martes, 16 de agosto de 2011

Real Madrid y Barcelona paran el mundo

Por Juan Pablo Varsky para canchallena.com

Chocan los planetas en cada versión del clásico que protagonizan Real Madrid y Barcelona. Anteayer, jugaron por quinta vez en el año. La Supercopa española, que disputan a principios de temporada el ganador de la Liga y el campeón de la Copa del Rey, fue la cuarta competición que los ha enfrentado en 2011 tras la Liga, la Copa y las semifinales de la Champions League.

Además de la ancestral rivalidad y la calidad de ambos equipos, el duelo incluye ingredientes de furiosa actualidad que lo convierten en irresistible. José Mourinho ha impregnado su anti-barcelonismo por toda la Casa Blanca. Ha logrado que hinchas, directivos, jugadores y periodistas expresen su rechazo a todo lo que huela a "culé". "La afición debe elegir si quiere ver los partidos o los quiere jugar" arengó Mou. Compañeros en el seleccionado, madridistas y catalanes se han trenzado en duelos mediáticos y en trifulcas dentro de la cancha. Vicente del Bosque tuvo suficiente y pidió terminar con las provocaciones.

La confrontación individual entre Messi y Cristiano Ronaldo ofrece otro punto de atracción. Aunque se trate de un deporte colectivo, la comparación es inevitable en cada episodio. Sin dudas, se trata del partido más caliente del momento. Abrieron la 2011-2012 con un entretenido espectáculo. El 2-2 tuvo giros en el marcador y goles fuera de contexto que cambiaron el curso del match.

Un Madrid furioso capitalizó su excelente arranque con el gol del exquisito Ozil pero se fue al descanso 1-2 por culpa de Lionel Messi. A sólo cinco días de haber regresado de Ibiza, Leo hizo un desastre en quince minutos. Pase para el golazo de Villa y otro gol en la cuenta de Casillas, uno de sus mejores clientes. Participó poco, pero siempre bien. Aún lejos de su mejor versión, fue la figura de su equipo.

Del otro lado, brilló Ozil, otro que tiene el partido en la cabeza y sabe lo que hará antes de recibir la pelota. El tren ya viaja rumbo a Barcelona, con escala en Zaragoza. Será mi primer Barca-Madrid en el Camp Nou, que presentará al primer campeón de la temporada. Otra fiesta del fútbol nos espera en una ciudad maravillosa. Sin embargo, la opulencia de los dos grandes genera como contrapartida una liga desigual e injusta. La brecha con el resto se hace cada vez más grande. Se parece mucho al campeonato escocés donde Rangers y Celtic compiten entre ellos y no hay lugar para otros. El último título ajeno data de la 2003-2004 para el Valencia con Ayala y Aimar dirigido por Rafa Benítez.

A partir de ahí se alternaron en el poder blaugranas (5) y merengues (2). La diferencia con el tercero se ha tornado escandalosa, más de 25 puntos. La desigualdad la genera el reparto de los derechos de TV, sin parangón en el mundo. Se llevan, entre los dos, el 53% del dinero por los ingresos televisivos. Con esta distribución, no hay competitividad posible. La burbuja explotó.

La gran mayoría de los clubes están arruinados. Le deben a Hacienda casi 650 millones de euros, más de 6 millones a Seguridad Social. Por cada euro de fondos propios, cada club debe una media de 15. El pasivo corriente, que debe pagarse en el presente año, trepó a 800 millones. Por cada 100 euros que deben, hoy cuentan con dinero líquido para pagar 59 centavos.

Hay cuatro equipos que no consiguen publicidad para su camiseta, entre ellos el Atlético de Madrid. Y, por supuesto, también les deben plata a los jugadores. La Asociación de Futbolistas Españoles denunció que 200 de sus afiliados están afectados por algún tipo de impago y que el monto ya superó los 50 millones. El pasado jueves 11, Luis Rubiales, presidente del sindicato, anunció una huelga para las dos primeras fechas del campeonato. No estuvo solo. Lo acompañaron más de 100 jugadores, entre los que estaban los campeones mundiales Casillas y Puyol, respectivos capitanes de Real Madrid y Barcelona.

Todos, consagrados y desconocidos, repitieron el mismo discurso: "esta vez no toca rendirse. No jugaremos hasta que se firme un nuevo convenio colectivo". Los cracks respaldaron a sus colegas en apuros, que viven al día. Aquí, el campeonato de Primera División es responsabilidad de la Liga de Fútbol Profesional, autónoma de la Real Federación Española, que tiene a su cargo la Copa del Rey y las selecciones.

La Liga no quiso dar más de 10 millones para el Fondo de Garantía Salarial, el dinero que los clubes pondrían para evitar impagos. Desde la LFP se decidió que sea de esa cantidad por año hasta 2015. El acumulado no alcanza ni siquiera para pagar la deuda actual. Los clubes, en su mayoría sociedades anónimas deportivas, gastan más de lo que reciben Por ejemplo, Getafe generó 22 millones y gastó 35 en la temporada 09-10. Así de vulnerable, debió aceptar los petrodólares de Royal Emirates Group.

Villarreal, Mallorca, Valencia y Racing de Santander también parten desde ese déficit estructural. Pero el caso más disparatado es el de Zaragoza. Está en concurso de acreedores (22 de los 23 clubes europeos en esa condición son españoles) y no puede fichar jugadores hasta no estar limpio de deudas. Sin embargo, ha contratado a un arquero por más de 9 millones. ¿Cómo lo hizo? A través de un fondo de inversión radicado fiscalmente en la isla de Jersey. ¿Y quién maneja el fondo? El presidente del club Agapito Iglesias. Ha sido tan escandalosa la maniobra que ni siquiera la LFP salió a defender a su afiliado.

La Ley Concursal encarna la última trampa a la que se han aferrado los clubes para evitar el descenso de categoría que les corresponde por su situación financiera, según la vigente Ley del Deporte. La Liga calificó como chantaje la postura de los jugadores. "Nos exigen garantías irreales en el mundo que nos toca vivir", dijo Carlos del Campo, su secretario general. El 12 de julio pasado, la LFP había aprobado el Reglamento de Control Económico, un código de ética y solvencia financiera para salir del agujero negro. "El que no cumpla las reglas, quedará fuera de la foto", había dicho, eufórico, el presidente José Luis Astiazarán. La principal medida será reducir el porcentaje de los sueldos en los presupuestos del 85 % actual al 70.

Hoy, Real Madrid cumple con esa norma (64.4%) gracias a su formidable capacidad para generar recursos. Barcelona gasta el 76 % en salarios y cerró su inolvidable ejercicio con pérdidas. La situación es insostenible. El sindicato se puso firme, marcó la cancha y ahora mismo alguien deberá poner la plata. La situación tiene un punto de contacto con la del fútbol argentino durante agosto de 2009. Aquel reclamo de Agremiados por 40 millones de pesos desembocó en la decisión de la AFA de romper el contrato con Televisión Satelital Codificada y la aparición del Estado como nuevo socio televisivo.

No ocurrirá lo mismo en España. El Gobierno no financiará a los clubes en un país 5.000.000 de parados y una situación económico-financiera muy delicada. Sí pretende mejorar los mecanismos de control. El Senado ya puede votar la reforma de esa Ley Concursal para que los clubes con deuda no puedan cobijarse bajo la intervención judicial y así eludir los descensos de categoría por sus deudas. ¿Y entonces quién lo paga?

Todos miran a la TV, que ya cambió reglas para este año. Impuso la franja horaria del domingo a las 12 para conquistar el mercado asiático. La primera fecha tiene nueve segmentos horarios para diez partidos. El modelo está agotado. Propuestas como tope salarial para los jugadores, como en la NBA, y una distribución más pareja de los derechos de TV cobran cada vez más fuerza. Mientras tanto, mañana será un día clave. Se definirá, nada menos, si tras otro Barcelona-Real Madrid se parará el fútbol en España.

lunes, 15 de agosto de 2011

La industria pornográfica

Por Ezequiel Fernandez Moores para canchallena

"¿Quién quiere ver fútbol cuando el país está en caos?" Rio Ferdinand, uno de los jugadores más importantes en la última década del fútbol inglés, no dormía mientras veía por Sky News edificios y ómnibus en llamas en su Peckham natal, sudeste de Londres. Es un fanático de Twitter. Unas semanas antes, twitteó unas fotos que se estaba sacando en una visita del Manchester United a la Casa Blanca. Enfureció cuando advirtió que las fotos desaparecían al instante. Hasta que le avisaron que era la CIA. Pero esa noche, en su mansión de 8 millones de dólares de Cheshire, Ferdinand siguió twitteando desesperado. "No puedo decirles exactamente a los jóvenes qué deben hacer, pero robar televisores, quemar las casas de gente inocente y negocios no solucionará nada."

También twitteó su compañero Wayne Rooney, nacido en Croxteth, un suburbio de Liverpool. "Por qué la gente le hace eso a su propio país, a su propia ciudad. Por favor, paren", escribió desde su cercana mansión de Chestbury, de 6,5 millones de dólares. Al día siguiente, miércoles, Ferdinand y Rooney se quedaron sin jugar el amistoso contra Holanda en Wembley. Los graves disturbios también ponían en riesgo la primera fecha del campeonato. "Posponer el inicio de la Premier League sería un mensaje terrible para el resto del mundo. Se ve en todos lados adonde viajo", dijo Bernie Ecclestone. El octogenario zar de la Fórmula 1 y accionista del ascendido Queens Park Rangers viaja mucho. Subió del puesto 38 al 23 en la lista de los hombres más ricos del Reino Unido. Posee unos 4000 millones de dólares. Los miles de jóvenes que salieron la semana pasada a las calles de Londres y de otras ciudades de Inglaterra, para protestar unos y para saquear otros, no prestaron la más mínima atención a los ruegos de las figuras deportivas.

Peor la pasó nada menos que Michael Jordan en 1993 cuando amagó intervenir en el caso Rodney King, una golpiza policial que provocó estallidos raciales en Los Angeles. La estrella de la NBA, icono del deporte globalizado, ganaba entonces unos 70 millones de dólares anuales en salario y publicidades, como aquella en la que un niño blanco decía "Yo quiero ser como él". Uno de los líderes de la protesta le sugirió que no interviniera. Le dijo que, lamentablemente, los jóvenes ya no lo sentían propio. Que el dealer de la esquina era para ellos un modelo mucho más cercano. Respuestas similares recibieron Ferdinand y Rooney la semana pasada. El ex arquero de la selección inglesa, David James, se indignó cuando escuchó por la TV a un comerciante que decía que, en lugar de twittear , los jugadores debían donar parte de su fortuna y que ellos eran un mal ejemplo. "Los jugadores no tienen por qué ser modelos de los jóvenes", escribió James en The Guardian. Sí opinó que los jugadores y los clubes deberían dedicar más tiempo y dinero a sus comunidades, y no limitarse a la visita anual al hospital de la zona con las cámaras de Sky TV. "Cuando uno les habla a millones tiene alguna forma de responsabilidad social", replicó un lector. Decenas se indignaron por los dineros y los escándalos que rodean a los jugadores. "Nuestros banqueros -terció alguien- también evitan ser castigados y encima piden más dinero, como los jugadores. Sus estafas, además, producen mucho más daño."

