Su cabeza sangra como en aquellos días en que trababa con la cabeza. Y no deja de llenar su boca con un grito desaforado de victoria: alrededor, un millar de enemigos quieren verlo muerto. Por supuesto que se trata del Flaco Alayes.
Y es que Estudiantes, el equipo en el cual ahora ocupa un cargo serio, profesional (cualidades habitualmente contrapuestas a la pasión) acaba de marcar un gol a su clásico rival: no van diez minutos y en el silencio de un estadio sólo apto para el público local, se escucha su euforia y el grito de un puñado de camisetas albirrojas en el césped del Bosque.
Alayes siempre fue desaforadamente hincha de Estudiantes, como usted, como yo mismo: quizás incluso más. Un sentimiento gutural animaba sus actuaciones con la camiseta albirroja, y sus gritos de gol eran particulamente emotivos. Todavía recuerdo aquella noche en Quilmes ante San Pablo, con el Flaco gritando el 1-0 mano a mano con los hinchas, colgado del alambrado a dos metros del suelo, la Copa del renacer de la mística. La furia y el llanto en el festejo ante Arsenal ese mismo año, fondo de pantalla durante un lustro y parte de lo que le contaré a mis hijos cuando le cuente nuestra historia, bueno, le pone la piel de gallina a cualquiera.
No iban 10 minutos, el partido empezaba, no era un tanto sobre la hora. Pero el Flaco, que sabrá usted nunca perdió un clásico, perdió la chaveta, y esto también lo contaré a mi prole: el Flaco Alayes era enfermo por Estudiantes, sus lágrimas en cada final fueron las nuestras, una encarnación alquímica del sentimiento del hincha.
No iban 10 minutos cuando Jara esquinó su remate ante el arquero de los vecinos y Alayes, en representación nuestra, los exiliados forzados a mirarlo por la tele, gritó sin importarle nada: se trepó al alambrado como si todavía fuera el seis, o mejor, porque es un hincha más. Su cabeza golpeó contra un hierro, quizás colocado estratégicamente allí por algún local rencoroso. De su sangre brotó como un manantial la sangre: sangre cien por cien albirroja. Y el Flaco siguió gritando.
miércoles, 19 de marzo de 2014
Sangre albirroja
viernes, 7 de marzo de 2014
Vivir al día
Si el país no estalla en enero y febrero, dicen los que saben, las crisis se planchan: pareciera ser esa la apuesta dirigencial, resistir, resistir y resistir. El verano es una temporada con poco ingreso (apenas la TV del verano, pero sin recaudaciones y con mucho socio que se va de vacaciones) pero mucha erogación, entre la pretemporada que hay que bancar y, por supuesto, los refuerzos.
Con la billetera flaca, numerosos conflictos durmientes emergieron para poner los pelos albirrojos de punta: hubo empleados impagos que se negaron a poner en condiciones el Country; la interminable novela de Duvan Zapata escribió un nuevo capítulo; José Leudo y su agente intentaron escapar por la ventana como la moda en Estudiantes (Vergini, Fernández) lo marca; y, finalmente, el DT Mauricio Pellegrino reconoció que se le adeuda el sueldo desde el año pasado, mientras que el plantel le deben un poco menos porque AFA, ese órgano facilitador de dinero, dealer de favores, mantiene a sus adictos contentos a cambio de favores.
El eje de todo es Duvan: Zapata sigue siendo sinónimo de salvación. El jugador fue vendido de emergencia el año pasado y parecía que el oro que ingresaba a las arcas curaría todo. Pero Napoli paga en cuotas y Estudiantes tenía, para los primeros millones, el dinero comprometido en deudas del pasado. Apenas pudo cancelar los compromisos, que ya estaba asumiendo nuevas deudas: el club vive al día, como un estudiante.
Por Duvan apareció primero un intermediario, oscura figura del fútbol, que, juicio mediante, pide su millonaria comisión por acercar, en teoría, la oferta del Napoli a Estudiantes. Esta versión fue negada por el club, pero Ferreira hizo públicos algunos papeles que sugieren que, al final de todos los juicios, el club deberá afrontar otro gasto millonario. Mientras tanto, Estudiantes aún no había pagado la mitad del pase de Zapata a América de Cali, pero ya lo había vendido: pasados varios meses de promesas y teléfonos descompuestos, también hizo público su reclamo el presidente del club colombiano, exigiendo 1,5 millones que se adeudan de un pase que se hizo en 2,7 millones. Advirtió que acudió a FIFA, con el fantasma de la quita de puntos dando vueltas en el insolvente fútbol argentino, y mientras tanto, ya corren intereses.
Las dos versiones que se manejaron mediáticamente indican que o Estudiantes tiene el dinero pero no puede girarlo por las trabas que rigen en el país, o el club tiene decidido vender los papeles correspondientes a la segunda cuota del pase de 10 millones al Napoli (resignando dinero) para afrontar los compromisos. Y los compromisos son vastos.
Porque ante la presión de América se avivó, por ejemplo, Julián Carmona, presidente de Cafeteros: Leudo, jugador suyo, está en el club a cambio de 500 mil dólares, pero Estudiantes sólo realizó un pago de 250 mil. Cuando las finanzas comenzaron a ahogar al club, apareció Carmona para pedir el resto, o se llevaba al jugador: maniobra similar a la que había facilitado la salida a Vergini y Fernández. Estudiantes, que aún debe casi un millón de dólares a Tigres de México según ordenó el TAS por el caso de la Gata, prefirió primero rescindir con Leudo, sin lugar en el equipo, y cercernar un problema económico y judicial, pero finalmente el exorbitante pedido de 50 mil dólares para liberar al jugador hizo que la CD determine que el colombiano siga en el club.
En medio del cambalache, y tras un primer triunfo que reafirmó el rumbo deportivo, se conoció la situación de plantel y cuerpo técnico, sin sueldo desde hace unos meses. Los protagonistas bancaron el momento y se informó oficialmente que mañana el club se pondrá al día. La procedencia del dinero es un tanto misteriosa, e invita a creer en la teoría de la venta de al menos una parte del porcentaje que resta del pase de Zapata. Lo cierto es que, con tanta deuda, pareciera ser que una vez más el salvador dinero del pase del colombiano servirá apenas para volver a una temporaria deuda cero: ¿y después?
El después es incierto, pero sin estadio propio, con los socios recortando gastos en medio de la crisis económica nacional (sumado a los aumentos constantes de la cuota), la apuesta de Estudiantes pasa por resistir hasta la próxima entrada de dinero: la TV del torneo Inicial y, mucho más, una venta importante tras el fin del torneo, que, en año mundialista, está a la vuelta de la esquina. ¿Se irá Rulli, o Silva, o Correa? ¿Gil Romero? ¿Carrillo? Alguien, quizás más de uno, emigrará casi seguro: aunque los hinchas pongan el grito en el cielo, el club necesita una venta como agua, si quiere comenzar a apostar a futuro, a dejar de vivir al día. Los desafíos serán, claro, no regalar por desesperados y no desarmar el equipo.
Mientras espera a que el tiempo pase, Estudiantes resiste. Y resistiendo, parece ir alcanzando lentamente aguas menos turbulentas. Febrero se extingue, disminuyen estadísticamente las chances de un derrumbe institucional. La tormenta aclara por un ratito, y el alivio de haber llegado a un impasse en las crisis se siente. Pero el cielo sigue nublado, y el pronóstico sigue anunciando altas probabilidades de precipitaciones.
sábado, 1 de marzo de 2014
El valor del ciclo
Quizás Arsenal haya sido el punto más alto en el ciclo Pellegrino. El equipo jugó a una velocidad diferente, lejos de los ataques abúlicos del 2013. Los jugadores no cayeron en pozos de confusión respecto a sus roles, demostrando que el cambio de esquema (del europeo 4-2-3-1 al 4-4-2) permite no solo mayor equilibrio táctico sino también mayor compromiso y comprensión de parte de los intérpretes. Si bien presenta algunas incógnitas (¿puede jugar en este esquema Patricio Rodríguez? ¿Puede Correa hacer la banda? ¿Cuánto puede Estudiantes retener a Silva, zurdo y ahora polivalente?) básicamente el cambio despejó la nube de dudas que ensombrecía el andar del equipo.
El “aburrido” 4-4-2 permitió, paradójicamente, mayor soltura que el 4-2-3-1, diseñado para soltar a los puntas pero que generaba ataques amontonados y algo obvios y lógicos desequilibrios defensivos en los laterales. El esquema actual, a priori más estático y previsible, dio mayor vuelo tanto individual como colectivo, desde un mayor entendimiento de su tarea:Estudiantes construyó una decena de situaciones de gol y dominó absolutamente el trámite.
