visionario. Levantó a Estudiantes de la mediocridad a partir de la implementación de un ambicioso proyecto de inferiores que culminaría sirviendo de base para el equipo de Zubeldía. La masa societaria creció exponencialmente. Y fueron ellos los que pagaron por parte del predio de City Bell, sueño delirante del presidente vuelto realidad gracias a una ingeniosa estratagema. La otra parte la pagó, con su propio dinero, Mangano.
Durante su vida, aquello no fue más que una estancia prácticamente pelada. Pero su invaluable aporte es parte del patrimonio del club, gracias a que supo apostar al largo plazo. Mangano fue un presidente comprometido con el presente, pero también con el futuro del club, y todo lo hizo en pos de que el club continuara creciendo aun sin él. Hoy, Estudiantes necesita un presidente que no se pierda en la trifulca política o en los tecnicismos del número e ingenie soluciones concretas para el futuro en pos de continuar creciendo. Un tipo comprometido y de bien, como Mariano.
Inmediatamente, uno piensa en Sebastián. La Brujita, hace pocos días, prometió que intentaría cumplir el sueño de todos: el regreso a casa. Los rumores de siempre, en los pasquines de siempre, han puesto varias veces en duda su deseo de construir la cancha. Verón comprendió la imposibilidad del regreso en el corto plazo a uno, pero no por eso olvido que allí esta su hogar. Sus palabras no pueden sino ilusionar al hincha.
Pero para que Verón se convierta en dirigente falta tiempo. Aun tiene mucho por dar en el no tan verde césped en el que jugamos, y luego, si el estatuto se reforma, tendrá que esperar un periodo para postularse. Seguramente ganara, aunque sería importante que lo hiciera sin la compañía, por ejemplo, de tipos como Pires, con el sencillo objetivo de trabajar de modo transparente y de no alimentar rumores que perjudican, antes que nada, la estabilidad del club. La Brujita, ser luminoso y multiplicador de panes, apasionado pincharrata, inteligente e ingenioso, tiene el potencial para completar su obra como el ser más preponderante en la historia de Estudiantes convirtiéndose en el presidente que necesita Estudiantes, un tipo comprometido, ambicioso, osado, como lo es Juan Sebastián Verón. Y pareciera designado por el destino a guiar al club de vuelta, después de largos años de odisea y aventuras, a nuestro humilde hogar, la que tiene la cancha inclinada, la que vio jugar a los Profesores, a los campeones de Don Osvaldo y del Doctor, la que nos vio ascender con toda la gloria, la Tierra de Campeones. Mientras tanto, será menester no recordar al ilustre Mariano Mangano solo un día al año, sino tenerlo presente siempre, como ejemplo que es de cómo deben actuar los dirigentes de Estudiantes de La Plata.

Publicado en Contra Todos

lunes, 21 de marzo de 2011

CONTRA TODOS: el manifiesto

Señores, nace un nuevo sitio del Pinchita que me involucra: CONTRA TODOS. Ergo, todo lo que sea seguimiento de partidos, seguramente será, salvo en casos particulares, posteado allá. No así las columnas, que reproduciré acá sencillamente por una vanidosa necesidad centralizadora. Aquí, la columna de apertura. NOTA: LA VAMOS A DESOCER TODA.