"Nadie puede asumir liderazgo moral, tampoco los políticos acusados de fraude o los policías y periodistas que espiaban teléfonos", me dice desde Londres Gary Armstrong, sociólogo especializado en fútbol. El colega Jimmy Burns me aconseja leer "el majestuoso libro" de David Goldblatt The ball is round para comprender qué significaba y qué significa hoy el fútbol en Inglaterra. La Premier League inició el último fin de semana su 20» edición. Comenzó en agosto de 1992. Por un lado había que poner fin a la era de los hooligans . Por otro, adueñarse de los nuevos millones de Rupert Murdoch y la cadena Sky. Sudán del Sur, flamante nuevo país, se anotó para ver a la Premier League incluso antes de unirse a la ONU. Es el país número 212 que ve por TV al fútbol inglés. La TV pagaba 11 millones de libras en 1992. Hoy paga 1300 millones. Murdoch gana fortunas con las transmisiones de pago. Había apenas 11 jugadores extranjeros. Ahora, casi 300. Los dueños de los clubes eran británicos. La mitad está hoy en manos foráneas, de Estados Unidos a India, de Uzbekistán a Serbia, de Hong Kong a los árabes. Un asiento en Old Trafford costaba una media de 13 libras. Según la inflación hoy podría costar 19 libras. Cuesta 50. Los modernos estadios ingleses parecen hoy teatros de ópera. La violencia, cada tanto, vuelve a explotar en las calles.

El único partido suspendido del fin de semana fue Tottenham-Everton. En Tottenham comenzó la explosión cuando la policía mató a un ciudadano negro, supuestamente un dealer . Los negros tienen chances 7 contra 1 respecto de los blancos de ser arrestados bajo sospecha, recordó Joseph Harper, para quien la situación en Inglaterra hoy es peor que en las revueltas de 1981. Mark Duggan fue el muerto 334 desde 1998 bajo custodia policial y sin condena jamás para un policía. Lo escribió Nina Power en un artículo en el que enumeró la escalada de las protestas sociales del último año por recortes y ajustes y recordó que el 10 por ciento más rico de la población británica tiene una diferencia record de 100 a 1 respecto del 10 por ciento más pobre. "En una sociedad cuyas diferencias son las peores desde 1920, los futbolistas que ganan 80.000 libras por semana (131.000 dólares) son modelos de esa opulencia", escribió Paul Hayward al justificar la suspensión en Tottenham, "un área con los peores índices de desempleo y en la que los recortes sociales para los jóvenes fueron del 75%". Su colega Richard Williams agregó que en el municipio de Haringey, donde está el estadio de Tottenham, cerraron 8 de los 13 centros juveniles. Lo escriben para decir que, tal vez, los incidentes de la semana pasada no son sólo "pura delincuencia", como los describió el premier David Cameron. El deporte escolar sufrió recortes de 162 millones de libras. La Premier League destina 7,8 millones de libras a Kickz, un proyecto para las comunidades. Es el sueldo anual de cualquiera de sus jugadores estrella.

La policía autorizó la semana pasada un torneo de beach-volley en Horse Guards, una de las sedes olímpicas para los Juegos de 2012. Había 200 delegados olímpicos, 24 equipos. Suspender el torneo hubiese sido un papelón olímpico. Mientras discutía la crisis con sus ministros, Cameron podía ver la competencia desde las ventanas de su oficina. Se instalaron 28 toneladas de arena y tribunas para 10.000 personas. "Y entonces ellas jugaron beach volley en pequeñas bikinis, sobre arena importada, mientras el mundo ardía", escribió, irónico, el periodista Dave Zirin. "Cuando el año próximo se celebren los Juegos -me dice Armstrong- tendremos 3 millones de personas sin ingresos y el mayor número de gente encarcelada en la historia del Reino Unido." En medio de protestas, las obras olímpicas obligaron a demoler Clay's Lane Estate, en East London, la segunda casa cooperativa del Reino Unido. La decisión provocó disturbios, "el lenguaje de los sin voz", como los llamó alguna vez Martin Luther King. Muchos escenarios olímpicos están en la zona de los incidentes. Entre los cientos de personas bajo arresto, entregada por sus padres, figuró Chelsea Ives, una promisoria atleta de 18 años seleccionada como "embajadora" para los Juegos. Este y otros casos obligaron a no realizar lecturas lineales sobre la explosión en las calles, las protestas y el pillaje. "No deberíamos intentar explicar ni comprender", dijo Kelvin McKenzie, ex editor del Sun, furioso por las imágenes del desastre que veía desde su estudio. Los Juegos costarán por lo menos 15.000 millones de dólares, aunque algunos analistas hablan del doble. El nuevo estadio olímpico ya está terminado. Costó casi 800 millones de dólares y fue construido, parcialmente, con dinero público. Después de los Juegos, quedará en manos de David Sullivan y David Gold. Son los nuevos dueños del club West Ham. Hicieron su fortuna en la industria pornográfica.

domingo, 14 de agosto de 2011

Futbolización de la política

“Les rompimos el orto” (a los propios argentinos). “La tienen adentro”. “Te querés matar”. Política modelo siglo XXI.
No se tratará este breve ensayo de una disertación sociológica. Más bien es un comentario, casi desde el sentido común: cuando la política se torna futbolística, cuando se alienta a los candidatos en los actos, cuando se hincha por políticos con la misma irracionalidad y falta de elección con que se hincha por un equipo de fútbol, “en las buenas y en las malas”, porque tu viejo o tu vecino te hicieron hincha y no se cambia,  no estamos ante señales de una popularización saludable de la política. Por el contrario, entonar cánticos contra el partido opositor puede parecer súper chévere, puede hacer que los jóvenes se sientan parte de una marea que cambia la historia, pero en verdad se trata sencillamente del entonamiento de eslóganes simplistas, cantados sin reflexión, que convierten al opositor en enemigo. No hay debate político, no hay ideas valiosas de sectores divergentes o apartidarios. La política es ser parte de un partido político “cueste lo que cueste”. La cultura del aguante irrumpe en el primer plano de la política argentina, aunque en rigor de verdad siempre se han utilizado a las masas para extorsionar. La fuerte presencia de barras bravas en la política desde el golpe militar es una contundente prueba de ello.
Todo esto sucede en un momento donde los políticos de todos los partidos se jactan de haber puesto fin a una década de vaciamiento y la banalización farandulesca de la política (la primavera menemista). Es cierto que hay cierta renovación en la política. Se han modificado leyes añejas, y se ha dado por fin lugar a la juventud. Pero los jóvenes llegan a la política sólo si se transforman en meros hinchas que apoyen esas leyes (porque, al final, la movilización de masas es una cuestión de ostentación de poder). Y que alguien sea hincha de un partido politico no invita precisamente a la reflexión política. Esta postura irreflexiva lleva a la constante confrontación a la que asistimos hoy. Allí también hay otra forma de vaciamiento de la política. Los intelectuales, hoy parte fundamental del aparato para atraer nuevas adhesiones a partir de la supuesta idoneidad de sus ideas, aportan su granito al promover desde su lugar no al debate o a la conciliación, sino a la riña constante.
La política siglo XXI no cree en debates, sospecha de la palabra, elemento de duda y cuestionamiento. Prefiere la verdad, y el mito funciona como una forma inamovible de verdad. La construcción de los mitos, por supuesto, se hace a partir de la publicidad: no importa verdaderamente la agenda o el ideario (si la hay) de un político, sino su imagen, el mito construido alrededor suyo. Binner, por ejemplo, se transformó casi irreflexivamente en el candidato de la clase media bienpensante, la centroizquierda. Duhalde intentó explotar por última vez su veta de salvador de los argentinos, sin éxito. Los K, inseparables Cristina y Néstor en la mente de la juventud, construyeron algo aún más fuerte que el mito, más primitivo, más profundo: el ícono. Detrás de la historia de una vida entregada por el país, se resignificó el ícono del Eternauta para apelar a las masas sin palabras, sin discursos, sin riesgo de discusión: Néstor es el Eternauta. Un triunfo del marketing.
En este contexto no extraña que las victorias políticas sean festejadas como si de títulos se tratara. Búnkeres bailando, dedicando la victoria a los putos de, y siempre la frase: es el triunfo de una manera de hacer política. Que es siempre la misma, gane quien gane. Para acaparar poder es necesario vaciar la política y rellenarla de mitos que guían, mitos que pueden cantarse, que pueden verse, que no tienen por qué explicarse. Se trata de una pasión.

viernes, 12 de agosto de 2011

Gatopardismo y fútbol argentino


¿En que andan los supuestos grandes de nuestro fobal?
Uno anda por la B, pagando sus cuentas pendientes pero a medias: después de contratar refuerzos de nivel europeo a pesar de su millonaria deuda (a eso se referirá su apodo?), algo habitual de todos modos entre los clubes del fulbito argentino (el Tribunal de Cuentas nada controla, Agremiados transa siempre), River zafó de los disturbios provocados aquel ya mítico día de su descenso. Los hinchas del club provocaron destrozos que decretaron la suspensión del partido, decenas de heridos, incendios y escenas más parecidas a disturbios políticos que a disputas futboleras (sobre todo la bizarrez de la autodestrucción: los hinchas no perseguían a los cordobeses, buscaban ante tamaña decepción destruir su propio club, con sus dirigentes dentro).
Bueno, dicen que por las elecciones (resulta difícil de creer: ¿cuántos votos se hubieran perdido de haber sancionado a River debidamente? ¿Cuántos se pierden en todo caso ante este mamarracho?) el equipo de Núñez no será sancionado, agregándose éste a un número de favores (transmisión de partidos por TV pública, caché invariable a pesar de su descenso) de una evidencia similar al intento por salvarlo reestructuración de todos los torneos mediante. El antecedente cercano (disturbios similares hace tres años, en un Tigre-Chicago) sirve meramente para la indignación: el equipo de la República de Mataderos, ante la quita de puntos sufrida por aquellas peleas pos-descenso, no pudo evitar una nueva pérdida de categoría (gracias al cruel sistema de los promedios). Pero bueno, esto es así siempre.
Y su contraparte, Boca? Boca logra mantener cierto nivel deportivo (de primera, esto es) pero la verdad es que institucionalmente es un cambalache similar al de su vecino riverplei. El club está políticamente incendiado, con cruces entre dirigentes cada semana, bardeadas a jugadores y cuerpo técnico de parte de directivos, internas durísimas, elecciones cercanas, y un ciclo sin éxitos que evitó que lo que es habitual en Boca reciba el habitual maquillaje del triunfo. Va una fecha, y a pesar de que gastaron una tonelada de platita (otra vez) para armarle el equipo a Don Julio Falcioni, ya se ah dicho, públicamente, que el partido por segunda fecha ante Unión… ¡puede ser determinante para su futuro! Declaraciones, para colmo, que sólo ayudan a desestabilizar a un equipo con problemas de estabilidad hace rato.
Pero no debería ser sorpresa: hace rato Boca anda sin proyecto serio, por ahí, robando jugadores y técnicos de moda, superpoblando el plantel, siendo negligente con los frutos de la cantera, echando DTs a lo pavote y cosechando los resultados lógicos. Este Boca cocoliche, que cambia medio plantel cada seis meses, que no tiene línea de armado ni línea de juego, que sufre a sus cracks más que lo que los disfruta, colonea constantemente: un par de triunfos, la ilusión de volver a ser, la irregularidad, y finalmente, una mitad de tabla mediocre que no alcanza ni para las copas. Otra vez tiene un equipazo que da la sensación de estar más cerca de defraudar que de cumplir. Pero… Falcioni algo sabe, aunque poco lo haya demostrado en su estadía en Boca, demasiado complicado por todo el famoso Mundo Boca (que incluye que peligre su trabajo constantemente) como para poder ejercer con tranquilidad.
Recientemente dijo Alejandro Fabbri que hay que terminar con el mito de que Boca tiene que ganar todos los años. Gran verdad que sus hinchas no quieren mirar, esto resulta cierto históricamente (Boca ha sufrido grandes sequías de títulos) y de hecho sería mucho más saludable si en lugar de forzar tanto la máquina económica el equipo desacelerara de una vez y armara un proyecto a largo plazo. Su sitial de privilegio ya lo ha perdido, de todos modos, es decir que nada tiene que perder.
La frutilla del postre del Mundo Boca es, por supuesto, que han hecho socio a Di Zeo, recientemente liberado y vociferando por ahí sus aspiraciones políticas (en Boca y a nivel nacional). Aparentemente, este delincuente comprobado, asesino y cómplice, “tiene derecho” a ser socio, a pesar no ya de su prontuario (el club no es el estado y puede aplicar un derecho de admisión más que merecido… pero Di Zeo “los conoce a todos”, y andá a saber que más sabe), sino del pequeño detalle de que Boca ya no hace socios, porque su cancha le queda chica. Por supuesto, Rafa tiene contactos evidentemente poderosos de su etapa en La Doce y consiguió que abran el padrón para él. Dicen que estamos ante otro fútbol, con River en la B, con ocho equipos del interior en primera… pero en realidad, da la sensación gatopardista de que nada cambia, che.