Aún así, apenas ganó 1-0, con un gol, de mano, en contra.
Entonces, antes que euforia debe haber cautela. Estudiantes arrastra como legado del pasado la falta de gol, mientras espera el despertar de Carrillo y los goles de Jara. Jugó, además, contra un equipo desconocido: mérito de Estudiantes reducirlo a su mínima expresión, no todos los equipos serán tan sumisos. Arsenal apareció en el estadio Ciudad de La Plata con dos bajas clave (Aguirre y Caraglio) y se lo notó cansado y lento desde el comienzo, todavía en modo pretemporada. El clima y la cancha pesados agigantaron la brecha entre el equipo más fresco y el más golpeado.
A este ítem absolutamente clave para medir las aspiraciones (la falta de gol), se le suman otras dos cuestiones cruciales: resta ver cómo reacciona este equipo prácticamente sub 23 a la adversidad y si consigue un rendimiento sólido a pesar de su inexperiencia. Porque, como es lógico y como se vio en 2013, un equipo que alinea a 7 jugadores juveniles (Rulli, Silva, Jara, Gil Romero, Correa, Auzqui, Carrillo) será propenso a la irregularidad, a actuaciones individuales fluctuantes, a errores. Es parte del momento que atraviesa la institución.
Y sin embargo, es en esta juventud, la que genera incertidumbre respecto a las posibilidades de Estudiantes, donde reside el verdadero valor del ciclo. Asistimos a una refundación al estilo 2003-2005, donde de la mano del Doctor y Merlo se afianzó el futuro, futbolístico y económico, de Estudiantes: en este modelo del fútbol argentino, que vive al día o peor y necesita ventas para equilibrar las finanzas, era un mal negocio seguir trayendo figuritas (muchas veces a préstamo o en condiciones poco claras, como el caso Carbonero) y tapando lo que constituía el patrimonio del club, los juveniles. Paradójicamente, en un fútbol que subsiste (apenas) por los pibes, es moneda corriente que se frene, por necesidad de resultados a corto plazo o desconfianza, el ascenso de los juveniles.
viernes, 28 de febrero de 2014
Un error para desinflar el entusiasmo
Fueron días de euforia que trastocaron sin dudas las prioridades y pusieron al hincha a soñar en grande: a semejantes vuelos, la derrota en la Bombonera resultó un terrible hondazo. Algunos, incluso, se enojaron, pero en rigor, todos lo sabemos, esta es la realidad de Estudiantes y del fútbol argentino: cualquiera puede con cualquiera, incluso el equipo más chueco. De hecho el panorama general del fútbol, que vende hasta la madre buscando subsistir mientras el dólar sube y las esperanzas de formar equipos competitivos bajan, resulta una gran ayuda para el club, que puede formar un equipo competitivo aún alineando pibes con veinte abriles apenas cumplidos.
Se habló de la intrascendencia del ataque de Estudiantes, viejo pecado del ciclo Pellegrino que parecía olvidado tras el despliegue físico ante Arsenal, la victoria inteligente con All Boys y la épica gesta ante Lanús. Pero en rigor, apenas en la primera fecha, ante un equipo que parecía pinchado, pudo Estudiantes generar más de cinco ocasiones de gol; con All Boys y con Lanús fue oportuno para meterla y oportuno para laburar.
Las razones pueden ser varias: algunos rendimientos individuales en las bandas, el lugar problema para el ciclo Pellegrino (pasaron Correa, González, Luna, Rosales, Jara, Rodríguez, Silva…), la salida del zurdo Silva del equipo (Estudiantes perdió salida por izquierda y Goñi no sintió el puesto en ataque), también la presión de la punta, de jugar en la Bombonera ante un Boca que jugó a dientes apretados, con un público tan hostil como el de Estudiantes la fecha pasada…
Pero todo tiene un denominador común: si hablamos del nivel fluctuante de las individualidades, o de sentir la presión del rival o del momento, no hablamos de los veteranos Verón o Desábato, sino de los pibes. Hablamos de Correa, que arrancó para irse al Inter y terminó fantasmal; hablamos de Rosales, improvisado volante por derecha ante Lanús que sostuvo el puesto sin tanto éxito; hablamos de Auzqui y Silva, que se hicieron echar tontamente; de Carrillo, todavía sin el hambre voraz que se le exige a un 9 en Estudiantes.
Pero sacar a los chicos no es una opción: no sólo porque de los suplentes son pocos los que pueden pedir un lugar (apenas, quizás, Patito Rodríguez, más incisivo que Correa en sus intervenciones) sino porque su participación es parte de un plan mayor, más valioso que un resultado, y debe respetarse, sin desesperar por eventuales malos momentos. Y bajo este plan, los resultados serán necesariamente igual de inconstantes que sus intérpretes. Los muchachos tendrán días buenos y malos, sentirán nervios, se agrandarán, se harán echar. Pellegrino, Verón y Desábato, en tanto, intentarán la futil tarea de ponerlos en fila.
Por supuesto, no debe convertirse en una excusa, ser motivo para el conformismo: Estudiantes debe apuntar alto, porque el resto de los equipos, igual de vaciados, algunos jugando Copa, todos con planteles cortos, permiten, al menos, pensar en entrar en la Sudamericana. El entrenador tiene la obligación no solo de ser maestro de estos jóvenes pupilos, de conducir su maduración, de motivarlos a los gritos para que se coman la cancha, sino también de conducirlos adentro de la cancha, buscar más variantes a un ataque por momentos predecible, pedir más juego de primera, aceitar el juego de memoria, para acelerar la transición entre ataque y defensa, aprovechar para ello el pie mágico de Verón, también de trabajar la pelota parada en defensa, que ha traído algunos dolores de cabeza.
Pero una derrota no es motivo para tirarse de los pelos. Menos en la Bombonera, cancha imposible para Estudiantes (ganó 8 de 88 encuentros) aún con equipos maduros y místicos. Seguro, Boca llegaba cabizbajo, buena chance para traerse una victoria que hubiera significado un empellón anímico de los importantes para el purreterío pincharrata. Pero Estudiantes planteó las cosas para aprovecharse del momento, cerradito atrás y jugando con la pelota y la desesperación de su rival.Boca, sencillamente, encontró el gol y desde ahí creció en confianza y se acordó de cómo defender: así suele ser el fútbol argentino, donde las derrotas se explican en pequeños errores.
La derrota deja siempre enseñanzas a quien quiere escucharlas. Al hincha le sirve: para disminuir su euforia y abrazar la idea de que el verdadero valor de este ciclo reside en equilibrar lo deportivo y lo institucional a partir de la promoción de juveniles y de la gestación de su madurez al lado de dos referentes de la mística (Verón y Desábato). Al plantel, en tanto, el golpe le mostró que a Estudiantes, al igual que al resto, no le sobra nada: no se puede dar una ventaja, porque se puede perder en cualquier cancha. Como dijo alguna vez Eduardo Manera, un error es un gol, un gol es un partido y un partido es un campeonato.
Así, entonces, llegamos al primer cuarto del torneo. La seguidilla de durísimos partidos que siguen (Ñewell’s retemplado, el jodido Belgrano en Córdoba y Rafaela previo al clásico de visitante) determinará como se ubica Estudiantes respecto a las copas y a los demás equipos, que seguramente seguirán en la actual línea de dividir puntos. Es temprano todavía en la temporada; más temprano aún es en la vida de este joven equipo cuya historia recién se empieza a forjar.
domingo, 23 de febrero de 2014
Se dice de tí...
“Hoy hubo bidón”, tiró un Verón feliz con sus discípulos en la brujería mística, y picanteó un poco más el clima caldeado que dejó el partido con Lanús. El encuentro del miércoles tuvo todo: polémicas, expulsiones, insultos, grescas y declaraciones subidas de tono, pero un buen porcentaje provino del lado visitante, que la siguió ayer, en las radios y la televisión. La acusación, simplista, retrógrada, era que Estudiantes, como marca su historia, había ganado con trampa.
Antifútbol: fue curioso como empezó a rondar por enésima vez esa palabrita con la que tantos equipos, ante falencias propias, acusan y se martirizan a la vez. Curioso porque el partido fue intenso y áspero, pero de ninguna manera hizo Estudiantes uso de ardides arteros para vencer. Más allá de la tardanza para alcanzar la pelota (habitual en el fútbol argentino), no hubo una batería de lesionados ficticios, ni patadas para todos, tampoco cambios para ganar tiempo o un constante revoleo fuera del estadio: apenas un equipo que, en desventaja numérica, manejó los tiempos del partido con inteligencia (motivo de orgullo de Verón y todo el pincherío) e hizo un culto de la defensa durante 30 minutos.