Hace ya un tiempo, un equipo caminaba por un túnel que retumbaba, hacia un estadio que bramaba de ira. Las paredes atenuaban el sonido ensordecer de la multitud iracunda, pero el túnel terminaba, y los esperaba un clima de fin del mundo. Decenas de miles, cuando saltaron a la cancha y sintieron el poderoso griterío histérico en su total potencial, los escupían, los puteaban en ingles, o en un idioma incomprensible hecho de saliva y balbuceo. Rabiosos, enardecidos con el vil, monstruoso, tramposo enemigo del cual escucharon hablar por radio y del cual leyeron en los periódicos amarillistas: allí estaban los barbaros, los sudacas sucios. Los malos de la película.
“Animals!”, clamaba la multitud. Las bestias daban flores a los hinchas y recibían insultos, ciegos por la desinformación, ciegos al punto de ver lo paradójico de su comportamiento, tan lejos de los buenos modales que pretendían defender frente a estos barbaros de casaca blanca acostumbrados ya a estos tratos, a la hostilidad, a la incomprensión. No los conmueve entones la caldera infernal que es Old Trafford. No hay por qué estar intranquilos, además: se laburo como nadie para llegar donde se llego, desde donde se llego. Y Don Osvaldo ya les dijo que el partido terminaba empatado en uno y la copa viajaría en avión con ellos, hacia nuestro hogar.
Todos los hinchas del futbol piensan que sus clubes son únicos. Pocos lo son. La mayoría, en las buenas y en las malas, acepta su lugar y se acomoda a las convenciones del futbol. Acepta la supremacía de varios equipos, esporádicamente saca pecho y mete alguna victoria de tapa de diario y olvido posterior, y muy de vez en cuando se lleva algún titulito que nada perturba. Perpetuán así los mitos creados desde los medios para atarlos a la derrota, a la sumisión, a la inferioridad. La mayoría no discute el poder; ni siquiera discute de futbol.
Pero Estudiantes si es distinto. Es distinto porque discute con los grandes. Y porque discute, es un equipo con fama de peleador, de sucio: porque molesta, se ha ganado la enemistad de todo el mundo del futbol. Estudiantes es el malo de la película. Sus condiciones naturales no lo hicieron bueno y bonito, y entonces se rebeló: su rebeldía no fue discursiva sino real, tangible, llevo a un equipo chico por primera vez a la cima del país, y luego a lo más alto del mundo, rompiendo la hegemonía de décadas y convirtiéndose en un equipo absolutamente irritante, subversivo. Más aun, cuando sostuvo sus actuaciones a lo largo del tiempo, robándose a menudo glorias destinadas a los grandes y buenos. Y lo hizo a puro tesón y trabajo: su arma, como la de cualquier villano, no son sus poderes especiales, sino su inteligencia. Estudiantes, desde Osvaldo hasta acá, ha estudiado el futbol, sus modos, sus estrategias, para lograr imponerse a pesar de sus falencias. Estudiantes es una escuela en el sentido más literal, menos metafórico del término: es un club donde se enseña y se aprende futbol, en lugar de adherirse a los mitos convencionales que explican que el futbol es improvisación y magia inexplicable. Las enseñanzas de Don Osvaldo sirvieron para la emancipación de los menos afortunados del mundo, fueron, verdaderamente, una revolución. Y entonces la amenaza que representaba Estudiantes de La Plata llegó a un punto insoportable, resultando en campañas de difamación verdaderamente burdas que aún hoy, cuando este equipito capitalino les roba todo el protagonismo a los corruptos clubes capitalinos, siguen vigentes.
Y si desde Osvaldo hasta hoy hubo momentos donde se extravió el camino, donde se multiplicaron jugadores de paso que poco sabían de estas cuestiones y técnicos en absoluto idóneos, aun entonces el germen de este ideal que nos hermana hasta la muerte permaneció durmiente, expectante.
Y si así fue, es porque el hincha de Estudiantes también es diferente. El hincha albirrojo mira futbol, no resúmenes; conoce de tácticas, analiza partidos y estudia a sus rivales. No soporta el “ole”, y sabe que las defensas son la clave para el éxito en un equipo que no puede robar estrellas ascendentes a clubes más pobres: atesora en su corazón el arte de la defensa, y explota en un alarido de júbilo cuando se suceden una, dos, tres trabas violentas. “Estudiooooo, Estudiooooo”… Él ha protegido, cuando no lo hizo la institución, el legado del club. Él transmite a sus hijos el patrimonio que hace a este club único y orgulloso.
Y cada nueva epopeya sirve de ejemplo, alimenta la leyenda, mantiene la llama viva. Y como los padres transmiten a sus hijos las historias épicas que, no por casualidad, son llamativamente numerosas y cada vez más emotivas, así, del mismo modo, las generaciones de jugadores viejas transmiten a los nuevos que significa Estudiantes, esa familia que es Estudiantes. El Doctor y Manera se lo inculcaron a chicos como Russo, Sabella, el Tata, por allá en el 82. Ellos hacen lo propio hoy, mientras adentro de la cancha los Verones, los Desabatos, los Alayes, no permiten que las historias se conviertan en nostalgia bohemia de cafetín. Y cuando ellos no estén en la cancha, y quizás haya habido un descalabro institucional, y los pibes más jóvenes den sus primeros pasos en la cancha viendo equipos absolutamente berretas y deprimidos, entregados a la superioridad de los otros, entonces el hincha será el encargado de proteger el sagrado patrimonio de la inteligencia, la humildad y la hermandad, la historia de Estudiantes de La Plata.
Y mientras todos continuemos hermanados, cofrades infames custodiando la mística, daremos batalla en cualquier lado del mundo. Aunque los pasquines nos den por perdedores y nos insulten con motes ignorantes, aunque los árbitros señalen siempre hacia nuestro arco, aunque los estadios bramen y escupan lava. Y siempre será así. Estudiantes contra todos.