jueves, 11 de agosto de 2011

De Zubeldía a Bilardo


Llegada de Osvaldo Zubeldía, se comienza a gestar un equipo gigante

Enero de 1965, Plaza Constitución son las 8 de la mañana

Los andenes, desolados, denunciando la época de vacaciones. Como toda estación de gran envergadura, esta de Capital Federal constituye un gigantesco yunque forjador de esperanzas.

Allí está ese grupo pequeño que las ha depositado en La Plata. En un club con rica tradición futbolística. De prolongada trayectoria en el fútbol mayor. Cuyo nombre es piedra de toque para una automática, casi obligatoria, referencia a aquella delantera inolvidable: Lauri, Scopelli, Zozaya, Ferreira, Guaita. Porque entonces, la mayoría de los aficionados que peinaban canas, conservaban en sus retinas aquel fútbol de frac, galera y bastón. De deleite para aquel exigente público de la década del 30.

Sin embargo, este grupo tiene otra idea. No la de reeditar aquella “belle epoque” de Estudiantes, aquel lirismo. Es que corren otros tiempos. Todavía cicatrizan las heridas del fracaso de 1958 en Suecia, que determinó una especie de posguerra futbolística. Todavía los dos grandes, River y Boca, se están sacudiendo los equívocos efectos de esa difusa aunque tan publicitada concepción de “fútbol espectáculo” que pergeñaron Liberti y Armando.

Este grupo, con declarada humildad, prepara otra tarea. No sabe de automóviles último modelo, tampoco piensa en el frac. Está dispuesto, desde el vamos, a reemplazarlo por el overol…

Osvaldo Zubeldía, ex jugador de Boca, Vélez, ex DT de la Selección y de Atlanta, es el conductor. Argentino Geronazzo, su ayudante de campo. Y por supuesto, jugadores. Carlos Salvador Bilardo, ex San Lorenzo y Deportivo Español, un aventajado estudiante de medicina, tanto que pocos meses después anteponía el título de doctor a su apellido, rindiendo la última materia mientras militaba en el planten albirrojo. Raúl Horacio Madero, ya médico, Marcos Conigliaro, Roberto Santiago y dos juveniles, Alberto José Poletti y Eduardo Luján Manera.

El grupo ya tiene La Plata a la vista. Tras poco más de una hora de viaje con tema excluyente: el fútbol. Enseguida, el corto trayecto desde 1 y 44 hasta la entrada al estadio de calle 55. El grupo “de Buenos Aires”, ha llegado.

Lo hizo desde distintos barrios de trabajo, de saludable rutina en las costumbres, de sacrificio. Y en La Plata aguarda la savia necesaria, la misma que nutre a Poletti y Manera, para dotar al resto de la juventud, del ímpetu, para transitar juntos una etapa inédita. Para inaugurar una escuela que hoy, a dieciocho años vista, mantiene resonante vigencia. Una escuela seguramente mucho más respetada ahora que por sus contemporáneos, durante la época de sus frutos más espectaculares.


¿Y eso qué es? ¿Una película?

Promedia la mañana platense. Es el viejo estadio estudiantil el grupo se entremezcla con otro de similares características, aunque de menor edad. Su conductor se llama Miguel Ubaldo Ignomiriello, quien con una base de férrea, insobornable disciplina dentro y fuera del campo, dirige a promesas juveniles. Poletti y Manera se suman a Aguirre Suárez, Malbernat, Pachamé, Bedogni, Echecopar, ·Tato” Medina, “Bambi” Flores, entre otros, y a dos goleadores de las inferiores que ya saben de las exigencias del debut en primera división: Eduardo “Bocha” Flores y Juan Ramón “Bruja” Verón.

Zubeldía e Ignomiriello. La personalidad de los dos técnicos permite interrelación fluida desde el inicio. Días antes, en una mesa del buffet estudiantil en el estadio, habían hablado de planes futuros, prácticamente en un mismo lenguaje. Juntamente con Geronazzo, un estudioso del fútbol y con el preparador físico Jorge Kistenmacher, el mismo que logró reciénteme con Peñarol un título intercontintental.

Se ha establecido en este grupo una verdadera mancomunión en la forma de encarar las tareas. Todos sintonizan, en lo global, una misma onda futbolística. En ese sentido, el trabajo va a asentarse sobre cimientos muy firmes.

Es que las dos esperanzas confluyen. Zubeldía trabajará forjando el equipo base. En el otro laboratorio, Ignomiriello apuntaría la labor de la primera división con un semillero excepcional, con una “tercera que mata!, como la bautizará desde que surgió la intuitiva tribuna albirroja.

Ésa tercera, había salido subcampeona en 1964 y en 1965 se aprestaba a paladear el título. Para testimoniar la importancia de aquella tercera, puede apelarse al pintoresquismo de Carlos Bilardo, al recordar hoy una anécdota. “Cuando llegué a Estudiantes, me fui con unas pilchas muy brillosas, recién compradas, al hablar con el presidente Mangano. Estudiantes ofreció tanto, dijo Mangano. Y yo quiero tanto, contesté. Como no hubo acuerdo, Don Mariano me dijo: yo voy a ver la tercera que mata, usted piénselo y después me contesta… Yo estaba con un periodista platense y le dije que no había arreglado, que el presidente se había ido a ver una película y venía… él no entendía nada, hasta que le expliqué que el título de la película era algo así como tercera que mata… casi se muere de risa, y me aclaró que la que mataba era una tercera de fútbol. Entonces fui a la cancha y vi por primera vez a aquel equipo. Me acuerdo que en 1959 salimos campeones de tercera con San Lorenzo y no iba nadie… en cambio ellos llevaban a la cancha cualquier cantidad de gente…”

En esos juveniles, Ignomiriello inyectaría muy hondo el sentimiento de la disciplina, del trabjo intenso y sin pausas. Esos terceristas enriquecerían el plantel profesional. Con un ascenso paulatino a primera. Esperando que el árbol conceda el fruto a punto. Sin arrebatamientos. Para que la exigencia, en el momento justo, asegurara estabilidad en el fútbol mayor.

Se arma el laboratorio

Habría que esperar un par de años para la consagración de ese plantel, compuesto por la experiencia de los más veteranos como Bilardo y Madero, y aquellos terceristas que de la mano de Ignomiriello imponían una disciplina, un orden, una dinámica hasta entonces inédita en divisiones juveniles.

Nadie del grupo escatimó esfuerzo. Trabajaron denso con o sin lluvia. Hubo exigencia física dosificada pero muy intensa por parte de Kistenmacher; repetición hasta el cansancio de jugadas, previo pizarrón, para no dar ningún tipo de ventajas al rival de turno; tarea exclusiva con los arqueros para que supieran tanto en los tres palos como en las salidas, todo el repertorio de exigencias.

Así, con humildad y sacrificio, con un equipo que también incluía el desvelo ante cualquier detalle del doctor Roberto Marelli, preocupado fundamentalmente por la elevación moral del plantel, con el inefable Lucho Elorga como kinesiólogo y otros, Estudiantes conformaba una escuela de futbolistas preparados como pocos para la competición. Donde las concentraciones prolongadas no limarían el espíritu de éxito, sino todo lo contrario. Donde tanto en lo táctico como en lo estratégico y además en lo técnico, habría repertorio suficiente para cubrir en forma total, a fondo, cada centímetro de un campo de juego. Donde la línea del offside aparecería por primera vez con todo éxito, llegando luego a universalizarse como recurso, aún para los más renuentes a apelar a ese tipo de respuesta defensiva. Una escuela donde también cada pelota parada iba a implicar un desperdicio siempre y cuando lo motivaran las limitaciones técnicas de quien las jugara, y nunca la negligencia.

Ese viaje desde Plaza Constitución, tan esperanzado, no había sido en vano. Los intercambios de opiniones entre apasionados del fútbol –a veces airados- en el interior del tren tampoco. La idea futbolística de Osvaldo Juan Zubeldía, ese laboratorio montado en enero de 1965 con excelente correlato en el otro que desvelaba a Miguel Ubaldo Ignomiriello, aun considerando la diferencia de matices en las concepciones futbolísticas de ambos entrenadores, iba a registrar resultados de singular estatura.

Entre otros, éste que hoy recuerda Ignomiriello: “Un plantel de buena fe de Estudiantes para la Libertadores tuvo nada menos que veintiún jugadores surgidos del club, sobre un total de veinticinco…”

Esa escuela de fútbol llevó casi al delirio a una mitad de aficionados platenses y resultó vital para la enseñanza de generaciones venideras de futbolistas.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Los alcances del esputo

Por Ernesto para La Redó

Convengamos que escupir es uno de los peores gestos agresivos de la condición humana. Ya lo decía Hannah Arendt: “dejen de tirarme encima el muerto de Lila Carrió” (?). Pero sí utilizando un concepto de ella podemos hablar de esta banalidad del mal. Que el sujeto que escupió a Román Riquelme estuvo totalmente equivocado en su gesto, no cabe duda alguna. Que una operatoria periodística berreta y comercial se montó alrededor de esto apoyándose en una moral elástica que solo conviene en tren de alimentar la lógica del negocio, es más que cierto aun. Y más triste.