Pero “defensa” es una mala palabra en el fútbol argentino, un acto de cobardía, una inmoralidad. “La nuestra”, mito de un fútbol nacional lírico, pura invención e inspiración, envolvió al deporte en un aura mágica lejos de todo intento de explicación y sistematización, y, a la vez, sometió durante mucho tiempo (lo sigue haciendo) a la mediocridad a equipos sin posibilidad de reforzarse con estrellas, que quisieron jugar “lindo” para no ser cobardes adscriptores al antifútbol, y terminaron siendo los simpáticos perdedores de la historia. Los partidos terminaban 6 a 4, 5 a 3, todo muy lindo para el espectáculo: pero los campeones, hasta 1967, fueron cinco, justo los cinco que gozaban del poderío económico para robar canteras ajenas y formar superequipos que dominaban a sus rivales a puro gol (sin escatimar patadas, casi siempre sin sanción). Entonces, apareció Estudiantes.
Zubeldía estaba determinado a cambiar este fútbol sumiso donde los chicos debían permanecer en su lugar: con otras armas que las propuestas por los medios, pensó, podía darse batalla y vencerse a los capitalinos. Pero esas otras armas (organización, defensa, trabajo, equipo) fueron desmanteladas discursivamente: el fútbol se volvió moral, los modos, los estilos, eran “buenos” o “malos” (¿hasta que punto esta mitología nacionalista no es cipaya, un derivado del “civilización y barbarie” que condena las estrategias diseñadas desde los márgenes del mundo?). Y Estudiantes, el atrevido club de La Plata que desafiaba sus límites, estaba del lado de los malos.
¿En serio otra vez esto? Parece ridículo, una pelea dialéctica propia de un pasado superado por cualquiera con dos dedos de frente. Pero siguen allí los negadores, repitiendo sus floridos cuentos de un fútbol mítico hechos de gambetistas fiesteros que no necesitan disciplina, tan grande es su talento natural, tan superiores somos los argentinos. El sentido común alcanza para desbaratar esta mitología argenta que se extiende a otros ámbitos, polarizando hasta la enemistad mortal cualquier actividad.
La historia de Estudiantes no encaja en su modelo anitnómico, la desmiente, la excede, la desarma: “Club que ganó todo jugando al fútbol. Con grandes equipos y una filosofía de vida admirable. Zubeldía revolucionó el fútbol. El equipo de Bilardo era brillante. El de Sabella jugaba bárbaro”, escribió en respuesta a algunos exabruptos del Departamento de Prensa de Lanús el periodista Pablo Gravellone, “muy hincha de All Boys” según su propia biografía.
Pero, a pesar de todo, de los triunfos, de los logros e incluso de algunos reconocimientos pasajeros, siempre que Estudiantes hilvana un par de triunfos vuelve el mito del antifútbol: y nosotros, a esta altura, nos reímos, lo abrazamos, subvertimos el bidonismo y el antifútbol y lo adoptamos como bandera. Como los vikingos, Estudiantes disfruta y celebra, carnavalescamente, subversivamente, su mala fama. No nos interesa justificarnos, defendernos: para que dar explicaciones si, como dice el refrán popular, tus amigos no las necesitan y tus enemigos no las creerán.
Lo bueno es que en el country nadie da bola: lejos de salir al cruce de las declaraciones, el equipo continuó cultivando el bajo perfil guardadito y concentrado en City Bell, esperando el partido que viene sin creerse el cuento del Estudiantes infame (y tampoco el canto de sirena que pone a este Estudiantes en el pedestal: falta muchísimo). Y nosotros deberíamos hacer lo mismo: esta columna debería autodestruirse en 5 segundos. Y que hablen, que sigan hablando. Si ellos son la Patria, yo soy extranjero.
viernes, 7 de febrero de 2014
Sinceramiento
El año comenzó turbulento. Gastón Fernández se fue a jugar al fútbol a Estados Unidos a cambio de la deuda que el club mantenía con él. A Vergini le cayó la ficha y siguió el ejemplo de la Gata para escaparse al Sunderland. El club perdía en los primeros días del año jerarquía y dinero. Los refuerzos altisonantes (Alvaro Pereira el más notable caso) se transformaban rápidamente en nombres terrenales, mientras transcurrían días con empleados en paro y césped largo en el Country. Síndrome del fútbol argentino, el caso Estudiantes: los sueños terminan siendo humo y las contrataciones acaban siendo más que moderadas.
Ninguna dirigencia de los últimos años quiso realizar el trabajo aburrido de balancear las cuentas. Se gastó toda la bonanza y luego se gastó a crédito de futuras bonanzas. La actual CD entró con un mensaje de austeridad, pero fue impotente ante la fragilidad estructural: se encontró con una situación mucho más desesperante de la esperada y probablemente incluso haya diagnosticado, inicialmente, la situación con mayor levedad a la merecida. La idea de que los melones se acomodarían andando sin dudas rondaba en las mentes de Lombardi y los suyos cuando, a mediados de 2013, decidieron postergar la austeridad por intentar ser dirigentes de un equipo campeón y trajeron a Jorge Luna, Patricio Rodríguez, Santiago Vergini y Franco Jara. Nadie quiere hacer el trabajo aburrido.
La situación pareció estallar este verano. La falta de pagos en los sueldos a los empleados, a la espera de los dólares salvadores de la venta de Zapata (la transferencia de último momento fue el primer síntoma de que Estudiantes estaba en verdaderos apuros económicos), y una pretemporada con sólo un refuerzo a 24 horas de arrancar el torneo y con dos fugas a cambio de la deuda, mostraron la impotencia, la debilidad no solo deportiva sino institucional del club ante su deuda. Estudiantes ya no es soberano de su nave.
Forzosamente el club comienza a transitar, tras amagues, marchas y contramarchas, el mentado post-Verón. Un período donde los pichones son todavía pichones (y muchos, irremediablemente, deberán irse antes de explotar) y los refuerzos vienen a sumar antes que a cambiar la ecuación. Estudiantes debe atravesar este momento porque cometió errores gruesísimos en la planificación a largo plazo, apostando descerebradamente por figuritas, desinteresado por la deuda creciente y el déficit operativo, por la desvaloración del club como marca, y también como destino: los sponsors ya no ven al club chico que puso de rodillas al Barcelona, al equipo de Verón; tampoco los jugadores de otros clubes ven esa institución paradisíaca de antaño, de sueldos al día y competitividad garantizada. Estudiantes abandona la elite.
El dinero tiene de rehén el presente y el futuro de Estudiantes, comanda sus decisiones y limita sus proyectos. Pellegrino tiene que convivir con esta situación (habitual, por otro parte, en gran parte del fútbol argentino) y acepta tener que conducir a una cofradía compuesta mayormente por la verde y volátil juvenilia del club.
Pero Estudiantes cuenta todavía con un plantel por encima de la media y bien podría sobrarle, en el desnutrido fútbol criollo, para pelear los primeros puestos; y sin embargo, el equipo no termina de ser equipo, de concretar lo que prometen sus nombres. Un año de conducción de Pellegrino no ha garantizado, en ese sentido, la construcción de una identidad futbolística. Lo visto en la pretemporada no amerita entrar en pánico (hay esperanza), pero confirma que el equipo no ha evolucionado sino que mantiene las mismas fortalezas y debilidades que lo caracterizaron bajo este DT. El rumbo no termina de esclarecerse: Pellegrino no consigue transmitir su mensaje al equipo, no logra plasmarlo en la cancha.
El verano no alimentó el optimismo de los hinchas; al contrario, fastidió ver la misma cara del equipo, y enojó la derrota en el clásico contra un equipo diezmado (sin su doble cinco titular y sufriendo la lesión de su zaguero comandante en el inicio del juego) pero que, con humildad y coherencia, fue más equipo que Estudiantes. El Pincha parece estancado en un nivel de juego que le traerá victorias y derrotas casi al azar, y que lo vuelve siempre, en su falta de argumentos, rehén de las condiciones que imponga el rival.
Si Estudiantes quiere ser exitoso (esto es, exceder las expectativas reducidas de su contexto) debe reconocer su situación y elaborar estrategias para superarla. El fin de fiesta llegó. Ya no vendrán jugadores de renombre, habrá que conformarse con lo que hay. A partir de ahí, resultará crucial entonces calibrar la mira en los mercados de pases, en lugar de seguir alimentando el desequilibrio del plantel. Además, será fundamental trabajar mucho en la semana para madurar pibes y, sobre todo, conformar un equipo que sepa lo que quiere y como conseguirlo, así sea algo tan simple y conformista como un empate rasposo de visitante.