Publicado en CONTRA TODOS

domingo, 20 de marzo de 2011

Libia: un comentario zurdito-conspiranoide. Yanquis go home, PUTOS

Estallo "la guerra". Es decir, la invasion unilateral que realiza un pais sin intereses (blanqueados) en los asuntos de otro, con el supuesto objetivo de restablecer la libertad, de liberar al pais cual mesias de su cruel dictador, el mismo que hace poco fuera carismatico socio.

He vuelto otra vez a pensar como un adolescente, todo el tiempo, “yanquis putos”, con una iRRRRitacion total y cegadora. Porque pensemos que Gaddafi es realmente el nuevo Hitler que los medios multinacionales quieren pintarlo. Supongamos que no son ellos los que lo pusieron ahi, y los que hicieron negocios petroleros con el y toda la bola (inclusive Libia fue miembro de la ONU, si no me equivoco, hasta reciencito), antes de satanizarlo y volverlo el peor enemigo de la humanidad. Supongamos tambien que el levantamiento popular es absolutamente genuino, que estallo en todo el norte de Africa a la vez de forma espontanea, como los saqueos de diciembre de 2001, y que de casualidad la poblacion tenia en sus casas aviones, ametralladoras y demas, es decir, supongamos no solo que estos rebeldes no estan siendo financiados sino que supongamos que son guerreros pacificos y justicieros de la libertad. Supongamos que una vez derrocado el gobierno de este señor malo, las tropas aliadas van a retirarse en lugar de instaurar un gobierno “amigable” y “democratico” para “pacificar” y “reconstruir” el pais (discurso estandar para colonizar), y que la reconstruccion no van a realizarla las empresitas de siempre, y que los prestamos para la reconstruccion no van a hacerla los banquitos de siempre, todos curiosamente anglo-norteamericanos. Supongamos que la deuda contraida para la reconstruccion no va a deribar en tratados extorsivos por la explotacion del petroleo libio. Supongamos todo esto.

Pero por que carajo tienen que ir estos tipos, todos indignados, a proteger los derechos humanos a la loma del orto? Quien los nombro los justicieron de la paz, los protectores de la humanidad? La pelele ONU, para colmo, titere de Estados Unidos como decia Peretti en Los Simuladores, increiblemente estuvo de acuerdo con el ataque! Con que fundamentos? La ONU jamás jamás desaconseja este tipo de invasiones absolutamente ilegales, hechas sin fundamento y sin ningún tipo de pertinencia, porque que tienen que ver los asuntos de Libia (obviados durante como 40 años) con EE UU? Una sola vez recuerdo que la ONU, quizás porque ya era mucho bochorno, no acordó una invasión yanqui. Era contra Irak, creo. Invadieron igual… y la ONU no hizo nada. Creo que es claro que si no seguís las reglas de un organismo regulador, tenes que dejar de pertenecer a ese organismo.

Hoy por hoy, Estados Unidos es sin dudas el pais que mas infringe los derechos humanos, sobre todo en estas guerras absolutamente ilegales y eufemisticas. Mas que cualquier lider carismatico, mas que cualquier dictador “designado por dios” (muchos de los cuales son aliadas, inclusive financiados mientras someten a su pueblo, por diferentes chanchuyos relacionados con explotacion y guita, pla-ti-ta). Ellos, estos yanquis putos, como pueblo tambien se creen designados por dios (lo prueban los nombres absolutamente mistificantes de sus operaciones -esta se llama Odisea del amanecer, ja!-) pero tienen armas y te van a hacer cagar si te interpones en su camino divino. Y me parece evidente que hay un grupete conspirativo de personajetes oscuritos que andan manipulando todo ese morbo mesianico para sus propios intereses. Pla-ti-ta.