Y nosotros, ahora, acá, estamos hablando de lo mismo. Entonces, hay una primera victoria de la operación. Tema menor, infinitamente menor, uno más de un proceso de destrucción educativa y cultural – que lleva muchos años y que desde hace poco ha empezado a mostrar algunos gestos de recuperación gracias a ciertas políticas estatales – pero que aun muestra en estos actos su triunfo, es utilizado por supuestos exégetas de los valores y la nobleza para que se hable de ello y un perejil pague las consecuencias. Decimos, la operación triunfa porque nuestra voz, pequeña, perdida, es para criticar más este ejercicio de hipocresía y no el escupitajo en sí, que, repetimos, estuvo mal. Pero no alcanza, obviamente que no.

Los perejiles o el perejil, insistimos, fue un muchacho de Olimpo, un club con escasos antecedentes conflictivos, hay que decirlo. No hemos visto ninguna tapa de ningún pasquín nefasto, pongamos Olé por caso, sobre las escupidas a cualquier jugador en la Bombonera, donde además de eso poco más y te hacen madre (?). Tampoco hemos notado demasiada repercusión en ningún medio periodístico cuando Quiroga de Belgrano escupió a Mauro Matos de All Boys en esta misma fecha del torneo de primera división. Y esto no es por el negocio de Boca vende, sabemos como funciona y no somos tontos. Lo que tratamos de remarcar es la manipulación grosera que se hace un acto súmamente común en nuestras canchas pero que esta vez tuvo como involucrado a un fetiche mediático, llamado Riquelme en este caso.

Nosotros en LR! tenemos una lectura tan arbitraria del suceso como la que han hecho estos payasos de algunos medios. Pensamos que Riquelme, que se la pasa escupiendo, salivó desproporcionadamente el campo de juego de Olimpo y el hincha vio, impávido, como se insultaba a su tierra y haciendo un uso anacrónico de un código de justicia con algún viso de validez aun, como la Ley del Talión, aquello de ojo por ojo diente por diente, decidió escupirlo a él. Hammurabi no lo habría pensado mejor (?). ¿Te suena a estupidez esto? ¿Por qué? Si es un ejercicio de manipulación como el otro.

Repetimos, el hecho merece repudio. A nadie le gusta ser escupido, claro está, es netamente humillante. Siempre tenemos en nuestra memoria la imagen de un jugador en cancha visitante para ir a patear un corner y usar su camiseta como escudo ante los escupitajos del rival y genera indignación un poco también de vieja chota (?). Pero es curioso como se castiga a unos y otros. Hoy el Chino Benítez, conocido por escupir a Bofo Bautista más que por haber sacado campeón a Boca de una copa, esgrime cierta simpatía social por decir pavadas en el programa de Fantino. El Bambino Veira, violador, goza de un indulto social insólito apañado por estos mismos medios que se escandalizan con este hecho. Rafa Di Zeo da notas, los barras tienen micrófono cuando quieren, los casos de los hinchas muertos en las canchas tienen la cobertura del momento y rápidamente quedan en el olvido y la connivencia ante los desatinos dirigenciales es total, siempre y cuando el negocio no se toque. Mientras tanto a este hincha le aplican derecho de admisión de por vida.

Que acá lo hacen todos no es una excusa. Es un hecho repudiable. Que el circo montado sobre este pequeño hecho para lavar hipocresías y culpas ante esa falacia de que el periodismo es un mediador es más repudiable aun. Riquelme salió a decir que habían estado en Europa y que acá vieron las cosas como son y ahí dejó la cosa. Ahora, intentar montar un sesudo análisis socio-antropológico sobre esto, doñarrosearlatoda, pensar en términos de “qué nos pasa como sociedad” y utilizar como guía la agenda de un medio lamentable en el sentido de que se habla de eso porque el partido fue un espanto sin nada para analizar, bueno, es algo totalmente diferente y es la intención humilde de estas líneas ubicar las cosas en un contexto más real.

Si esto es el inicio de una larga cadena de denuncias donde habrá cada fin de semana una tapa con: escupidas a jugadores, por ejemplo de San Martín de San Juan o Patronato, maltrato de la policía a hinchas en todas las canchas, actitudes violentas y provocativas de jugadores para con los hinchas, denuncias sobre aprietes varios, corruptelas de todos los colores y todo aquello que sucede en cada jornada del fútbol argentino, bueno, bienvenido sea. Si esto fue algo aislado, un grito en el desierto, una opereta clásica del momento donde el medio busca legitimarse como guía moral, bueno, la manipulación habrá quedado totalmente al descubierto. Creemos que se trata de lo segundo.

lunes, 8 de agosto de 2011

El éxodo

Son muchos los pibes que tentados por un par de euros, presionados por familiares y esas ratas que son los representantes, dejan sus clubes sin terminar de formarse para embarcarse en exóticas aventuras europeas de las que regresan mucho más viejos que lo que indica su DNI, frustrados, faltos de fútbol competitivo y habiendo desperdiciado momentos clave en su formación. ¿Cuántos de estos artistas del escape, que esgrimen la patria potestad para zafarse del poco control que pueden tener los clubes sobre ellos (obligados a hacerles tempranos contratos y a tener plantillas de cuarenta profesionales), realizan una carrera satisfactoria, triunfal? Casi ninguno. La mayoría se pierde en el tiempo y el espacio, y reaperece jugando Argentino A, o metiendo algún golcito interesante en alguna liga menor. Poca cosa para las aspiraciones de estos pibes cazados desde Europa, que suelen ser los habilidosos, los distintos. Resulta lógico, sin embargo, que exiliados, sin pertenencia a ningún lado, habiendo quemado mil etapas (incluso a veces forzados mediante tratamientos a crecer, algo que habitualmente termina en lesiones crónicas), obligados a una evolución súbita para adaptarse (o morir), el talento de estos chicos no llegue a cristalizarse y a veces llegue a extinguirse.

Algo así le sucedió al pibe Brian Sarmiento. Escapó con 16 veranos para Europa, pequeño y cararrota gambeteador de cuna pincharrata, empujado con vehemencia por su representante, una lacra llamada Ronald Baroni. Y al final de cuentas, ¿qué sabe uno de la vida a esa edad? Un par de euros encandilan a cualquier pibe, y también (y con menos justificación) a su familia, que en célebres reportajes dijo que Estudiantes no le pagaba a su hijo... para mantener a su familia. En fin.

Estudiantes demostró la falsedad del recurso apelado para sacar a Brian del país, y aunque ello provocó que el pibe estuviera parado hasta su mayoría de edad, nunca volvió al país o se le retribuyó al club de modo alguno.

Hoy Brian regresa al país, rescatado del olvido por Racing (Simeone lo tuvo en su paso por el Pincha), tras varias temporadas sin patear un fútbol. Regresa con la sabiduría de los tipos que han sufrido, y lo primero que dice ante los micrófonos resulta una refrescante advertencia para sus pares ávidos de platita: “Me equivoqué -dijo Brian-, estuve mal asesorado y le pido disculpas a la gente de Estudiantes. Yo actué muy mal, no tendría que haberme ido como me fui. Me equivoqué. Lamentablemente, yo era demasiado joven y me asesoré muy mal. El empresario y representante Ronald Baroni fue el que ideó todo”.

Sarmiento, hoy con jóvenes 21 años y genuina chance de tener una nueva oportunidad, muy reflexivo y seguramente bastante atemorizado de haber sentido que el fin de su carrera podía llegar, dejó un mensaje muy útil para los jóvenes que son tentados a irse rápidamente del país: “Yo actué muy mal no tendría que haberme ido como me fui. Me equivoqué. Lamentablemente, yo era demasiado joven y me asesoré muy mal. Yo les digo a los pibes se asesoren bien, que no todo es dinero”.

domingo, 7 de agosto de 2011

Sabella nació con Kennedy a la cabeza

Por Marcelo Gantman

Un fútbol anestesiado y sobrepasado siempre por sus infiernos diarios apenas repara en un nuevo técnico del seleccionado que citó a Manuel Belgrano y a John Fitzgerald Kennedy el día de su asunción.

Por supuesto que los medios repararon en la sopresiva forma elegida por Sabella paraargumentar en un discurso inaugural. Sabella apeló a la ofrenda que hizo por la patria Belgrano y destacó que “murió pobre”. En buen romance futbolero eso quiere decir que llama a un baño de humildad a los jugadores que son figuras internacionales y estrellas cotizadas por el marketing y la publicidad.

No hay problema con que un futbolista sea eso, sino que lo hay cuando no contrasta los beneficios de la profesión con el rednimiento dentro del campo de juego. El medio futbolístico argentino entiende que hay un problema con eso y el nuevo escenario es celebrado. La selección argentina cuando ciera una etapa y abre una nueva siempre se mueve por oposición al cicli anterior. Se avizora un tiempo en el que parece que la fama no garantizará puestos en la cancha.

Kennedy entra en el panorama de Sabella cuando el DT le solicita a los futbolistas que hagan algo por el seleccionado en vez de esperar que el seleccionado haga algo por ellos.

El ciclo de Sabella empieza con argumentos prometedores. Ver como juega y como gana ya corresponde a la pantalla siguiente.



viernes, 5 de agosto de 2011

Las reservas del fútbol argentina

Les dejamos una nota bastante vieja de Gantman, pero con mucha actualidad, para inaugurar el campeonato... Por Marcelo Gantman

Canchallena.com
publicó sobre el inicio de este año un informe puntilloso e irreprochable sobre la deuda de los clubes del fútbol argentino. La nota ofrecía cifras globales y particulares sobre el estado de las cuentas de los equipos de primera división . Algunas reconocidas por sus directivos y otras avaladas por el silencio de los que prefirieron no hacer comentarios. Por la misma época se conocieron los números, tambien alarmantes, de los clubes de primera y segunda división de España y el avanzado estado de insolvencia de varios equipos de la Premier League. Se ve que con el nuevo año y la temporada ya partida al medio (el negocio del fùtbol tiene su propio calendario que va de junio a junio), la necesidad de chequear los saldos es imperiosa en todos los mercados futboleros.

Así vimos que el fútbol argentino tiene un déficit estimado en 1.000 millones de pesos. El balance de Boca figuraba en el informe a la cabeza con un pasivo de 135 millones de pesos. En España el Real Madrid marcha al frente con 527 millones de euros y en la Premier League, el Manchester United y el Liverpool son los gigantes deudores del fútbol inglés con 3.000 millones de libras en rojo .