Lo importante, entonces, es el sinceramiento: no deberá el hincha exigirle al equipo que afrontará el torneo Final 2014 solidez de campeón y juego perfumado. Habrá que esperar apenas magias parciales, bancar la consolidación del piberío y, soñar con el crecimiento de la conducción técnica, seria y trabajadora pero, en la realidad pobretona del fútbol argentino, hasta ahora, estancada en la promesa de mejor fútbol.
viernes, 28 de junio de 2013
La Bestia
Ver a Verón, el marciano pelado, abría
bocas de la admiración. Pero ver a Braña, al Chapu, al emblema del
juego humilde y sacrificado, abrumaba por la emoción que, siempre,
sin falta, causaba.
¿Qué haremos sin el Chapu, el corazón
de todo? Porque el Chapu se va. El hombre que cambió lo que el
hincha de Estudiantes, siempre exigente en términos de entrega,
entiende por “dejar la vida”. Par ideal de la Brujita, que si
encontró su mejor fútbol de veterano en Estudiantes, no fue
solamente por una cuestión de identificación: fue porque a su lado
corría, metía, recuperaba y entregaba con gran criterio un Animal,
con cada una de las letras y con toda la carga semántica del
sustantivo en el club: Braña, bestia pura del fútbol, era la bestia
de la mítica tapa de un matutino porteño que decía “Sabella y
las bestias” cuando, allá por 2010, Estudiantes conseguía su
última corona hasta la fecha.
Fue el mejor jugador de aquel torneo: cuando entregamos al plantel "Rastrojero", la revista homenaje a aquel campeón, los propios jugadores nos reclamaron la ausencia del Chapu manejando la camioneta en la tapa, junto a la Bruja y Sabella. Aquel torneo increíble que disputó, desdoblándose para, en ausencia de Verón, jugar de Chapu y de Brujita, coronó un 2010 que, varias veces, me tuvo al borde de las
lágrimas: aquel gol a Juan Aurich, claro, el partido con River en
Quilmes en el torneo Clausura, también, ese despliegue
extraterrestre, encarnación del sentimiento del hincha en el verde
césped, su callado liderazgo, fútbol antes que palabras, y su
esfuerzo constante por mejorar y aprender, insignia pincharrata desde
los tiempos de Zubeldía, lo convirtieron a partir de aquel año en
uno de los número 5 más increíbles que haya dado el fútbol, un
perro de presa capaz de mover la pelota y los tiempos con un panorama
veroniano y algunos momentos directamente sobrenaturales.
Pero no siempre fue Braña esta
enormidad de jugador: arribó muy joven y muy quilmeño al club en
2004, cuando todavía era un ocho de marca y compartía un mediocampo
temible con Bastía y Meléndez. Pero el Chapu, pronto corrido al
medio del campo, fue ganándose a puro correr un lugarcito entre los
titulares: todavía terrenal, pero ya con su marca registrada del
sacrificio, Braña se ganó muy rápido el corazón de los hinchas,
particularmente sensibles a las gestas hechas de barridas aguerridas
y trabadas con el alma.
Fue clave en la gesta del 2006, y
aunque todavía era catalogado como la rústica contraparte del
Capitán en mitad de cancha, ya era algo más. Ese algo más fue en
la increíble Copa Libertadores 09, y también en Dubai. Aquellas
actuaciones le insuflaron de una confianza para manejar la pelota,
que lo transformaron. De bestia a crack: tras aquellos años de
crecimiento al lado de la Brujita, con Simeone y con Sabella, Braña
se supo gran jugador.
Por esas cosas de la vidriera
pincharrata, siempre mal considerada, no consiguió nunca una oferta
concreta por su pase. Tampoco le permitió el éxodo el hecho de
haber conformado una de las mejores duplas de mediocampistas de la
historia del fútbol argentino. Estudiantes, sapiente de lo que
tenía, lo tentó una y otra vez para quedarse a vivir en el club.
Otra vez nos emociona el Chapu, parte
viviente de la leyenda de Estudiantes de La Plata, merecedor de mucho
más que aplausos y ovaciones: su partida duele pero, realizada con
total transparencia, no ofende. El Chapu quiere probar alguna otra
experiencia antes de colgar los timbos pero, como él mismo dijo,
será el inexorable destino, su ligazón metafísica, inquebrantable,
con los colores y los valores del club, lo que con el tiempo lo
volverá a encontrar con Estudiantes de La Plata. Será hasta
entonces. Cuando, no cabe duda, el Chapu nos vuelva a emocionar.
domingo, 23 de junio de 2013
El futuro llegó
Belgrano tiene muy claras las ideas, y el gol tempranero le facilitó todo: Melano empujó una pelota que envió Velasquez, que apareció solito a espaldas de un Modón titularisimo en ataque pero caótico en el retroceso, a menudo imantado por la pelota. Modón está en la lista no oficial de prestables, pero aún con sus desobediencias tácticas, propias de un jugador que pasó su vida de juvenil como volante, jugó más que el Angeleri lateral. Porque, por caso, mandó el exquisito centro que cabeceó Carrillo para el gol, una conexión madie in Inferiores para sellar el empate que dejaría a Estudiantes con 48 puntos en la temporada. Y así, llegó el día: el Pincha arrancará, por primera vez desde la temporada 2003-2004, con una campaña sub-50 en el lomo.
Fueron varios los momentos que
anunciaron este desenlace y que pedían a gritos transición y
seriedad sumapuntos: pero curiosamente este momento indeseable llega
en medio de un prometedor presente. Hay un técnico con ganas de
hacer escuela, firme defensor del cerrojo en el arco propio y con
cifras alentadoras no solo teniendo en cuenta el estado en que tomó
el equipo, sino en cualquier circunstancia. Hay, además, un equipo
comprometido con el entrenador, con su laburo serio, obsesivo y de
punta.
Pero sobre todo porque en un panorama
donde el futuro asomaba complicado, florece promisoriamente la
juventud. Modón y Carrillo, claro, que quizás busquen sumar
partidos en otro lugar; pero además, la seguridad de vuelo
andujariano de Rulli, la fortaleza y valentía de Silva, de gran
pegada, el coraje del sucesor de Chapu, Gil Romero (que ayer jugó un
ratito nomás), el habilidoso y despreocupado vértigo que le imprime
Correa al ataque: de ese círculo surgió ayer la arrasadora media
hora de Estudiantes que abarcó los últimos 15 del primer tiempo y
el primer cuarto de hora del segundo. Cada vez más afianzados, ellos
serán parte de la columna vertebral del futuro inmediato,
apuntalados, claro, por los gritos de Desábato, y, si los planetas
se alinean, por un doble cinco de los mejores de la historia: si
sigue Braña y vuelve Verón, Estudiantes enfrentará finalmente el
proceso de transición como debería, los viejitos ordenando y los
pibitos rompiéndola.
Por supuesto que no todo es un prado
colorido en el porvenir: los 98 puntos que acumula Estudiantes
obligan a no resbalar desde este instante. No será responsabilidad
solamente del equipo o el entrenador: los dirigentes deberán apuntar
con mucho cuidado los refuerzos, cuidandose del despilfarro pero
buscando una necesaria jerarquización, y con el agregado de tener en
consideración el presente de los pibes, para no volver a taparlos en
la oscuridad. Porque el futuro son ellos, y el futuro ya llegó. Y
llegó bastante mejor que lo que, hace apenas meses, imaginaban en
calle 53.
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Estudiantes,
Pellegrino
martes, 11 de junio de 2013
¿No se mancha?
Hasta las baldosas sabían que el partido estaba suspendido
por un muerto y un herido de gravedad, producto de un enfrentamiento entre
facciones de la barra brava y la Policía. Pero los relatores de Fútbol Para
Todos seguían haciendo su mejor esfuerzo por mostrarse anodadados por el tiempo
que tardaban en salir de los vestuarios los jugadores. ¿Estarían aplicándose
productos para el cabello?
Otra vez, mientras tanto, los hinchas esperaban pacientes,
rehenes por enésima vez del accionar represivo de la Policía y las constantes luchas de poder en el seno de verdaderas organizaciones mafiosas como son las barras bravas, que protegen los políticos y los
dirigentes del fútbol. Cada vez menos gente defiende el supuesto folclore que
aportan los cabecillas de las tribunas, porque cada vez es más evidente que se
trata de un discurso vacío que protege sus actividades criminales ilegítimas.