lunes, 14 de marzo de 2011

La tercera via

Hemos hablado mucho del modo aristocratizante que domina la apreciación del futbol, y los motivos (económicos, pero también ideologicos) que generan un efectivo contagio de estas ideas entre todos los sectores de la sociedad. Mas de una vez hemos afirmado nuestra simpatía hacia una ambigua oposición, pero hoy procuraremos no solo escindirnos de ese lugar opositor y comenzar a sentar las bases hacia una tercera via, la que lleve hacia la irrealizable utopia de un futbol hecho nada mas que de pelota.
La via opositora nace como una consecuencia natural a lo opresiva que resulta la ideología aristocratizante, que pretende dominar todo y a medida que progresa su dominio, vuelve el dominio de los clubes grandes mas irreversible. La oposición es por ende radical, violenta y orgullosa, peleando por la liberación de los mitos del futbol. Y es ese nuestro punto de partida. Sin embargo, producto de la confrontación, también su apreciación del futbol se ha vuelto absolutamente fundamentalista, ciega a ideas nuevas, tan conservadora como los modos de ver y perpetuar el status quo de la rancia aristocracia del futbol. Por supuesto, han entrado en terrible batalla ideologica: si la oligarquía, amparada por los grandes medios clarinistas (Ole, Clarin, TyC), promueve un futbol de mitos y desconocimiento, un futbol-espectaculo de taquitos para la gilada,  la oposición pretende que se hable de futbol y nada mas (el canal cabecera, Fox, transmite bastante mas futbol que su par clarinista, sobre todo pos Futbol para todos), y en el proceso se vuelve resultadista[1], exitista, simplista en cuanto a que las verdades las maneja quien gana. En verdad, la ideología opositora se vuelve tan extrema que, por supuesto, genera otro mito, relacionado con el imaginario burgues (importancia del tiempo, del dinero, el éxito como medida) por lo cual, por supuesto, es entendible la guerra sin cartel que se sucede entre ambos sectores, pugnando por el poder. Muchos se pliegan, simplemente, por cansancio de la impostura mistificadora aristocratica, en reacción a su opresión simbolica.
El problema surge cuando el publico cree que, porque son los únicos modos de apreciar el futbol que pueden verse por televisión, son los únicos sistemas de apreciación existentes. Es decir, rápidamente el espectador simpatiza con uno o con otro extremo, se alimenta de mitos que deforman la interpretación del futbol. El mesianismo de ambos grupos resulta en fuertes presiones para ser parte de una de ambas ideologías (mi futbol o el apocalipsis), pero sin dudas el peor aspecto es que las presiones, en verdad motivadas por cuestiones económicas y de poder (lo cual es redundante aclarar), se realizan en nombre “de la gente”, del interés de los clubes, de las instituciones: ya hemos hablado sobre la peligrosidad de este procedimiento y los intereses que oculta. Los únicos intereses que se defienden son los propios, y en este caso, el interés de la hegemonía burguesa no reconoce a menudo proyectos y abandona el apoyo en la derrota: en ese momento las cámaras de TyC y de Fox por igual invadirán concentraciones, analizaran a matar cada error pequeño y transformaran circunstancias en crisis, solo porque vende. Sus intereses no son los nuestros, sino los intereses propios del mass media: trabajar con calma bajo esta ideología se torna, en definitiva, insostenible para clubes mas chicos, a los cuales les resulta complicado hilvanar una seguidilla de victorias. Si no hay ideología (es decir, si impera la ideología del resultado), no hay proyecto posible.
La guerra ideologica entre burguesía y aristocracia lleva siglos (aun cuando, finalmente, hermanan sus objetivos y todos forman parte del poder hegemonico), atraviesa muchos aspectos de la sociedad hoy: por ejemplo, la oposicion entre inspiración y trabajo, entre civilización y barbarie y demás mitos fundantes de una identidad; no solo en Argentina, sino en todo occidente es común esta dualidad originaria. Pero es importante resaltar que ambos son modelos clasistas, con potencial para someter por igual a los pobres, de obligarlos a practicar un futbol improductivo, para entretener a una audiencia burguesa/aristocratica y amasar fortunas, o para alcanzar un éxito intrascendente, momentáneo, que no cuestiona de ningún modo el estado de cosas.
El único modo de evadirnos de estas lógicas (en la medida de lo posible, pues nos atraviesan a todos) es a partir de la educación. Mirar futbol, estudiar futbol y apagar los programas de opinión y desinformación que guian la interpretación y desvían la atención de lo importante, lo estructural. La educación es la herramienta de la emancipación.