La sacudida economía de los clubes argentinos reconoce como habitual este estado de situación. La prensa deportiva insume mucho tiempo para describir la penosa contabilidad de los equipos de primera división, sin ahorrar calificativos para los dirigentes que manejan los fondos de los clubes. En cualquier tira radial de las 7 de la tarde, ahora un poco más en la televisión y en las páginas y sitios deportivos muchas veces hemos visto lo que se suele decir de los dirigentes del fútbol:

-Que tienen que actuar como dirigentes y no como hinchas pasionales

-Que siguen con la fiesta como si acá nada hubiera pasado

-Que hacen en los clubes con dinero ajeno lo que no harían en sus empresas con dinero propio.

-Que son corruptos y ladrones.

-Que tienen que ser profesionales y no amateurs, porque en Europa ya trabajan desde la mañana y en los clubes a esa hora no hay nadie.

-Que deben aprender de los que hacen bien los deberes

Tal vez estas premisas también tengan que regir para los directivos europeos porque el fútbol pierde dinero a borbotones en cada lugar donde el fútbol es importante. No es la intención salvaguardar a los dirigentes argentinos. Muchos se ajustan a las descripciones detalladas más arriba y algunos las registran todas en una sola persona. Pero sería bueno tratar de desentrañar porque millonarios del acero y el uranio como el ruso Roman Abramovich,la poderosa familia industrial de Malcolm Glazer a cargo del Manchester United, los jeques arabes del Manchester City y un gigante de la construcción como Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, todos exitosos en sus rubros particulares y alejados de los números del chiquitaje, son los rostros conocidos del déficit del fútbol del primer mundo. Porque a ellos en sus clubes les pasa lo que no les pasa en sus empresas.

La respuesta es una: porque el fútbol es un deporte y negocio de derroche. Se gasta ahí lo que se genera en otro lado. Abramovich consiguió con el Chelsea el roce social que sus negocios duros no le daban. Comenzó con los invitados a los palcos, refinó su gusto por la pintura y se hizo un empresario feroz pero con buenos modos. Cada uno de los poderosos llega al fútbol con diferentes deseos y necesidades, pero con el derroche como premisa para sembrar el camino. Claro que en ocasiones eso degenera en despilfarro. Las dos nociones del gasto, derroche y despilfarro, son parientes pero con diferencias. Se puede gastar sin límite y se puede hacerlo sin tener idea de para que se lo hizo. Ahí está la diferencia. El fútbol europeo siempre tuvo un ritmo de financiamiento marcado por el ingreso de capitales. Las marcas deportivas, las cadenas televisivas (dos quebradas en Inglaterra en los últimos diez años, ITV y Setanta), China, Emiratos Arabes, los bancos y las compañías constructoras se han repartido el financiamiento del fútbol en Europa. El derroche nunca se frenó.

El fútbol argentino parece haber despilfarrado lo que en su momento vendió en millones de dólares convertibles a pesos uno por uno. Luego pudo pesificar sus deudas con ventas al exterior en euros. El fútbol en la Argentina derrochó y despilfarró, tuvo todos los vicios en la misma noche. Y ahora que quiere derrochar no tiene con qué. Clubes como Boca y River, los grandes de la Argentina, se encuentran en una encrucijada inédita: se han olvidado de como se compran jugadores. Los "duermen", los engañan, les manejan los precios sin poder reaccionar. Cuando venden al exterior, les fija el precio el comprador y cuando quieren comprar en el orden interno, les fija el precio el vendedor. Las negociaciones nacen y mueren en el día.

No se puede jugar al juego del fútbol, al juego grande, si no hay posibilidad de derroche. ¿Qué significa eso? Romper el mercado con una contratación. Sacudir la modorra veraniega con el entusiasmo de un buen equipo que cautive a los hinchas. Ese derroche es el que proponen los clubes europeos sobre el filo de la liquidación de sus bienes. Pero ningún banco va a ir a reclamar los "pagarés" a la tesorería del Real Madrid. ¿Y acá sí?

La historia de los clubes argentinos, sin embargo, tiene su propia huella. Los clubes han sido màs que fútbol. Fueron formadores, alimentadores y sanadores de generaciones de argentinos. Donde el Estado no estuvo, ahì estuvieron los clubes y es por eso que en ocasiones el Estado perdona y hace la vista gorda con algunos impuestos que se deben. Quizàs lo haga por culpa. Las cosas ahora se confunden un poco porque justamente es el gobierno nacional el socio y el financista del fútbol con el contrato televisivo. Pero para que tengamos una dimensión de cuanto aporta: los 600 millones (si es que son seiscientos) representan casi la mitad del valor que tiene la cláusula de rescisión de Lionel Messi en el Barcelona fijada en 250 millones de euros . Toda la televisión del fútbol en la Argentina vale menos que el pase de Messi.

¿Cómo podría encajar el fútbol argentino en la dinámica del derroche? Es difìcil plantearlo porque su lógica ha sido el despilfarro. Los ejemplos sonantes de Lanús, Vélez y Estudiantes demuestran que es posible trazar un plan. Tambièn es más sencillo hacerlo cuando no se atraviesan las urgencias de Boca y River, siempre dispuestos a alimentarlas. No hay despilfarro cuando un club decide invertir en una Villa Olímpica o en un trabajo de inferiores que luego lo transforme en el mejor vendedor de la actualidad. Esas acciones son visibles y son proyectos concretos. Invertir todo en un "9 de área" para ver si la embocamos con un campeonato y despuès de eso vemos si reformamos la cancha, suena más a despilfarro que a un derroche planificado. El fútbol argentino parece más amigo de esta letra y música que de la otra.

Pedir economías ordenadas, administraciones saneadas y políticas austeras suena más realista para las sociedades de fomento que para los equipos de fútbol. El fútbol invita al derroche porque su dinámica mediática y de generaciòn de expectativas es la del gasto desmedido.Vean lo que pasa en este receso. La mayorìa de los dirigentes de los clubes admiten que no tienen dinero y no pueden dejar de intentar comprar jugadores. Los hinchas saben que no hay plata en el club pero piden refuerzos y la prensa no para de preguntar a quien van a traer. La compulsión por gastar es enorme aunque no se tenga el dinero disponible. Todo eso sin unplan maestro, con suerte se transformará en despilfarro.

Por eso el mercado de pases está deprimido.Los clubes se prestan futbolistas y juegan a que compran y a que venden. Cuando los clubes de fútbol se queda sin reservas, es cuando juega la reserva. Todo muy actual.

jueves, 4 de agosto de 2011

Días de agosto: las fundaciones de Estudiantes de La Plata


El aristocrático club Gimnasia y Esgrima había decidido eliminar de su currícula el popular deporte del fulbito. Y lo que comenzó entre los muchachos como charlas indignadas en los pasillos del colegio Nacional, fue tomando forma hasta convertirse en realidad: el 4 de agosto de 1905 un grupo de estudiantes se juntaba en la zapatería Nueva York, en 7 entre 57 y 58 para dar forma definitiva al único club de fútbol de la ciudad. La discusión continuó hasta la madrugada, a medida que se redactaba el Acta Fundacional y alrededor de las preocupaciones de estos muchachos amantes del fútbol: no había cancha, ni plata para los gastos… pero nada importó. Ellos querían jugar al fútbol. Terminada la asamblea, fueron a las seis de la madrugada del 5 de agosto a buscar a Miguel Gutiérrez, quien había sido elegido presidente de la institución. Se llamarían Estudiantes de La Plata, en honor a su condición y al club decano del fútbol, Alumni, de quien también tomaron los colores.

El único club de fútbol de la ciudad transitó sus años mozos de modo impecable: ocho años tras su fundación campeonaron en el amateurismo. Luego el fútbol se volvió profesional, y a partir de entonces ningún equipo no capitalino pudo adjudicarse un título; las distintas generaciones albirrojas llegaron todo lo lejos que se podía en aquella época de alevosía en el hurto sobre todo arbitral –hoy se hace con mayor disimulo-: merodeó los primeros puestos de la mano de los Profesores y conquistó un par de torneos no regulares (que no significaron estrellas en su camiseta)  hasta que lo vaciaron y lo descendieron desde la corrupción política. Siempre había sido una molestia, el club de La Plata.

Pero el equipo volvió al lugar donde pertenecía. Y tenía otro talante. Seguro, pasó una década y pico, pero allí estuvo la semilla de lo que vendría después, como en el 95 estuvo la semilla del 2006.

Y un 3 de agosto de 1967, después de un brillante torneo Nacional invicto, Estudiantes estaba en la semifinal. Toda su historia había esperado este momento. Pero iba 1-3 con un jugador menos, por la lesión de Henry Barale, partícipe involuntario en la epopeya, en el primer tiempo. Y allí nació Estudiantes, el equipo de la mística, de la hermandad invencible, el equipo contra todo, contra todos. Quería formar parte de la historia grande, se sentía preparado. De casi 1-4, una arremetida inolvidable marcó la genética pincharrata para siempre. Estudiantes ganó 4-3 aquella semifinal, ante la incredulidad de todos, marca común en todas las epopeyas que vendrían.

Y llegó, 3 días después, la final. Llegaba Racing, el súper promocionado equipo de José que se quedó a mitad de camino de la revolución que sí completarían los muchachos de Zubeldía. Llegaba un equipo grande, para proteger la aristocrática costumbre de que solo ganan los ricos. Pero lo sabían los muchachos: si aquel partido no se ganaba, todo el esfuerzo del 3 de agosto hubiese sido en vano…

Aquel 6 de agosto de 1967 se dio un hecho fundacional en el fútbol argentino, un hecho que cambió el fútbol, que le dio motivos y herramientas a los humildes para creer, una revolución: Estudiantes le metió tres a Racing y se consagró campeón, el primer campeón no capitalino que veía el fútbol en tres décadas de campeonatos. Otra vez, el mundo anonadado. Otra vez, Estudiantes contra todos. Y Estudiantes, al final, victorioso.

¡Felices 106 años Pinchita querido!

miércoles, 3 de agosto de 2011

Pachorra

Desembarca la escuela pincharrata en la Selección. Pachorra, tipo de una sensatez mayúscula, que convence sin gritar, sin golpes bajos, desde el laburo meticuloso y un profesionalismo que no se negocia. Frontal y fuerte, la Selección necesitaba menos vedetismo mediático, menos discurso altisonante y más laburo sobre lo concreto, sobre el fútbol. Vuelve la pelota parada. Vuelve el bidón. Vuelve la febril obsesión por controlar el caos, el estudio meticuloso de las fortalezas y las debilidades del rival. Vuelve la pizarra mágica, el bidón, las cábalas. Vuelven los planteos inteligentes, y que digan lo que quieran. Se acaban los tiempos del humo: después de un largo rato sin rumbo ni proyecto, llega Alejandro Sabella a la Selección.