Podremos analizar su legitimidad barrial, su surgimiento en el marco de la
disolución de identidades locales de los noventa, su rol como defensores de los
hinchas ante los abusos o vacíos estalaes-policiales, pero se torna cada vez
más evidente que detrás de las narrativas sociológicas y folcóricas se esconden
tipos que lucran con las diversas changas que permite el fútbol, desde venta de
choripanes y estacionamiento hasta pases de jugadores. Y que se matan entre sí
por el botín, con el guiño de una Policía que participa del negocio.
Y los hinchas siguen yendo, a pesar de que son manoseados y golpeados por una Policía que permite el ingreso de cientos de hinchas sin entrada y sin cacheo ante sus ojos. Siguen yendo, cuando pueden morir por
una bala perdida, en medio de un enfrentamiento entre facciones, el único tipo
de pelea entre barras hoy en día, terminado el romanticismo de “correr al
otro”. Van, se comen una suspensión, y van de nuevo el finde que viene. Les
ponen la AFA Plus y ellos la pagan: una absurda medida cuyas ganancias irán a
parar al bolsillo de algún funcionario y que continúa con la política de hacer
en la superficie pero negar el problema de fondo. Vender humo y que nada cambie,
porque, en rigor, no hay ningún interés político en que estos “hinchas
apasionados”, como se los llamó alguna vez desde el oficialismo, tengan que
rendir cuentas que incluyen, claro, punterismo, seguridad privada para
funcionarios, aguante en actos políticos y hasta un gremio de hinchas
patrocinado por el kirchnerismo en la víspera del Mundial 2010. Mucha menos intención, como demuestra el sugestivo silencio de FpT mientras se determinaba la suspensión de Estudiantes-Lanús, hay de revisar los organismos de seguridad, los operativos costosos y futiles, la obvia connivencia entre las barras y la Policía.
En la misma línea que AFA Plus, persecutoria de los hinchas, está la disolución
del Coprosede, demasiado sucio ya tras perder todas las batallas posibles y
demostrarse una y otra vez su connivencia en hechos de violencia (uno de los
cuales sucedió en el mismo escenario que el encuentro de anoche: por Copa
Libertadores, la Policía y los organismos de seguridad abrieron puertas que
permitieron que una facción de la barra cruzara de tribuna y baleara a Sergio
Chans). En su lugar surgió el Aprevide, que es, básicamente, el mismo organismo
con la misma política. Su participación se reduce a determinar horarios
ridículos “para mayor seguridad” (ayer lunes se jugó, por esos motivos, a las
cinco de la tarde), y pedir operativos multitudinarios que resultan, cada vez
que hay problemas, absolutamente impotentes. A veces son impotentes por falta
de preparación, tanto logística (no puede ser que mil operativos armados sean
abrumados por treinta sujetos y no tengan otra alternativa, otra herramienta,
que la represión: que sean incapaces de prevenir y contener a pesar de su
entrenamiento y su armamento) como en la inteligencia: mientras los medios
advierten durante días la posibilidad de enfrentamiento entre barras (que
además siempre recrudece cuando se terminan los torneos y se produce la
repartija de lo recaudado que, encima, aumenta si se pelea por algo) la Policía
parece no anoticiarse nunca. Por supuesto, estas distracciones ocurren muchas
veces porque los operativos son impotentes porque quieren, socios de las barras
en muchos chanchuyos barriales, amigotes. Los hinchas de Estudiantes recuerdan, recientemente, la liberación de una zona aledaña a la cancha de All Boys en Floresta que provocó un enfrentamiento entre parcialidades.
Pero no fue éste el caso: fue la Policía la causante del balazo mortal, que habría intervenido acorde a
la costumbre en la disputa de modo represivo y habría ejecutado al barra de
Lanús.Los líderes de la hinchada de Lanús fueron quienes desalojaron,
antes de la suspensión, la tribuna visitante, pero en un nuevo error del
operativo, la Policía permitió que llegaran al Hospital de Gonnet, donde se
hallaba el muerto. Obivamente, se produjeron graves incidentes también allí.
Por supuesto, culpables no hay nunca, nadie se hace cargo a
pesar de las toneledas de plata, dineros públicos incluso, invertidos en
organismos y en operativos que a todas luces nada modifican, nunca, pero que
sirven para la foto. Y ante los incidentes, nunca recae la responsabilidad en
ellos: se utiliza a las barras como chivo expiatorio, demonio que surge de la
nada, y no como un síntoma de una sociedad corrupta y de una voluntad política
nula de solucionar los problemas concretos que permitió el crecimiento
desmedido de un negocio criminal bajo su tutela. Mucho menos se los piensa como seres humanos: si son barras, parece disolverse el repudio por la muerte, parece ser motivo suficiente para tirar.
Esta notable negación del problema de fondo lleva a la continua aplicación de medidas vendehumo: se cierran los estadios en los clásicos, en la Primera B no se permite público visitante, se obliga a los hinchas a empadronarse o a dejar los encendedores en casa... Siempre parches, siempre claudicaciones, la Provincia acaba de determinar, tras una semana de terror, que las dos últimas fechas se jugarán sin público visitante, cuando los incidentes de los últimos años no vienen siendo causados por los choques de hinchadas sino por internas de barras. Se criminaliza al hincha y no se persigue al criminal. Y, además, claro, se suspenden encuentros: fueron dos este fin de semana (Estudiantes-Lanús y Velez-All Boys) y, en esta época de descensos y campeonatos, de histeria y guita en juego, suelen multiplicarse.
Esta notable negación del problema de fondo lleva a la continua aplicación de medidas vendehumo: se cierran los estadios en los clásicos, en la Primera B no se permite público visitante, se obliga a los hinchas a empadronarse o a dejar los encendedores en casa... Siempre parches, siempre claudicaciones, la Provincia acaba de determinar, tras una semana de terror, que las dos últimas fechas se jugarán sin público visitante, cuando los incidentes de los últimos años no vienen siendo causados por los choques de hinchadas sino por internas de barras. Se criminaliza al hincha y no se persigue al criminal. Y, además, claro, se suspenden encuentros: fueron dos este fin de semana (Estudiantes-Lanús y Velez-All Boys) y, en esta época de descensos y campeonatos, de histeria y guita en juego, suelen multiplicarse.
¿El show debe continuar? La suspensión del partido, molesta para mucha gente, en definitiva es incuestionable: ningún
partido debería jugarse cada vez que se produce una muerte por el fútbol.
Además, se corría riesgo real de que todo se pudra: el fallecido era cabecilla
de la barra y el culpable, un policía. Pero, sin medidas reales
para contener la violencia, resulta casi irónico parar un partido, que,
treinta minutos después, se juegue otro y la atención vire, convenientemente, a
otro lugar y que, como medida para solucionar la cuestión, se prohiba a los hinchas concurrir a los espectáculos deportivos: se trata de una concesión que demuestra la incapacidad de los organismos de seguridad de organizar un encuentro y de una medida mentirosa, con el único objetivo de llegar al fin del torneo y que todo pase, como reza el lema oficial de Julio Grondona.
El partido se suspende, pero la transmisión sigue,
esperando hasta la hora del pase con Rosario, donde juega Newell's. Y en medio
de toda esta producción de Fútbol Para Todos, claro, aparece, increíblemente,
la publicidad de AFA Plus, la supuesta solución a todos los males. Los medios
oficiales se hacen los desentendidos, no hablan (no pueden) de los abusos, ineficiencias o
complicidades del operativo, de la falta de decisión política para solucionar
la violencia en el fútbol, y, lo antes posible, otra vez, todo se disuelve en
el aire televisivo. Rueda la pelota, sale el puntero a la cancha, sigue el
show.
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lunes, 27 de mayo de 2013
Oasis, espejismos y horizontes
Allí está el oasis, el alivio: no
importa si es real o no. Espejismo o realidad, consuelo físico o
anímico, el oasis es de todos modos un consuelo temporario, porque luego de bebida el agua o imaginado el reposo, la realidad del desierto que queda por caminar se impone. El oasis funciona, como el horizonte, para seguir
caminando.
Estudiantes encontró en el inicio la era
Pellegrino un necesario oasis. Tras una cosecha deshidratada quedó en medio
del desierto, sacando cuentas y envuelto en dudas. El nuevo DT tocó
un par de cositas, interpeló al equipo con mucho laburo semanal y
consiguió una versión prolija de Estudiantes, que no se regala
atrás como antaño, que aprendió a regular los partidos y que
consigue encontrar, algo, fugazmente, a sus creadores. Machacando
sobre la preponderancia de estos pilares, el equipo consiguió nada
menos que 10 puntos sobre los 15 que tuvieron en el banco al flamante
entrenador.