[1] Me gustaria realizar una distinction basica acerca del concepto de “resultadismo”. brevemente, existen dos nociones en principio similares pero en verdad opuestas, a las cuales se les atribuye el vocablo: por un lado, el citado resultadismo exitista, que analiza el juego a partir del resultado final; por el otro, el resultadismo desmitificador, que busca de cualquier forma alcanzar el resultado. Mientras el primer concepto funciona como modo de cesgar la interpretación, de disminuirla a su minima expresión, de volverla sencilla pero irreal; el segundo concepto funciona como motor de los equipos para explorar todo tipo de herramientas, aun las moralmente condenadas, en su búsqueda por alcanzar el objetivo final del juego, que es el resultado. La primera es una herramienta interpretativa cercana al fundamentalismo, y no debe confundirse con la segunda, que no es un modo de apreciar el juego sino un modo, desprejuiciado y contrahegemonico, de jugarlo.

domingo, 13 de marzo de 2011

El opio de las masas


Hemos repasado en numerosas ocasiones ya los modos aristocraticos de concebir el juego, y nos centraremos ahora en su relación con el espectáculo. En un articulo reciente describíamos el espectador que pretenden los poderosos para este nuevo futbol mercantilista, de palcos y estrellas de cartel, donde el juego interesa mucho menos que las ganancias. Por lo tanto lo que se vende no es el juego, sino el espectáculo: los casos del Real Madrid y los equipos ingleses alimentados de narco y petrodólares son manifiesto claro de que lo que se busca es vender camisetas y publicidad, y no alcanzar la gloria.
El futbol espectáculo es un negocio, sencillamente: el espectador debe pagar la entrada, comprar el souvenir y atender al show. La lógica del deporte queda deformada, y no extraña entonces que las interpretaciones (periodisticas o personales) se deformen y confundan continuamente cuestiones estéticas con cuestiones deportivas.
Y entonces el futbol muestra la hilacha: su potencialidad de espectáculo, de “futbol-espectaculo”, ha facilitado el uso del futbol por parte de la política. Se trata del conocido “pan y circo”, el dominio de las masas a partir de las distracciones. Si hoy en dia los estudiosos en la materia nos alertan sobre el alto contenido de simbolismo nocivo y aristocratizante en películas y videosclips, cabe decir que sucede lo mismo en el futbol, y en cualquier espectáculo masivo.
El espectáculo, la apreciación pasiva en busca de un beneficio frio, estético, es sin dudas el opio de las masas. Se opone diametralmente a la educación. Las propagandas bienpensantes y progresistas que hoy en dia muestra Futbol para todos muestran un ideal estructuralmente opuesto al modo en que el futbol es utilizado por el Gobierno: por mas que haya clubes que fomentan la educación, el sistema fomenta el espectáculo. En lugar de promover el deporte, que es un modo valiosisimo de formar a los jóvenes en valores sanos, de sacarlos de las calles, de dotarlos de herramientas para afrontar la vida (es ese el valor del deporte, y del futbol, frente a la sociedad, en definitiva), promueve la visualización pasiva del deporte, el Futbol para todos seguido de su profundización, el Deporte para todos. Y en lugar de aprovechar potenciales ganancias publicitarias para reinvertir en el deporte y su desarrollo, se usa el espacio publicitario para promover al propio gobierno, lo cual demuestra a las claras este lazo entre espectáculo y política[1]. El espectador pretendido entonces es el espectador que no analiza sino que mira, el espectador pasivo, que no participa. La influencia del deporte en la ciudadanía genera (sobre todo a partir del nuevo programa de futbol) un ciudadano pasivo, opiómano.
El futbol espectáculo genera, entonces, no solo el mencionado destierro del hincha tradicional de los estadios y la formación de un espectador teatral, sino también los llamados “self appointed defendors of the status quo”: aquellos que defienden la ideología del establishment sin saberlo, por motus propio e imaginando que se defienden a ellos mismos, a su integridad y a su “gusto personal” legitimado por el “arte”, por la belleza del espectaculo. Estos defensores pueblan los medios y los bares, y discuten a muerte, inclusive insultando las perspectivas que no incluyen la belleza y el espectáculo en su modo de ver el deporte. Pronto hablaremos de la oposición fundamentalista y su funcionalidad al plan hegemonio: lo primordial es abandonar la postura belicista, confrontativa, fundamentalista que acorta nuestras visiones. Y hablemos de futbol, pensemos el futbol, el deporte, el proyecto, eduquemos nuestras mentes y nuestros hijos, único modo de emancipación de este circulo vicioso. El abandono total de las creencias será siempre imposible, pero por eso mismo debemos ser abiertos y humildes, escuchar: creemos haber descripto los peligros que entrañan las conciencias creyentes en sistemas cerrados de interpretación. El peligro de perpetuar el status quo.