Su arribo se da en tiempos complejos, en el medio de una ola tsunamiesca de mierda, con una AFA más débil que nunca desde lo económico y desde el liderazgo cada vez más cuestionado del invernal Pope (aquí en una de sus últimas decisiones atinadas), llega Pachorra. Tarea difícil, cambiar el presente deportivo sin que cambien las putrefactas estructuras. Pero Sabella es un hombre de convicciones fuertes: no se dejará atropellar por los medios o los Condes de Viamonte. Ojalá pueda imponer su revolución desde adentro y devolverle dignidad a una Selección pesetera, tribunera, livianita y canchera: todo lo malo de ese estereotipo del argentinismo, todo lo contrario a lo que representa Alejandro Sabella. Razón por la cual volveremos a sentirnos argentinos al ver una Selección que no vende humo, que no come vidrio, que labura con coherencia y busca los resultados adentro de la cancha, con sacrificio, con orden, con inteligencia, y no afuera, en los titulares de los diarios.

Pachorra laburará para conseguir un equipo tácticamente versátil, equilibrado, que sepa cuando y cómo atacar, cómo pararse en la cancha sin desprotegerse, que sepa responder a las circunstancias sin regalarse. Un equipo inteligente: porque Sabella es ante todo un DT formador, que involucra al jugador en las decisiones en lugar de bajar la línea pretendida a los gritos o a puro titular. Esa confianza en la capacidad del jugador, ese involucrarlo en el trabajo, sin dudas traerá réditos a un equipo que se caraterizó a menudo durante estos años por ser un cúmulo de desordenadas voluntades individuales.

Pero haga lo que haga Pachorra, damos por descontado que, con el desembarco albirrojo en Ezeiza, llegarán las críticas vacías del periodismo arlequín ante el primer desliz. Agazapados como siempre, envidiosos o sencillamente deseosos de ocupar el centro de la escena sin merecerlo, la escuela del humo intentará minimizar las victorias, y magnificará cuestiones aleatorias como “la estética” y “la nuestra”, esa falsa identidad de la vagancia. Dueños de los medios, vaticinarán catástrofes sin recordar del cataclismo del que veníamos y sin importar los logros conseguidos. Sin dudas inflenciarán a muchos que se creen progresistas, bienpensantes, pero aprecian el fútbol a través de una lógica que permite el dominio hegemónico. Entonces, cuando una vez más asistamos al festival de discursos mentirosos y vacíos como promesa de político (¡no más hambre! y ¡fútbol bello para la humanidad! son apreciaciones pronunciadas sin más fundamentos, para ponerse del lado de los buenos), entonces seremos una vez más nosotros: solos contra todos.

Llega Pachorra, quien recuperó la mística, quien controló a las fieras pincharratas y las condujo a la gloria, quien venció en el mismísimo corazón de Brasil, ante innumerables adversidades. Quien puso de rodillas al gigantesco Barcelona con un equipo con mil inconvenientes, quien relegó al segundo lugar a un lujoso Fortín a fuerza de inteligencia e innovación, consiguiendo una nueva revolución táctica que todos imitan hoy. Llega Pachorra: el oasis en este desierto que estalló en estas semanas. El motivo por el cual podemos volver a creer en la Selección.


martes, 2 de agosto de 2011

¿Triunfo cívico?

Duró lo que un gas en una canasta. La combinación de derrotas electorales K, el repudio absoluto de la gente (amenazaban con una verdaderamente multitudinaria marcha) y las elecciones primarias y generales a la vuelta de la esquina (no es casualidad que todo se caiga tras una resonante derrota en Capital), frenaron la decisión original. En la movida, quien peor quedó fue Grondona: acostumbrado a tomar decisiones desde las sombras, a través de comités fantasmas que levantan la mano como marionetas, la exposición que recibió durante esta semana lo dejó expuesto como nunca. Parte de su entorno metió la pata, blanqueó la injerencia del Gobierno, y Don Julio se vio obligado primero a salir a negar lo que habían dicho sus lacayos rebeldes y ratificar la decisión de reestructurar el torneo, para luego, aún más vergonzoso que el desliz de sus sirvientes, verse obligado a dar marcha atrás no sobre las palabras pronunciadas, como suele suceder, por sus voceros, sino por las suyas mismas. Grondona mostró una fragilidad como nunca antes, un entorno dividido y una dependencia (económica, claramente: a lo largo de la semana publicamos un conjunto de notas detallando los números en rojo de AFA y los clubes) absoluta del Gobierno y sus marchas y contramarchas. Su ruptura con Clarín aparejaría consecuencias inevitables: Grondona ya no está blindado, aunque ahora es de vital importancia discernir entre las críticas desde la indignación y las críticas desde el interés de los despechados monopolios de medios y del vampiresco Vila, que quiere ser el nuevo Emperador de Calle Viamonte para traer definitivamente y sin control la privatización al fútbol.

La exposición de Grondona y el freno al proyecto mamarrachesco constituye sin dudas un triunfo de la voluntad popular. Sin embargo, existen dos aristas preocupantes: la injerencia de los medios hegemónicos, que mezcló el furor genuino de los hinchas con el furor digitado por sus opiniones tendenciosas, clarinistas y danielvilistas (ningunos nenes de pecho que promueven su propia agenda para recuperar la pelota en sus pantallas); y la posibilidad de que toda esta vuelta atrás sea una pantomima para pasar las elecciones y después se termine imponiendo como siempre, por decreto grondonista disfrazado de democracia. De todos modos, el grueso de los hinchas han demostrado no comer vidrio ni afista ni clarinista, y estarán alertas ante un potencial retroceso del retroceso. Ganó la gente.

Es que resultaba tan claro dónde iba dirigido este torneo, que ni siquiera los propios beneficiados se pronunciaron a favor. La TV necesitaba a River (de todos modos, casi por decreto –AFA rescindió el contrato con TyC- lo tendrá, pero en la B) y los equipos y la propia AFA necesitan desesperadamente platita. La política de despilfarro continúa, y cada vez que se inyecta dinero a los clubes, estos aceleran en lugar de desacelerar, y luego rezan que llegue un nuevo salvataje. Son esclavos eternos, justo como los quiere Don Julio.

Esta movida se hacía pretendidamente en nombre de la “federalización”: pero si bien hace falta una reestructuración del fútbol y una mayor igualdad entre Capital y el resto, no hacía falta ser un genio para percatarse de que la cantidad de equipos del interior, en el nuevo torneo, era la misma que en el viejo. La verdadera federalización, claro está, reside en una repartición más equitativa del presupuesto televisivo, una de las dos fuentes de ingreso de los equipos. Pero el reparto del dinero continúa (aún con River en la B!) intentando perpetuar la brecha unitaria, sin importar el mérito deportivo (y con este reparto resultaría probablemente imposible para varios clubes más humildes del Nacional afrontar un torneo “federal”). Si la brecha no se agranda (si se achica) es porque las desvergonzadas maniobras de los popes de los clubes capitalinos, socios de la AFA, no son nunca controladas o denunciadas, y el espiral de gasto culmina en una modificación de todo para salvar a unos pocos. Pasó hace dos años con Fútbol para Todos y casi vuelve a pasar. Lo curioso es que en solo dos años quemaron la plata nueva…

Los clubes capitalinos, entonces, detentan gran parte del poder en AFA (la Asociación, en cierto modo, depende de ellos, de su marketing, para que la TV salve sus propios números en rojo) pero con el dinero percibido, lejos de colaborar al espectáculo, continúan degradándolo con pésimas campañas. Se trata de un premio a los peores: el mismo que se pretendía con la ampliación de la base de los equipos de Primera. Todos, incluso los hinchas millonarios, pusieron el grito en el cielo ante esta indignidad, mancha peor que el descenso: jugando se puede ganar o perder, pero si se gana sin jugar, en un escritorio (campo de juego de los equipos de capital desde la creación del fútbol) se trata lisa y llanamente de corrupción. La indignación de la gente estalló ante la absoluta falta de vergüenza para enmascarar la movida corrupta. Y Grondona, por primera vez, cayó mal parado, signo de su incipiente invernalidad.

Hace dos años Juan Pablo Varsky escribía un artículo sobre el primer reestructuración/salvataje de la AFA a los clubes, y sobre todo, sobre como una década más tarde todo seguía igual, con despilfarro de parte de los clubes que los volvía dependientes de Grondona. Aquella vez se hizo la pantomima de “cambio estructural”, se crearon tribunales de esto y aquello para controlar y se juró y perjuró que el corrupto o incapaz sería desafiliado... y nada. Esta vez la idea de una reestructuración también tuvo como rostro verídico una necesidad económica de una entidad que opera a pérdida hace décadas y se hunde cada vez más. Da la sensación, por ello, que si este cambiaso no se lleva a cabo finalmente, se hará alguna otra matufia fantasma para, otra vez, sacarse la soga del cuello. Da la sensación, en verdad, de que cambien o no cambien las cosas en la superficie, en realidad todo sigue igual.

Addendum
¿No habrá llegado la hora?
Por Juan Pablo Varsky para canchallena.com

Grondona se quedó solo. Retiró de la agenda la kermés de 38 equipos. No le quedó otra. Ya se había desmarcado el Gobierno. Después de que los propios dirigentes de los clubes hubieran admitido la "intervención de Balcarce", los principales funcionarios se llamaron a silencio. Tras negar lo evidente, Don Julio se defendió y hasta se adjudicó el esperpento. Programó la Asamblea para noviembre y dio por consumada la aprobación. Sin embargo, los mismos directivos que habían habilitado el estudio en la primera votación (22 a favor, 4 abstenciones y 1 ausencia) registraron el enfático rechazo popular. Hinchas y socios, amigos y rivales, coincidieron todos, acaso por primera vez: el experimento era un mamarracho.

Los presidentes, que responden a sus asociados, comprobaron que no tenían margen para el sí en la próxima reunión. Sin respaldo del Gobierno ni de los dirigentes, Grondona mandó el proyecto al freezer. Se refirió a un "aluvión destituyente" y vinculó las malas interpretaciones con operaciones de prensa. Es evidente que sus enemigos (Grupo Clarín y Daniel Vila) aprovecharon el espacio para colar a través de sus medios esos asuntos personales y abrigarlos bajo la frazada de "la bronca de la gente". Los políticos opositores también vieron lugar para meterse, figurar y fijar posiciones.

Pero aún aceptando esas interesadas amplificaciones, el motivo del rechazo es profundo y espontáneo. Si el 80% de los hinchas, toda la oposición y tus principales enemigos mediáticos están del otro lado, el problema es tuyo. Porque lograste unirlos con esta iniciativa. La marcha de ayer en la AFA confirmó, otra vez, que la virtualidad no hace la revolución. Una cosa es escribir #chauGrondona en Twitter o apretar "Me gusta" en Facebook y otra es ponerle el cuerpo a una manifestación. Los hinchas y, sobre todo, los socios tienen un desafío mucho más factible: exigir que su propia dirigencia defienda sus derechos. El compromiso y la participación podrían desembocar en una solicitud concreta de Asamblea de Socios para tratar, por ejemplo, una propuesta de campeonato largo, eliminación de los promedios y Promociones, calendario de marzo a diciembre, reformulación del Tribunal de Disciplina y del Colegio de Árbitros, sanciones a los clubes con las finanzas arruinadas y la activación del decorativo Tribunal de Cuentas.