Enseguida comenzaron los delirios,
propios del viajante en el desierto, los espejismos: Estudiantes era
una maravilla y había, de repente, que sumar para clasificar a la
Copa Sudamericana, un torneo ingrato para el club que, en este
momento, traería nada más que dolores de cabeza en forma de
lesiones, equipos alternativos y derrotas en el torneo que, la
temporada entrante, le tiene que importar al club. Antes que pensar
en el disfrute y la celebración, Estudiantes tiene que salir del
desierto.
Y ese es el tema, justamente: la
sumatoria de puntos calmó las sulfuradas gargantas, el infierno
acuciante, el pánico del desierto sin fin. Pero aún no sale de las arenas ardientes: lejos está
Estudiantes de correr, menos de volar bajito. Hilvanó un par de
victorias a puro pragmatismo, pero nada le sobra y todo le costará.
Argentinos llegó a La Plata con cinco derrotas al hilo y un
compendio de juveniles y suplentes, en medio de un caos institucional
que amenaza con incendiar todo y mandarlo a la B. Con un planteo
modosito, maniató al equipo de Pellegrino y, si acertaba la que la suerte le dio, podría hasta haber ganado.
Porque mucho le falta a Estudiantes:
defiende mejor (encontró un arquero que responde cuando lo llaman y hace rato no le marcan), funcionan los relevos, no queda mal parado, pero tampoco es una
garantía; ataca mejor, se junta, busca por adentro y por afuera,
pero en general no encuentra y sigue siendo predecible como contracara al orden hallado. Ayer fue la imagen viva de como la
impotencia se termina convirtiendo en desidia: tras un primer tiempo
de búsqueda paciente, el Pincha terminó jugando al gol azaroso y
hasta perdió la pelota, por apresurado y harto, contra un equipo
que no quería tenerla. Apenas Correa aportó rebeldía ante el
empate clavado, en un equipo donde, otra vez, varios de los grandes
agudizaron las dudas sobre su continuidad: Benítez fue tibio,
Martínez demasiado errático, y la Gata coronó una media hora de
flotación intrascendente con una expulsión boba que, además, privó
a Estudiantes de una última jugada.
Pellegrino heredó un plantel caído
física y anímicamente, repleto de jugadores con signos de pregunta
respecto a su futuro y chiquilines de notable verdor, y consiguió
torcer el destino inexorable de este torneo: perder este tipo de
partidos. Hoy sumó un poroto que dejó a varios soñadores
disconformes, pero que sirve para seguir caminando hacia el
horizonte: el final del torneo. No es un “paso atrás” sino un
paso más de este Estudiantes que no está para grandes pasos, y que
puede tanto ganar (ahora sí) como empatar o perder, dependiendo
todavía en gran parte (pero cada vez menos, parece) del alineamiento de los planetas.
domingo, 26 de mayo de 2013
La corporación del fútbol contra el júbilo
San Martín de San Juan acababa de
marcar el desnivel en un encuentro duro en que unos jugaban por la
punta y los otros, los sanjuaninos, por mantenerse con vida en
primera. El festejo se desató alocado, como sucede cuando los
equipos tienen pocas oportunidades para celebrar, cuando cada gol
vale oro. El festejo es, después de todo, la consumación del
fútbol, el momento único de descontracturarse, el momento sin
reglas ni tiempo. Por supuesto, hacia ese lugar anárquico y gutural
fueron las reglas.
Terminada la celebración, el autor del
tanto, Damián Ledesma, recibió una segunda amarilla, acusado de
sacarse la camiseta, y se fue de la cancha en un momento clave para
los sanjuaninos, y también para otros equipos interesados, como, por
caso, estos chicos de Independiente. El jugador se había levantado
la casaca pero no se la había quitado, por lo cual, en primera
instancia, la sanción del árbitro resultó apresurada,
descontextualizada, una sanción demasiado celosa de una regla banal,
que no tuvo en cuenta momentos ni lugares, ni siquiera matices. Las
críticas fueron acompañadas por las teorías conspirativas que,
naturalmente, surgen cerca de junio cada año, y en contrapartida
surgieron las voces que cargaron las tintas en la soncera y la
inconsciencia del pobre Ledesma.
No sabemos si la corporación del
fútbol (AFA, árbitros -que son de AFA- y medios) ayuda o no a
Independiente, el club de Don Julio que, por ser uno de los grandes
de capital, atrae gran cantidad de telespectadores. Tras años de
fútbol todos hemos visto afanos, a veces sutiles amonestaciones que
te sacan un jugador el próximo partido o faltitas que te inclinan la
cancha, a veces groseras omisiones: sabemos entonces que algún
ayudín seguramente habrá, aunque hasta aquí no le ha funcionado
demasiado bien al equipo de Avellaneda. La cuestión, de todos modos,
es puramente especulativa gracias a los “códigos” del fútbol,
esos que Ezequiel Fernández Moores ha igualado con razón a la
omertá (la ley del silencio de las mafias). No interesa, por ende,
desarrollarla.
La situación de Ledesma revela, sin
embargo, otro manejo apenas velado del fútbol. La reglamentación
que devino en la expulsión del jugador de San Martín fue sancionada
en 2004 por FIFA, en principio, para poner límite al festejo
desmedido, a la “excesiva muestra de júbilo”. Una sanción
disciplinaria injusta, exagerada, pero esperable en un deporte donde
vuelan las patadas y los árbitros expulsan jugadores cuando los
insultan.
Ahora, la regla 12 (Faltas e
incorrecciones), dentro de la cual se incluyó la sanción que discutimos, habla, muy específicamente, del tema camiseta. El
“festejo desmedido” por, digamos, colgarse de los alambrados o gritarle el gol a la hinchada ajena,
queda abarcado por la ley, por su espíritu, primando como en todo el
reglamento el criterio arbitral a la hora de definir qué es
desmedido y qué no. Pero lo mismo no ocurre en cuanto al festejo con quita de camiseta (?), situación ante la cual la FIFA obliga a
amonestar: la reglamentación de una situación tan particular dentro
de un reglamento más bien acotado y librado mayormente a la
interpretación de las situaciones parece, en principio, arbitraria,
ortiva, un castigo caprichoso a una situación inofensiva. Por
supuesto, toda regla tiene un alto grado de arbitrariedad: si el
deporte reglamenta que uno no debe atarse los cordones dentro de la
cancha, hacerlo es necesariamente irresponsable o inconsciente. Sin
embargo, esta regla no es tan arbitraria como parece, y tiene su
origen en la infame alianza entre fútbol, medios y empresas.
El gol es el momento de gloria pero,
también, de exposición del futbolista. Por ello los festejos con
bailecito, máscaras y dedicatorias que pululan por el mundo: es el
instante donde todas las cámaras enfocan al jugador, donde lo
vuelven protagonista absoluto. En este momento de pico de rating, a
algunos locos se les ocurría, gran osadía, sacarse la camiseta que,
además de la marca del club, promociona una tercera marca, la
empresa patrocinadora, que se quedaba de ese modo sin tapa de diario,
sin espacio en los noticieros, en fin, sin la razón de existencia de
esta publicidad no tradicional.
Las empresas patrocinadoras, en
general, suelen pertenecer a conglomerados que aglutinan medios y
otras empresas: la causa de uno es la causa de todos, y cuando las
costumbres del fútbol confrontan con los financistas del deporte,
quienes tienden a cambiar son las costumbres del fútbol. Los
ejemplos abundan, desde los números en las camisetas hasta el
intento fallido de agrandar los arcos. La regla número 12 del
reglamento de la Federación Internacional de Fútbol Asociado es uno
de estos ejemplos que revela, a las claras, como las
reglamentaciones, en el fútbol como en todos los deportes, no se
decretan por el bien del juego, sino por el bien del espectáculo.
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lunes, 20 de mayo de 2013
Manipulaciones
ROBADO DE LABORATORIO PINCHARRATA
¨El instrumento básico para la manipulación de la realidad
es la manipulación de las palabras.