[1] El opio funciona como metafora perfecta, dado el conocido uso de la droga que hacen los paises poderosos sobre los paises pobres, vaciandolos de future a traves del trafico sistematico.

viernes, 11 de marzo de 2011

La dominación simbólica

La propagación de los valores aristocraticos se hace siempre “en nombre de los intereses del pueblo” o, mas sencillo, “por la gente”[1]. El futbol no esta exento, y bajo la muletilla “el futbol que le gusta a la gente” se fuerza a la sociedad a asimilar los propios conceptos que los someten. Pensamos que si jugásemos realmente bien, de modo artistico, podríamos ser dignos y competitivos: por supuesto es una falacia. Eso es lo que pensamos desde nuestro punto de vista establecido (de establishment), hegemonico, y es desde ya un modo ingenuo de ver lo que en realidad es un espiral de polarización de la riqueza, los recursos y la dominación.

Esta dominación simbólica que deviene material se perpetúa a partir de la culpa que genera no ser "dignos" en el "arte" del fútbol, habitual proceder de los sometedores (incluso de los abusadores). La culpa empuja al club chico a la autonegación de sus posibilidades (es decir, a mantenerse sumiso e indigno) y aceptar toda penuria que corresponda a su estado dominado (desde la explotación de sus divisiones inferiores hasta las derrotas constantes y la falta de competitividad) por su "indignidad". También empuja, claro está, a intentar ser digno y caer en manos de quienes más recursos manejan y, por ende, más se benefician cuando el juego se torna acerca de las individualidades. 

 La operación incluye la condena y expulsión del otro futbol: se convierte en el anti-futbol, el no-futbol, y esta condena, por un lado, veda la utilización de estos métodos “anti” y genera, por el otro, una confrontación fuerte. El enemigo se vuelve rápidamente igual de fundamentalista y entre ambos alimentan el fuego de un deporte ya tensionado por los tiempos y las presiones del dinero y el éxito, y las presiones sociales que sufren las hinchadas: las tensiones seculares se transforman, mediante la inserción de esta falsa dualidad ideologica, en tensiones propias del deporte que deben defenderse como se defiende a la madre.

Por qué hablamos de falsa dualidad ideológica? Porque es evidente que el modo de jugar promovido desde los medios masivos no es el que ha aplicado históricamente la aristocracia, que ha sido, históricamente, el ejemplo que demuestra la eficacia del fútbol-espectáculo. Si hoy por hoy quienes mantienen estas posiciones pueden decir, oportunistas, que haberse desviado del camino ha llevado a los grandes a su calamitoso estado, no hace falta más que inquirirles sobre el actual estado de Huracán, de maravilloso despliegue estético en el primer semestre de 2009 y descenso en el horizonte apenas dos semestres más tarde, para hacerlos ver su contradicción y, de paso, hacerles notar que el "estilo" de juego, centro de todo debate, es solamente la punta del iceberg. En cuanto a aquellos grandes equipos del  fütbol de antaño: pegaban patadas a lo loco (todos recordamos a los históricos y número cinco o centrales de Independiente o River), y lo que es peor, lo hacían amparados en ser jugadores de instituciones capitalinas que, por cuestiones ya tratadas, no recibían la misma pena (ni, claro, sus patadas recibían la misma relevancia en los medios: no es lo mismo pegarle a un equipo que transita el bando de la justicia que pegarle a un equipo que transita el bando de la fealdad, acto más que justificado, pareciera). La historieta del paladar negro comienza a disolverse si revisamos los verdaderos criminales que operaban de guardaespaldas de los equipos capitalinos, que hasta el día de hoy no son considerados "mala leche" sino "pintorescos". Todos los equipos ganadores saben que a veces hay que defenderse y raspar, y si no que le pregunten a Boca (que desde ya, jamás nadie considerará "antifutbol": serán llamados "sólidos", "inteligentes", etc.). El "tiki tiki" es para pasar el rato.