En un país con enorme desproporción entre hinchas y socios, el reclamo no va más allá de la descarga emotiva y efímera. Los presidentes y principalmente Grondona lo saben muy bien. Ése es el espíritu del "Todo Pasa". Sin embargo, puede generarse una oportunidad de cambio, solo si aficionados y dirigentes deciden involucrarse. ¿No habrá llegado la hora de que los clubes de primera división empiecen a pensar en la posibilidad de independizarse de la AFA y crear la Liga Profesional con estatuto y reglamento propios? Imaginarse una competencia en la que los mismos equipos negocien los derechos de TV colectivamente para evitar asimetrías "alla" España y que cobren directamente, sin la actual intermediación de la AFA. ¿Por qué la AFA debe ocuparse de la élite que puede autogestionarse? Las selecciones, el ascenso y las Ligas provinciales sí necesitan la ayuda de la Asociación. Grondona tiene el poder que le han dado los clubes de primera. Le regalaron la caja. Negocia, reparte, perdona deudas, tapa agujeros y protege a directivos. Así gana elecciones. Pero no siempre se le ocurrirá la genialidad de armar una kermés con 38 equipos para ponerse a todos en contra. Mientras su sistema funcione, nunca se quedará solo.

lunes, 1 de agosto de 2011

Proyecto contrahegemónico para la reformulación del fútbol argentino



Las formas significan, implican en su apariencia racional y geométrica concepciones imbuidas que benefician y perjudican a los actores. El proyecto de torneo esbozado (aún no hay nada definitivo) por AFA incluía cabezas de serie, choques interzonales y una complejidad innecesaria, maniobras que como ya hemos analizado tenían diferentes objetivos: evitar la eliminación entre equipos grandes, preservar los clásicos, conseguir la participación de 40 equipos, pero descartar 20 para la competencia real (respectivamente, en resumidas cuentas). El mayor ocultamiento del torneo era, sin embargo, evitar el cambio del mapa del fútbol argentino que viene dándose, que genera pérdidas en los estadios y en los sponsors. No es lo mismo vender un producto con Boca, River, San Lorenzo, Independiente y Racing, que sin ellos. El proyecto de AFA quiere realizar una federalización formal, pero que esta sea apenas una máscara que no conlleve cambios al establishment. Cambiar, para que nada cambie.
Para colmo, la inclusión en un torneo del monstruoso número de 40 equipos llevó a que la forma de competencia sea sumamente compleja, con cruces, clasificaciones, grupos, playoffs... Si bien diversas chances, con sus diversos repechajes y finales, resultan de hecho mas emocionantes, mientras mas vueltas tiene un torneo, mas injustos suelen ser sus resultados. El torneo idóneo debe ser sencillo, transparente.
Contrahegemonía presenta su proyecto de torneo a continuación. A veces por tratarse de reformas meramente formales, se tiende a describir solamente los aspectos formales sin tener en cuenta las repercusiones e implicancias que tiene la forma. Intentaremos no incurrir en este error y llevar lo más profundo posible la reforma del fútbol. Lo haremos en dos etapas: la primera se trata de la necesaria transformación de torneos cortos a largos; pero, dado que ello no implica federalización alguna, en la segunda parte analizaremos opciones para llevar a cabo dicha integración.

PARTE 1: Torneos largos

El torneo corto resulta realmente de cabotaje, como expresan los diecinueve equipos que no lo ganan. Es un torneo que permite campeones de rachas y fomenta el proyecto a corto plazo y el vaciamiento posterior de los planteles. De la multiplicidad de campeones que ha permitido, pocos han sido equipos verdaderamente memorables. Pocos también han conseguido seguir en la pelea luego de logrado el torneo.
Los torneos largos son una necesidad. Decretar un torneo de 38 fechas, como en todo el mundo, es el primer paso, el sentido común. Para profundizar los cambios sugeridos por la forma del torneo largo (es decir, la apuesta a largo plazo que implicarían para los equipos que quieren campeonar) sugerimos que el mismo se desarrolle a lo largo de un año, y no siguiendo el calendario de la temporada europea (de julio a junio). Este cambio en las temporadas data ya de un par de décadas, y se debe a que muchos clubes salvan los balances con ventas al mercado de Europa, y en Europa los clubes abren la billetera de modo más generoso entre sus temporadas que en Navidad.
El cambio en las temporadas obligaría a los clubes a elegir entre balancear las cuentas con la venta de un jugador a mediados del torneo o jugar el campeonato con todos sus jugadores. Para ser competitivos, entonces, los clubes deberán tener sus cuentas al día necesariamente, o se verán obligados a deshacerse de jugadores a mitad del torneo. Una medida cruel, pero acorde a los dirigentes rapaces que gobiernan los clubes. Se trata de una de las medidas fuertemente proteccionistas que proponemos para curar un fútbol largamente vaciado por la conjunción de dirigentes incapaces o inescrupulosos, y necesidades económicas.
El campeonato se jugaría entonces de febrero a noviembre. Los meses de enero y diciembre serían enteramente utilizados para vacaciones y pretemporada. En medio de la temporada habría un parate de un mes y medio: todo junio y medio julio se utilizarían de vacaciones, pretemporada, y también para que los equipos que alcancen la final de la Copa Libertadores la jueguen sin tener competencia y sin postergar partidos, evento siempre desnaturalizador. Los equipos también serían liberados en diciembre, como quedó dicho, permitiéndoles a eventuales finalistas argentinos de la Sudamericana jugar los partidos descansados.
La Copa Argentina, sin embargo, seguiría utilizando el calendario europeo. El motivo es sencillo: suele decirse que los campeonatos largos pierden interés en la primera mitad, y es en esa primera mitad donde el espectador verá no sólo la Copa Libertadores, sino también la etapa final de la Copa Argentina (la final de la Copa Argentina se jugará también durante el parate de invierno, una vez finalizada la primera rueda del torneo largo). La etapa clasificatoria de la misma se jugará después de las vacaciones de invierno.
38 fechas (38 semanas) y 14 semanas de vacaciones, da un total de 52 semanas, las mismas que componen un año. Durante las primeras 20 semanas de la temporada (febrero-junio incluido) se jugarán 6 fechas entresemana de la Copa Argentina: desde los 32vos de final hasta la final (los cuartos, las semis y la final se jugarían ya dentro del parate de invierno). Otras 14 semanas serían necesarias para tener cubiertos los partidos por Copa Libertadores hasta la final. El total (que sólo se daría si llegasen equipos argentinos hasta finales de la Libertadores) resulta en 16 fines de semana con fútbol más 20 semanas con partidos entresemana (el calendario de la segunda mitad de año sería un poco más relajado, ya que la Sudamericana se compone de menos partidos y durante ese período se jugaría la etapa clasificatoria de la Copa Argentina, de la cual no participarían los equipos de Primera). Un festín de fútbol que bien puede venderse a la televisión por buenos dividendos.
Después de todo, gran parte de este lío comenzó con el cambio de dueño del fútbol (de TyC al Estado), lo cual permitió aumentar el ingreso a 600 millones. Aunque no se han conocido cifras, el proyecto de los 40 equipos hubiese significado un aumento a esa cifra de más del doble (sólo el doble hubiese significado el mismo dinero para cada equipo, ya que la cantidad de equipos se hubiese doblado). Los ingresos de TV, en estas épocas de vacas flacas en el Viejo Mundo, son el ingreso más consistente de los clubes. Potencialmente, pueden conseguir mayores ingresos a través de ventas, pero siempre depende del material que haya, material que debido a la falta de inversión en el fútbol base empeora rápidamente. Las urgencias económicas, además, provocan la necesidad de deshacerse rápidamente de los cracks, y por ende su valor de venta, con menos experiencia, es menor.
Hoy por hoy el dinero de la televisión esclaviza a los equipos, los ata a Grondona y a las ideas del Gobierno. El producto, sin embargo, tiene como comercializarse si tenemos en cuenta el coctel recién descripto de partidos sin respiro. Y el dinero debe dejar de utilizarse para emparchar errores y salvar eternamente a los clubes de su propia codicia: los clubes no pueden gastar más de lo que reciben, aún si ello significa no pelear campeonatos. La activación del Tribunal de Cuentas fantasma es, a esta altura, una necesidad crucial para reformular el fútbol.
Debe irse más allá, de todos modos, que el mero control: como política de estado, AFA debe ordenar que un porcentaje del dinero que le da a los clubes en concepto de derechos de televisación sea destinado al fútbol de base. El porcentaje debería ser significativo (pensamos en 50%) y en la medida que el club esté endeudado, también un porcentaje debería ir obligatoriamente hacia el saldo de esa deuda (30%). El dinero del que dispondrían libremente se vería limitado y se obligaría así a los dirigentes a pensar en qué invertir, escapándole al despilfarro de préstamos y compras absurdas. De a poco, los clubes intentarían cada vez más ser dueños de sus jugadores para no tener que gastar año tras año el poco presupuesto en contratar medio equipo. Disminuiría esta medida, además, la influencia en el fútbol argentino de los representantes, siempre dispuestos a hacer este tipo de negocios supuestamente en ayuda de los clubes (pero en realidad, enriqueciéndolos a ellos y empobreciendo el patrimonio de los clubes). Para completar esta serie de medidas que fomenten el largo plazo y el fútbol juvenil, se obligaría a los clubes a contratar personal idóneo para los cargos de formación, por lo cual habría que implementar también un órgano evaluador de formadores, que entreguen el título habilitante. También se restringiría a 25 el número de jugadores profesionales, con la salvedad de que se podrían incluir la cantidad deseada de jugadores con primer contrato en la lista de jugadores habilitados, disminuyendo el lugar para incorporaciones (que por la desesperación de ganar de hinchas y medios, la impericia de dirigentes y la codicia de representantes se ha acrecentado hasta la inutilidad de la incorporación que no juega ni un minuto) y ampliando el espacio para que los juveniles toquen primera. El jugador con primer contrato no podrá ser vendido al exterior, evitando el éxodo temprano, valorizando a los jugadores dándoles una formación más coherente y más experiencia antes de encarar la aventura europea y, además, obligando a una buena planificación financiera que no dependa de las ventas salvadoras, sobre todo si hoy en día las ventas son salvadoras en tanto y en cuanto sirven no sólo para pagar los enormes sueldos adeudados, sino también para incorporar decenas de jugadores a préstamo para cubrir el éxodo masivo de los jugadores cuyo préstamo acaba de vencer. En cuanto a los sueldos que se adeudan, quizás sea importante establecer topes salariales para evitar que se contraten jugadores con promesas de sueldos impagables y a la vez se hipoteque de ese modo el club, que en definitiva es de los socios.
A medida que su patrimonio, los jugadores propios, aumentase, aumentaría también la posibilidad de generar dinero propio a través de ventas: el dinero generado en concepto de ventas, y también recaudación, publicidad, etc., podría utilizarlo cada club según le pareciera, como es lógico. Los clubes son incentivados así abandonar por sí mismos la dependencia del dinero de la TV y el dinero de Europa, y encontrar modos alternativos para generar ganancias.
Adentrándonos en el espinoso tema del dinero, nos chocamos necesariamente con el tema de la federalización, que no es sino el de la igualdad. Porque la verdadera federalización, claro está, es primordialmente económica: sin una repartición equitativa del principal ingreso de los clubes (la TV) no puede haber igualdad entre ellos. Hoy por hoy, el reparto pretende perpetuar y expandir la brecha entre los clubes capitalinos, que reciben sin importar el mérito deportivo gran parte de la torta, y los clubes del interior. Sólo se ha achicado (y notablemente) el abismo, por el inescrupuloso manejo menemista de los dirigentes de los clubes denominados grandes, y suceda lo que suceda, estos clubes siempre son en definitiva curados por AFA, que los necesita para vender su producto, perpetuando un tipo de conducta nociva e injusta para quienes hacen bien las cosas. Se trata de clubes que vacían con sus conductas el espectáculo, y sin embargo son beneficiados por el dinero del espectáculo.
El reparto del dinero debe ser, está claro, igual para todos. Los clubes de capital deberían comportarse dignamente y en lugar de aprovechar su lugar de poder (al ser los más solicitados por los sponsors y la TV) para su propio beneficio, utilizar ese poder para abogar en favor de la igualdad. Una conducta gremialista que, sabemos, no llevan en el alma. Por ende, si bien la medida de todas maneras disgustará a los tradicionales grandes, se repartirán premios según la convocatoria a los estadios y los puntos de rating de los equipos (entre aquellos que tengan los balances en blanco): premios, en definitiva, a los que atraigan más dinero en concepto de publicidad/televisación. Se trata de medidas que a la larga beneficiarán a los capitalinos, pero al menos son índices racionales, y no mitológicos como el actual. Por supuesto, el mayor premio irá para el campeón y los clasificados a las copas, es decir, para los logros deportivos.
En cuanto a las distancias geográficas que generan a menudo que los equipos del interior deban desplazarse constantemente, es lógico que el presupuesto de AFA incluya el pago de todo viaje, para que la distancia no sea ya motivo de desigualdad. También la reserva debe ser beneficiaria de financiación para su traslado: son muchos los equipos que no se presentan por cuestiones económicas, y eso, a largo plazo, genera que los jóvenes de los clubes del interior no hayan tenido un roce futbolístico de la misma jerarquía que sus pares de capital. Por otro lado es hora de rejerarquizar el torneo más importante del fútbol base (incluso los partidos debieran volver a disputarse antes de los cotejos de Primera).
Afrontar el gasto de trasladar a los equipos puede significar una merma importante en el presupuesto. Quizás sea hora de que AFA invierta en transporte, para abaratar los costos de viáticos mediante vehículos propios que puedan, durante la semana, ser utilizados para trasladar al ciudadano común y generar allí ingresos para costear el traslado de los equipos. Esto, si el deseo de AFA es facilitar la federalización del fútbol.