Si tú puedes controlar el significado de las palabras
puedes controlar a la gente que utiliza esas palabras¨
Philip Dick
Se sucedieron en un fin de semana y sólo son 2 de los tantos que podríamos transcribir. La cantidad de conceptos vacíos de contenido real que se tiran al aire en muchas transmisiones de fútbol es difícil de cuantificar. Ya habíamos analizado en ¨Bian Lian¨ un texto lleno de ¨romanticismo¨ del Angel del Descenso y la idea a partir de aquí es exponer esos ¨conceptos¨ manipuladores de la realidad que hacen ciertos protagonistas y periodistas (o pseudo en algún que otro caso) a la hora de expresarse en un medio de comunicación. Lo hacen con mucho humo y verborragia en sus formas, combo ideal para que una buena porción de gente compre.
En este caso el que nos regala un par de tweets insólitos es ¨Gambetita¨Latorre. A propósito de la clasificación (en el 4to lugar) del Arsenal de Inglaterra a la Champions League, el ahora maratonista (¿qué paradoja no?) dijo lo siguiente:
Diego Latorre @dflatorre4h
Arsenal se clasifica nuevamente a la Champions League. Gracias Wenger por resistir a los embates del capitalismo. 16ta temporada consecutiva
No vamos a opinar de Wenger en este posteo, no viene al caso aunque mucho podríamos decir de él. El punto en cuestión es la utilización de esa frase como ¨gancho¨; de esas que enamoran a más de un despistado:¨Gracias por resistir los embates del capitalismo¨. ¡Paaaaaaa! ¿Estamos en presencia de la reencarnación del Che?
Lo más curioso es que se refiere al DT-Manager de un Club que entre otras cosas construyó su estadio firmando un convenio con Emirates por 100 millones de libras esterlinas. Un club que es una Sociedad Anónima con las acciones divididas entre ricos empresarios, entre ellos Alisher Usmanov, un ruso sospechado de negocios turbios tras la caída de la URSS. Que como la mayoría de los clubes ingleses tiene en sus filas jugadores de muchas nacionalidades diferentes (es decir, una liga basada en la idea que se puede comprar lo mejor de cada país). Y lo más lindo que es que Diegote celebra en otro tweet que en esta temporada haya tenido un superávit de 50 millones. Ergo, vendría a ser un club capitalista modelo. Notable.
Pero no queda ahí. El tipo, que el fin de semana se leyó ¨El Príncipe¨ de Maquiavelo, en la primera de cambio te mandó esto en la red del pajarito:
Diego Latorre @dflatorre4h
El Arsenal es un ejemplo de convicciones en esta época en la que no importan los medios para llegar al fin.
Efectista como pocas, es una de las típicas frases que suelen usar los mentirottistas a la hora de analizar fútbol. Una frase que repiten como loros los periodistas amigos del DT ¨Campeón¨ en la Dictadura. Y una frase que nunca han desarrollado con argumentos e ideas. Porque dando a entender que hay ¨otros¨ que llegan al fin por medios ¨no valorables¨, deberían contarle a la gente de qué equipos están hablando. Dar ejemplos, nombres. Pero su cobardía es tal que ni siquiera se animan a decir de frente eso que sienten (porque en el fondo es una barrabasada, lógicamente) y mucho menos cuando entrevistan a esos DT´s de esos equipos a los que suponemos aluden con estas ridiculeces.
Para finalizar y en sintonía con la manipulación que hacen de los hechos según la conveniencia, los invitamos a leer la columna de Martín Caparrós en el Diario Olé. Está referida al empate (y clasificación) de su equipo en Brasil. Recordemos que este señor escribió lo siguiente con respecto a SABELLA: ¨El mostro está felí¨. Allí decía entre otras cosas que ¨el bilardismo es esa forma de pensar el fútbol con el miedo a perder como centro de todo¨. Y también que ¨nunca entendí bien qué es lo que hacen los técnicos¨, para luego decir... ¨Aparentemente, tonterías: nada que no pudiera hacer cualquiera¨.
Pero como esta gente es una fuente inagotable de incoherencia, ahora parece que al tratarse de su equipo la vara cambia. Columna que a su vez demuestra, una vez más, lo que tantas veces hemos dicho: que los equipos juegan para sus hinchas. Que a esos hinchas lo que más les importa es ganar, sea con un 4-3-3 o con un 4-4-1-1 (como su club la semana pasada) y que la percepción del espectáculo que tengan los neutrales, a los que compiten y a sus simpatizantes les preocupa tanto como el precio de la papa en Burundi.
Lean y saquen sus conclusiones. Sólo como adelanto les dejamos una frase de esas que resumen todo, como si de golpe ahora simpatizara con ese supuesto ¨bilardismo¨ que tanto criticaba: ¨Otra vez uno de esos partidos absolutos, donde lo que importa no es ver fútbol: es ver pasar el tiempo. Son minutos lentos, laboriosos: minutos como son los minutos cuando sólo queremos que se pasen.¨
jueves, 2 de mayo de 2013
La ideología alemana
Consecuencia, entonces: llegaron a la final dos equipos de la Liga mejor organizada, menos endeudada, auditorada cada año de modo privado, y una de las que más promueve el fútbol base. La Bundesliga, además, tiene la suerte de jugarse en el país más poderoso de Europa, y la estabilidad financiera y el flujo de dinero también han sido factores clave para acercar esponsoreo e inversión privada en el fútbol. Todo, sin despilfarro: donde hay plan a largo plazo no hacen falta inversiones ad-hoc.
Hace una década, sin embargo, la Bundesliga era una remota competencia sin lugar en la TV internacional. Los resultados magros conseguidos en los Mundiales del 94, 98 y 2002, sumados al fracaso de la Eurocopa 2000 en casa, empujaron a la federación a impulsar un aggiornamiento del histórico estilo hipermecanizado de los germanos. Mucho tuvo que ver Jurgen Klinsmann, que asumió la dirección técnica nacional en 2004 decidido a cambiar la vieja fórmula alemana del bochazo. Mucho tuvo que ver el influjo de inmigrantes que volaron hacia Alemania en busca de un futuro mejor: sus hijos tunesinos, turcos, bosnios, polacos, son hoy el corazón de una verdadera selección global. La Liga, en tanto, siguió el pedido del ex delantero, y se nutrió de entrenadores e ideas extranjeras y las nuevas generaciones se fueron nutriendo de los más elásticos modos que andaban de moda por entonces.
Así, y no de otro modo, se logró deponer la dictadura española: los alemanes dieron en las semifinales de la Champions dos de los golpes más grandes de la historia del fútbol, humillando al Real Madrid y el Barcelona y atropellando a lo Transformer la posibilidad de la morbosa final. No consiguió terminar (¿terminó?) la era Barsa el Real Madrid, con inversiones multimillonarias, sino Alemania, tras mil intentos y con el plan concreto de paulatinamente volver a ser. Requirió paciencia, cerebro, humildad y apertura mental, y hoy el fútbol más novedoso, el nuevo paradigma que ascendió desde los márgenes, se impone desde Alemania. Juego vertical, directísimo, control en velocidad y muchos intentos al arco: un fútbol físico es el eje tanto del Bayern Munich, con más jerarquía individual, potencia y control de balón, como del Borussia Dortmund, el laboratorio del científico loco Jurgen Klopp que se asemeja al estilo bielsista del ataque constante por las bandas y la presión alta.
Seguramente muchos equipos (incluidos quizás los viejos reyes) copien la fórmula en la cancha y no fuera de ella. Como sucedió con el Rey Barsa, todos querrán ser como los alemanes, pero pocos sabrán y podrán imitarlos. No interesa: el fútbol no evoluciona en única dirección, imponiendo tácticas superadoras a viejos modelos ya añejos, sino que, simplemente, surgen estilos de juego de modo rizomático, en diversas direcciones intentando deponer a los grandes equipos, buscando soluciones (siempre parciales, siempre el fútbol una manta corta) para alcanzar la gloria. Algunos consiguen vencer y se instalan en nuevos paradigmas, bajo la ilusión de un progreso.
El fútbol va hacia Alemania: el asesino de reyes marca el rumbo organizacional, pero muchos se fijarán en los experimentos que ocurren dentro de la cancha, en este nuevo-viejo fútbol que quita el aliento de tan vertiginoso y eficaz, de tan letal.
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jueves, 25 de abril de 2013
Mística y carencias de la Copa Argentina
Las danzas germanas del martes y el miércoles, día del batacazo en fútbol, seducen con un panegírico acerca de los dos equipos que estarán en la final de la Champions. Pero aunque estén cerradas, las series aún no han terminado y, en verdad, nos han emocionado mucho más los triunfos sufridos y roñosos de Tristán Suárez y Estudiantes de Caseros sobre Racing y River respectivamente, que las implacables goleadas de los aguafiestas alemanes sobre los ¿decadentes? españoles.