Los enemigos del estado han sido históricamente medidos mediante esta vara ambigua y acomodaticia. Estudiantes fue siempre sinónimo de maldad, inclusive cuando desplegaba un fútbol virtuoso, con tres volantes ofensivos y exquisitos, halla por el 83: la pelea por el título con Independiente, equipo que como todo capitalino manejaba grandes talentos y grandes rústicos también, se construyó en términos de "los buenos vs. los malos", pero no reflejaba en absoluto lo que se veía en las canchas (dos grandes equipos compitiendo con similares modos). En aquellos tiempos sin televisación era bastante más fácil, parecería. Sin embargo, la interpretación se antepone a todo, incluso a la evidencia empírica. Por ello, tras el partido entre el club de La Plata y el Barcelona, nadie habló de la patada que debería haberle valido la doble amarilla a Messi (autor en definitiva del gol). La opinión pública, de análisis absolutamente liviano, se concentró en las armas utilizadas por Estudiantes: no solo eran indignas (nadie consideró que jugaban un humilde equipo sudamericano contra el mejor de la historia) sino que encima eran las causantes de su merecida derrota, no por el juego (que nadie se molestó en analizar, pero en el cual Estudiantes consiguió anular al equipo blaugrana, en detrimento de su estado físico y, en toda la segunda etapa, sin ver la pelota), sino sencillamente por haber incurrido en semejantes indignidades. Discurso absolutamente ingenuo, proferido por personas que no se daban idea alguna de la magnitud de las diferencias de fuerza o del tamaño del esfuerzo realizado por aquel equipo para igualar las condiciones y estar a dos minutos de quedarse con todo.

Peor resultó el bombardeo mediático tras la eliminación del equipo de los buenos en manos del Inter de los malos. Nadie se encargó de recordar que el Inter vapuleó al Barsa en Italia y que en España el equipo de Mou jugó siempre con uno menos, en una mezcla de localismo, defensa del interés hegemónico y artimaña circense (válida pero, no se trata de una indignidad) del jugador barcelonés para fingir un codazo y hacer echar a Motta: las mañas del equipo inmaculado son obviadas, no merecen opinión (del mismo modo que no merecían opinión las patadas de Schiavi, Astrada et al).

Todas estas opiniones de importante miopía parten desde la necesidad de tranquilidad. El Barcelona es hoy el estandarte del orden ideal que defienden quienes son sometidos ("self-appointed defendors") por la apreciación hegemónica del deporte. Una derrota suya implica una ruptura del orden, que debe ponerse en su lugar, al menos, desde lo discursivo. Se trata, meramente, de buscar el modo de poder quedarse tranquilos, conformes con el estado de cosas, con que en el fondo, es justo. Un discurso verdaderamente sumiso.



[1] Sirve e ilustración el ejemplo de la señora que invita gente a comer todos los mediodías: a menudo hace preguntas atroces (por ejemplo, le preguntó a Piazza si el matrimonio gay no iba a generar casos de abuso en los niños) amparándose bajo una de sus muletillas preferidas: "Yo pregunto porque la gente quiere saber", suele avisar antes de inquirir una barrabasada. 

lunes, 7 de marzo de 2011

Una raza diferente

Reproducimos abajo dos notas de la gloriosa Animals! publicadas en su web tras el inolvidable match de ayer, textos que denotan lo diferente que es Estudiantes a todos los clubes, a todos los hinchas, a todos los jugadores.

CAPPA, EL GRAN MINIMIZADOR
Las declaraciones de un técnico rival no deberían ser objeto de observación por parte de la Revista, pues la concepción de Animals! es enfocarse casi exclusivamente en lo que va de Estudiantes. A no ser por dos hipótesis de excepciones: que ese entrenador cometa exabruptos que merezcan el repudio o que utilice un discurso reiterada y pretendidamente hiriente. Y este último es el caso de Angel Cappa, que excede la coyuntura como DT de Gimnasia.


Cappa se ha transformado en un personaje cuya vocación discursiva se impone tanto a sus virtudes como entrenador (que las tiene) como a sus defectos (que también los tiene). Y entonces resulta toda una fiesta periodística el momento de la conferencia. El periodista sabe de antemano que las declaraciones del hoy entrenador del Lobo girarán alrededor del siguiente menú: a) hoy jugamos como le gusta a la gente; b) no pudimos jugar como le gusta a la gente porque el rival, que no jugó como le gusta a la gente, no nos dejó; c) nosotros propusimos el juego que le gusta a la gente y el rival no, y entonces no mereció el triunfo… En raras ocasiones Cappa encuentra méritos del equipo contrario.


Más todavía: muestra una capacidad acaso única para transformar las virtudes en defectos. Y esto es lo que ha hecho ayer tras la victoria de Estudiantes. Opinó: "Gimnasia propuso, tuvo la pelota y creó situaciones. Fuimos mucho más en el desarrollo del partido. Estudiantes no propuso, esperó a que nos equivocáramos y nosotros nos equivocamos dos veces".Más allá de la aseveración de que su equipo fue más en el desarrollo del partido (y de que se equivocó sólo dos veces en el partido), afirmación que más que llamarle la atención al público en general y al periodismo, debería preocupar al hincha de Gimnasia, lo concreto es que lo que se infiere de la frase entera es esta lógica de minimizar las virtudes del rival para acomodar o disimular las propias debilidades. Si paralelamente se leen las declaraciones de Eduardo Berizzo, y las coincidentes de algunos jugadores (el Chavo, Enzo), se caerá en la cuenta de que la estrategia de Estudiantes fue muy acertada: efectivamente, esperó el error del rival.