PARTE 2: Federalización
La igualdad económica a priori entre los clubes significaría un paso adelante en torno al tema de federalizar el fútbol. Pero años de repartos desiguales (y en definitiva, un país unitario donde los medios nacionales son los medios capitalinos, por ende, los equipos nacionales son también los capitalinos) han determinado un mapa donde predomina la presencia de los equipos de la provincia de Buenos Aires sobre el resto. Un mapa que a fuerza de coherencia se ha modificado (hoy participan 8 equipos del interior en el torneo de Primera) pero que, sin embargo, aún no consigue ser equilibrado: los equipos del interior son, en su mayoría, equipos que pelearán por no descender. El poder sigue estando en capital, en la medida en que permanecen las viejas facilidades económicas (reciben más dinero de la tevé, monopolizan el espacio en los medios, lo que implica un mayor ingreso por publicidad, e incluso soportan un menor traslado, debido al mapa centralizado).
La Copa Argentina se presentaba como un torneo federal digno. Podría discutirse, del proyecto presentado, la utilización de sedes designadas por AFA para los cruces desde 32vos, ya que pareciera más atractivo, al modo de la FA Cup, sortear las localías de los cruces y si le toca a Boca ir a Catamarca a un estadio de madera, así se hará. Tiene su atractivo para los clubes del interior y justamente promueve el conocimiento del resto del país. Las sedes oficiales suelen ser siempre los mismos centros urbanos, capitales de provincias, y seguramente la final será en capital. No parece demasiado “federal”. Tampoco parece federal que el cupo de B Metro sea mayor que el de los torneos Argentinos. Lo mismo sucede con la distribución equitativa de los equipos de primera, ordenados en la llave de modo tal que se evitan sus cruces hasta más adelante: dado que ya corren con ventaja al ingresar en las fases finales, no parece necesario generar un esquema destinado a excluir a los equipos de otras divisionales de las finales, para que éstas tengan atractivo. Parecería más justo continuar mediante el sorteo de la llave, algo que siempre trae interés por lo azaroso de los cruces. No parece necesaria tanta protección a los equipos de Primera, sobre todo tratándose de una competición de orden secundario.
Allí se presenta la arista más discutible, en definitiva, del proyecto Copa Argentina: al ser de orden secundario no se trata de una federalización real del fútbol, sino de una pantalla políticamente correcta que no cambia el orden de las cosas. El fútbol seguirá pasando por otro lado, lejos del simpático torneo federal. Por supuesto, podría emparcharse para otorgársele cierta importancia: repartir cupos para las copas resulta una opción. Según el esquema que venimos presentando, podrían repartirse un cupo para la Copa Libertadores (para el ganador) y dos cupos para la Copa Sudamericana (segundo y tercero), algo que le daría a los cruces de semifinales y al tercer y cuarto puesto una emotividad agregada. También podría determinarse a la Copa Sudamericana como de segundo orden directamente, y repartir tres cupos para la Copa Libertadores: esta inversión del estatus (el campeonato de Primera repartiría solamente dos) signficaría una verdadera medida antiunitaria, dándole mayor relevancia internacional a la copa federal que al torneo tradicionalmente dominado por la capital federal.
Sin embargo, se trataría de parches meramente. Un torneo verdaderamente federal implicaría la ruptura de todo el aparato actual de competencia, como también, como hemos especificado, de las desigualdades económicas. El modelo más simple, y por ende el más justo por entrañar menos recovecos que desnaturalizan la competición y dan chances injustas desde la estructura, no es el de la Copa Argentina, sino el utilizado en el Torneo Argentino, similar al utilizado en el torneo nacional de rugby y en las competencias escolares en Japón: como el país oriental es largo y los chicos no pueden andar moviéndose por todo el país para competir por tiempos escolares y economía, el torneo se divide en zonas geográficas que determinan los participantes de una etapa nacional final, disputada en una sede a lo largo de un mes. El Torneo Nacional debería dividirse sencillamente en 4 zonas geográficas donde jueguen 20 equipos (determinados en principio según su posición y categoría en las ligas actuales), todos contra todos, pasando los 4 mejores de cada zona. Si bien se piensa y se suele argumentar que hay plazas más fuertes, y por ende, zonas más competitivas y atractivas (y peligrosas) que otras (la que incluya capital federal, por ejemplo), la actualidad deportiva niega que esta diferencia sea tan determinante e, incluso, pone en duda el estatus de estos equipos, inflados siempre por los medios “nacionales” (capitalinos) que apelan a su lectorado “nacional” (capitalino). Habría que ver cuanta competencia imponen los equipos ordenados del interior ante un desgaste menor por los viajes y la igualdad económica de base propuesta. Los 16 equipos seleccionados jugarían, ida y vuelta, por eliminación directa, en un torneo de un mes de duración en una sede a elección, que implicaría evitar largos traslados y pondría a todos los clubes en igualdad de condiciones en ese aspecto. El torneo repartiría todos los cupos para torneos internacionales, y sería el principal torneo.
Por supuesto, este torneo llevaría un tiempo relativamente corto para disputarse (6 meses, a razón de cuatro partidos por mes sumados al mes de las finales), y por ende sería económicamente inviable para los equipos que necesitan competir para subsistir. El resto del año podría disputarse un torneo zonal sin otro objetivo que clasificar a los equipos al Torneo Nacional o a una segunda categoría zonal. De poco interés, claro está, significaría pérdidas económicas y el riesgo de que suceda lo que sucede con el rugby, donde el torneo de la URBA, por la jerarquía tradicional de quienes participan, es de mayor envergadura que el Nacional. Contra un país que es unitario, nada puede hacerse en el fondo para lograr una federalización verdadera, porque las estructuras profundas lo impiden. Una posible y parcial solución, sin embargo, sería llevar a cabo dos torneos nacionales por año, apretando un poco los calendarios. Cada torneo entregaría dos cupos para la Libertadores; los cupos a la Sudamericana podrían decidirse a través de una ronda de perdedores desde 16vos de final. Paralelamente, se jugaría la Copa Argentina, que entregaría un cupo final para cada competición (ganador y finalista), aunque habría que rever si es de utilidad la realización de la Copa Argentina de implementarse un torneo nacional.

CONCLUSION
Se ha utilizado demasiado a la ligera el término “federalización”, tanto de parte del grondonismo como de parte de la oposición, encabezada por Vila, que pretende hacernos creer que con una modificación superficial se puede cambiar una historia profunda de desigualdades, tanto en el fútbol como en la sociedad.Ambos presentaron su modificación federalizante con el sólo objetivo de conseguir apoyo popular para sus objetivos (AFA necesita plata y Vila quiere el sillón). Al hacerlo por los motivos incorrectos, suelen tomarse decisiones incorrectas: sencillamente una ampliación del cupo de equipos no significa en absoluto una inclusión mayor, sobre todo cuando el porcentaje de equipos del interior permanece practicamente igual hoy con 20 equipos que ante un eventual torneo de 40 (alrededor del 50%). Para colmo, las prácticas que desigualan no fueron atacadas por el proyecto de reformulación del fútbol, dado que se trata de prácticas que favorecen a equipos tradicionales y poderosos. De hecho, más allá del beneficio que significaba un ascenso por decreto para River (que de todos modos ascenderá en el corto plazo), otras medidas dentro de la estructura del torneo también resultaban perpetuadoras de este gobierno de los poderosos y de la tiranía del dinero: por ejemplo, el rumoreado sistema de cabezas de serie, que evitaba eliminaciones entre capitalinos, y su posterior modificación a dos zonas que separasen a los rivales clásicos en zonas opuestas, nuevamente con la esperanza de que, al no eliminarse entre sí, la zona final fuera disputada entre los equipos tradicionales, sin intrusión federal. Una competición sólo es justa cuando es sencilla y transparente. A mayor complejidad, a mayor arbitrariedad en las decisiones, mayor injusticia: la elección de cabezas de serie o la separación a dedo de las zonas se realiza a través de criterios folclóricos y mitológicos -por su conveniencia económica, además, nuevamente demostrando la dependencia y la necesidad que evitan la correcta realización de las cosas-, que, al no se trata de un criterio racional, ponen en evidencia lo arbitrario de tal decisión pretendidamente “natural”. ¿Por qué evitar cruces entre capitalinos sino para favorecerlos? La estructura debe estar gobernada mediante un criterio racional e igualitario, con la menor  interferencia posible de arbitrariedades y prejuicios humanos.