Porque la Copa Argentina es probablemente el mejor invento de la era Grondona (bueno, en rigor se trata de un calco de las competiciones europeas y plagio de los viejos Nacionales de vida fugaz). A pesar de AFA, incluso: porque el torneo con mayor potencial para crear epopeyas de infraperros y narrativas épicas presenta un sinfín de complicaciones ligadas a una organización antinatural y a lo que, parece innegable, es sencillamente impericia.
En primera instancia la decisión inexplicable de dar las ventajas a los mejores equipos (arrancan en octavos y son elegidos “cabezas de serie” a partir de criterios caprichosos como la tradición) es inexplicable. Además de representar una ventaja deportiva hacia los más poderososo (que son, también, quienes tienen mayor capacidad económica para afrontar viajes y partidos entresemana, y quienes tienen planteles más largos para afrontar la doble competencia) la decisión de filtrar a los equipos chicos en rondas eliminatorias previas a la entrada de los “importantes” provoca que sean pocos los enfrentamientos entre davides y goliates, y por ende menos aún los triunfos épicos de los infraperros. Justamente allí reside el encanto del torneo, desperdiciado por una decisión que, sin dudas, pretende que los equipos de Primera jueguen, en 4 o 5 encuentros, por una copa y un pasaje a la Libertadores y, por ende, que decidan prestigiar el torneo poniendo sus titulares en la competencia.
Pero ni siquiera esta decisión, política e elitista, le sale bien a AFA. El torneo surgió como una respuesta al famoso “torneo de los mil equipos” que los de Viamonte le chorearon a Daniel Vila, quien, en su vampírico intento por hacerse del trono de Don Julio, propuso un torneo inclusivo, federal, pinchando así en una de las viejas carencias de la interminable gestión de Grondona. La historia cuenta que, con el dinero público en el medio y su enésima reelección puesta en duda, Don Julio hizo propia la idea de Vila (con sutiles modificaciones) y, cuando esta fue rechazada hasta por los hinchas de River, que ascendían por decreto gracias al torneo de 40 equipos (que chocaba además contra las recomendaciones de FIFA), bueno, entonces se reflotó la vieja idea de un torneo nacional “tipo FA Cup”: la Copa Argentina.
Pero es curiosamente el promocionado “carácter federal” del torneo lo que desmotiva a los equipos de Primera a poner el once ideal en cancha. En primer lugar, porque el unitarismo mental del país provoca que cualquier viaje de la Capital Federal al interior parezca una travesía interminable que provoca un cansancio subrayado por los medios en esas tardes de jueves en las que no hay mucho para decir en el noticiero deportivo. En segundo lugar porque la idea de AFA sobre el federalismo implica, aparentemente, exportar el fútbol bonaerense, ese bien que todo el resto del país envidia, hacia las demás provincias: la Copa Argentina presenta entonces partidos tipo Tigre-Gimnasia jugados en Catamarca.
Sin embargo, los hinchas de Atlético Tucumán, por ejemplo, no tienen el placer de ver a su equipo contra uno de Primera y presenciar una posible noche histórica, sino que tienen que contentarse con lo que les lleve el azar a sus canchas mientras los tucumanos juegan en el sur del país. Como en la FA Cup, el verdadero modo de realizar una competencia federal sería, en primer lugar, no jugar en cancha neutra sino sortear las localías y, si le toca a Boca viajar a Chubut, entonces habrá fiesta de los fanáticos boquenses de esa provincia. En segunda instancia, para acrecentar las chances de este tipo de cruces “federales”, es necesario que los equipos de Primera arranquen la competencia en la misma ronda que el resto.
Probablemente, un torneo tan largo y con un premio tan reducido (económicamente el premio es jugoso para los equipos de categorías menores pero no tanto para los de Primera, y jugar ocho o nueve rondas de un torneo sin prestigio por un sólo lugar en la Libertadores parece más una inconveniencia que una posibilidad) no sea jugado por ningún equipo con sus once mejores jugadores. Pero, de todas maneras, tampoco sucede ahora. Ayer, mientras Estudiantes de Caseros festejaba haber viajado mil kilómetros y haber puesto en riesgo el físico de sus jugadores a cuatro días de un encuentro clave ante Villa San Carlos (con cuatro fechas por delante y por la punta de la Primera B), un mix de precoces millonarios, jugadores indultados y suplentes de River fingía sentirse afectado por su derrota y por los gritos de la tribuna que, decepcionada, los abucheaba. Es que, en definitiva, la Copa presenta una gran oportunidad de hacer historia para los chicos, pero representa mucho que perder (desde el físico al estatus) para los grandes. Seguirán, entonces, ninguneandola hasta que el torneo no se vuelva prestigioso y sus hinchas exijan poner lo mejor. Seguirán, entonces, avanzando casi sin intención por la competencia, incluso depositados por el azar en instancias decisivas, y a veces también mancillando su historia, hasta que los premios no sean mayores.
Probablemente, un torneo tan largo y con un premio tan reducido (económicamente el premio es jugoso para los equipos de categorías menores pero no tanto para los de Primera, y jugar ocho o nueve rondas de un torneo sin prestigio por un sólo lugar en la Libertadores parece más una inconveniencia que una posibilidad) no sea jugado por ningún equipo con sus once mejores jugadores. Pero, de todas maneras, tampoco sucede ahora. Ayer, mientras Estudiantes de Caseros festejaba haber viajado mil kilómetros y haber puesto en riesgo el físico de sus jugadores a cuatro días de un encuentro clave ante Villa San Carlos (con cuatro fechas por delante y por la punta de la Primera B), un mix de precoces millonarios, jugadores indultados y suplentes de River fingía sentirse afectado por su derrota y por los gritos de la tribuna que, decepcionada, los abucheaba. Es que, en definitiva, la Copa presenta una gran oportunidad de hacer historia para los chicos, pero representa mucho que perder (desde el físico al estatus) para los grandes. Seguirán, entonces, ninguneandola hasta que el torneo no se vuelva prestigioso y sus hinchas exijan poner lo mejor. Seguirán, entonces, avanzando casi sin intención por la competencia, incluso depositados por el azar en instancias decisivas, y a veces también mancillando su historia, hasta que los premios no sean mayores.
Allí residen las dos claves del trabajo que debe afrontar la organización. El prestigio puede ganarse bañando a la Copa Argentina de mística, obligando a los clubes a visitar territorios hostiles por todo el país, a atravesar numerosas rondas ante rivales menores pero mucho más hambrientos y deseosos de humillar y llenarse de gloria. El sorteo de la localía es una necesidad de la competencia, así como lo es la participación desde las primeras rondas de todos los clubes para volver al torneo verdaderamente federal, inclusivo y apto para todo tipo de batacazos: estas simples medidas darían un gran empujón al tiempo, que seguramente cumplirá su rol en volver al torneo tradicional y atractivo.
La otra gran necesidad de la Copa Argentina es la repartija de premios: demasiado se reparte en ese torneucho de 19 fechas y muy poco en este torneo de cientos de equipos. El premio económico seguramente crecerá a medida que los anunciantes se anoticien de este seductor, pero muy poco promocionado producto. El premio deportivo debe, sin dudas, ser mayor. A la plaza libertadora habría que sumar dos plazas de Sudamericana, al menos, y jugar, por ende, un partido por el tecer y cuarto puesto. Sería interesante, incluso, dar plazas a la Copa Libertadores a los dos finalistas aunque, claro, eso le quitaría algo del incentivo a la final.
La Copa Argentina tiene todo lo que nos gusta: esas historias del fútbol casi amateur, esos estadios desamparados, las duchas frías, las batallas entre pobres y millonarios con saborcito a batacazo. Pero los partidos casi ni se ven y, sin medios masivos que publiciten el torneo, poco se sabe de los partidos en que no juegan los equipos que uno sigue: hay que tener en cuenta que los derechos son de la TV pública, que cuenta con rating bajísimo, y que los diarios aliados también tienen un lectorado poco significativo. Quizás, entonces, deben explorarse las nuevas tecnologías: la televisación por internet es un saludable paso al frente en este sentido, pero la promoción es deficiente aún en la vía virtual. Hay mucho por hacer y, quizás, el problema resida en la capacidad y la voluntad de un grupo dirigencial que, hoy más que nunca, quiere quedar bien con los equipos poderosos y con los políticos poderosos (todo con tal de sostenerse en el poder) y terminan generando este proyecto lleno de agujeros, a medio cocinar.
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martes, 23 de abril de 2013
¿Qué pasó? Crónica del derrumbe de Estudiantes
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