Lo extraño es que para lo que uno es un defecto, para el otro es una virtud. Entre Desábato y Pérez reconstruyen la estrategia: “Eduardo nos lo había dicho, miramos videos de cómo defendían y cómo cerraban los centrales” (el Chavo); “Eduardo dijo que si nosotros cortábamos en la mitad y salíamos rápido de contra podíamos lastimar” (Enzo).

Se desprende de las confesiones post partido dos verdades tácticas y estratégicas que Cappa no advirtió: que el error de Gimnasia era casi una fatalidad, iba a suceder; y que en función de eso Berizzo trabajó para forzarlo. Un hecho basta para probarlo: la Gata Fernández jugó siempre al límite del offside pero no por casualidad; lo hizo porque sabía que podía recibir un pase preciso que lo dejaría mano a mano.


El discurso de Cappa atenta contra el sentido común. Piénsese la siguiente hipótesis: que el DT de Gimnasia hubiera advertido que había un par de defensores de Estudiantes que fácilmente perdían la marca en la pelota parada, y que por ello dispuso que se procuraran faltas cerca del área para que cabecearan el centro sus mejores cabeceadores; y que por esa vía conseguía el triunfo. ¿Quién podría negarle méritos a esa estrategia? Solamente Cappa.Por supuesto que las explicaciones de Cappa también omitieron hacer mención sobre la calidad individual del rival, sobre la capacidad para afrontar este tipo de partidos, sobre la incapacidad propia para generar situaciones de gol (por el contrario, dijo que creó ¡siete u ocho!) y otras tantas verdades. Pero no era esperable ni indispensable escucharlo. Sí es deseable, en cambio, que por lo menos los  méritos no sean transformados en defectos, una práctica que subestima la inteligencia de propios y extraños.


UN BESO MUY ESPECIAL

En una entrevista exclusiva con Animals.com, esta mañana en el Country, Gastón Fernández explicó cuál ha sido el significado del beso al escudo de la camiseta, en el momento del gol ante Gimnasia. Y también marca el contrapunto con la filosofía de Angel Cappa tras las declaraciones desconcertantes del entrenador. 
--¿Qué quisiste significar con el beso al escudo?
--Mostrar mi identificación con el Club. He besado la camiseta de River porque creía que iba a ser mi único equipo en la Argentina. Después, con el tiempo, adquirí experiencia, y si lo hice es porque el sentimiento hacia Estudiantes es muy grande, ha superado todas mis expectativas. En este tipo de partidos trato de demostrarlo con hechos para que la gente sepa que estoy identificado de verdad.
--¿El gol y la actuación eran lo que te faltaba?
--En los clásicos anteriores no había tenido buenas actuaciones y necesitaba sacarme esa espina. Más allá de eso, el equipo dio una muestra de carácter.
--¿Y era lo que le faltaba al equipo, ganar sin gente propia y sin Verón?
--Esta experiencia la habíamos vivido contra Nacional, pero esto era distinto porque se trataba de un clásico. Era una linda posibilidad para reafirmarnos como equipo.
--¿Creés que hubo algo de sobreestimación de Gimnasia y subestimación de Estudiantes, al menos por parte de la prensa?
--De la prensa, sí la hubo. Pero no lo creo de los jugadores de Gimnasia. Ellos sabían lo que es Estudiantes y lo que puede dar.
 --¿Entendés la paradoja de que para Cappa lo de Estudiantes fue un defecto y para ustedes una virtud, como lo fue estudiar los errores de Gimnasia y aprovecharlos?
--Lo de Cappa es un discurso que a muchos puede gustarles y a otros, no. Es su manera de pensar. Desde este lugar vemos el fútbol de otra manera y no nos ha ido mal en estos últimos años. Todo es respetable, y nosotros vamos a morir con la nuestra, que es lo que nos lleva a estar arriba.
--¿Puede sintetizarse con que Cappa entiende una sola manera de ganar los partidos?
--Puede ser que sea así. En Estudiantes creemos que hay muchas formas de ganar un partido; nos adaptamos a lo que pide el partido. A veces el equipo puede ser vistoso y a veces, no. Pero eso es una virtud, no un defecto.